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El cinismo en el 'procés'

José Antonio Sorolla
6 min

La Real Academia Española define el cinismo, en su primera acepción, como la “desvergüenza en el mentir”. En el proceso soberanista hacia la independencia de Cataluña, repleto de mentiras, hay también, pues, mucho cinismo y muchos cínicos, algunos, desde luego, más que otros.

El campeón de los cínicos no es otro que Oriol Junqueras, aunque algunos prefieren llamarlo hábil. Carles Puigdemont será un suicida, que se quiere inmolar políticamente, pero no es un cínico, al menos no lo es tanto como su vicepresidente. Bastará un ejemplo para entenderlo. Cuando a Puigdemont se le pregunta sobre la suspensión de la ley del referéndum por el Tribunal Constitucional (TC), no tiene ningún problema en contestar que no la acatará, y de ahí que el boletín oficial de la Generalitat todavía no haya publicado la medida. En cambio, si se le pregunta a Junqueras, como sucedió el viernes en la SER, si acepta que la ley del referéndum está suspendida por el TC, responde que ningún tribunal estatal puede suspender leyes que se acogen al derecho internacional. Con lo cual, profiere dos mentiras en una sola frase: el Constitucional sí que puede suspender textos legales y la ley del referéndum no puede ampararse en el derecho internacional.

Otro ejemplo de cinismo es la carta que Puigdemont, Junqueras, Ada Colau y Carme Forcadell han enviado a Mariano Rajoy, con copia al Rey y al Financial Times. Está muy bien reclamar diálogo para resolver el encaje de Cataluña en España, un diálogo que, ciertamente, el presidente del Gobierno no ha practicado, pero en ningún momento se menciona en la carta que esa demanda se reitera cuando ya está en marcha la campaña electoral de un referéndum unilateral suspendido por el Constitucional y cuando el Parlament ya ha aprobado, menoscabando los derechos de la oposición, dos leyes que derogan la Constitución y el Estatut en Cataluña.

El campeón de los cínicos no es otro que Oriol Junqueras, aunque algunos prefieren llamarlo hábil. Carles Puigdemont será un suicida, que se quiere inmolar políticamente, pero no es un cínico

La carta está plagada, además, de medias verdades, como cuando dice que el Estado limita la libertad de expresión o impide actos públicos, un día después de que se celebrara en Tarragona, sin problema alguno, el mitin de apertura de la campaña. El único acto suspendido ha sido el que iba a celebrarse en un local del Ayuntamiento de Madrid para tratar sobre el derecho a decidir, pero esa decisión, totalmente rechazable, la tomó un juez con unas ideas determinadas y ha sido criticada hasta por medios contrarios al procés. Tampoco parece que usar expresiones como que el Estado "ha iniciado una ofensiva de represión sin precedentes" o dar por hecha la detención del 75% de los alcaldes catalanes, cuando la mayoría irán a declarar y no serán detenidos, ayuden a crear un clima de diálogo.

Además de firmar la carta, las últimas actuaciones de la alcaldesa de Barcelona y de su partido, Catalunya en Comú, son también una muestra de cinismo, que otros llaman ambigüedad. Colau anunció el jueves que había llegado a un pacto con Puigdemont para que los barceloneses pudieran votar en el referéndum ilegal. Esa decisión la tomó sin esperar al resultado de la consulta a los tan invocados militantes. Quizá porque ya sabía que el resultado iba a ser favorable a la participación en el referéndum. ¿Cómo no iba a serlo si la pegunta llevaba implícita la respuesta?

La pregunta --"¿Catalunya en Comú tiene que participar en la movilización del 1-O?"-- tenía trampa y es un puro ejercicio de cinismo porque se inquiere sobre algo que no es lo que se va a producir. Si la gente vota, será un referéndum, seguramente sin validez, pero un referéndum, no una movilización. Los comunes, cuyos principales dirigentes han asegurado que irán a votar, insisten además en que no considerarán el resultado vinculante. Primero, no son ellos quienes pueden decidir si es o no vinculante. Segundo, si no es vinculante, ¿para qué votan?

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¿Quién es... José Antonio Sorolla?
José Antonio Sorolla

Periodista desde 1974. Ha sido redactor jefe de El País, director adjunto de El Periódico de Catalunya y corresponsal de ambos diarios en París.