El orfanato

Pedro Vega
23.06.2019
7 min

Ya tenemos ayuntamientos; ahora falta tener Gobierno. Superado el solsticio de verano, habrá que ver cómo influye la canícula estival en las mentes preclaras llamadas a decidir, en principio, por el futuro de cuatro años. En los últimos días parece que asistiésemos a una clase magistral de ciencia política sobre el modelo de gobierno: cooperativo, de coalición, compartido, progresista, alternativo, proporcional… hasta cruzado, cual si fuera cosa de pura lencería. Como estará la cosa que la vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo, ha apelado a la “cordura democrática”. Si seguimos así, acabaremos a no mucho tardar en el gobierno ocurrente. Y en Cataluña ha aparecido en el entorno JxCat un Construyendo Presente que llama a huir del “pensamiento mágico” sobre la independencia. A ver si llegan las vacaciones…

Se anuncia una ola de calor que no hace presagiar nada bueno. Ayer mismo, medio centenar de personas de manifestaba en la madrileña Puerta del Sol, y bajo un sol de justicia, pidiendo la libertad de los políticos presos y clamando por el derecho a decidir. Por cierto, al frente de ellos: Jaime Pastor, el veterano líder trotskista, inasequible al desaliente y ahora militante de Podemos; tal vez será por eso de agudizar las contradicciones internas del capital. Moral no falta a la peña. A los independentistas les ha entrado una pulsión viajera que sería bien recibida si pensásemos que ello permitirá descubrir nuevos horizontes y contemplar otras culturas. Para el 2 de julio está prevista una concentración en Estrasburgo, a novecientos kilómetros de Barcelona en línea recta. Al menos hay cien menos que a Waterloo. Y ello impulsado por la ANC y Omnium, verdaderas vanguardias del independentismo y monopolizadoras de una especie de privatización de la política al margen de los partidos.

A Waterloo peregrinó, por cierto, Artur Mas la semana pasada: cuatro horas con Puchi. Magnífico título para una novela. No sé qué pensaría Miguel Delibes, aunque le falte una hora para plagiar el título de su obra. ¡El AstutoRamón de España dixit- amenaza con volver! Cuentan las crónicas que el bombero pirómano quiere poner orden en lo que queda de la extinta CDC y tratar de que Carles Puigdemont le deje hacer las listas de los próximos comicios catalanes. Sin descartar que él mismo pueda presentarse como candidato a la presidencia de la Generalitat. Desconocemos si pretende hacer de Mesías para guiar a un solo pueblo o de flautista de Hamelin para arrastrar a los independentistas hacia no se sabe dónde. A lo mejor suena la flauta por casualidad. Confía en que su inhabilitación concluya el próximo 23 de febrero. ¡También que fecha! Suponiendo que el Tribunal de Cuentas no le amargue los planes. Tal vez por ello sugiere no precipitar la convocatoria de las elecciones de forma inminente tras la sentencia del Supremo. Ya se ha dicho alguna vez: serán cuando quiera Puigdemont, siempre dispuesto a arrojar una vez más a su antecesor a la papelera de la historia.

En el denodado esfuerzo por recoger los añicos de Convergencia Democrática que ahora pretende hacer también Artur Mas, parece que asistiésemos al empeño de crear un gran partido-orfanato. Como nombre para una nueva formación política, hasta quedaría bien. Y ya tiene película. Cuando a Juan Rulfo le preguntaron su opinión sobre El Capital contesto que no había leído el libro, pero le había gustado la película. Incluso podría someterse a votación de inscritos, afiliados, militantes, simpatizantes o aspirantes a lugar propio, siguiendo la moda de la democracia telemática, si prefieren orfanato u orfelinato, que es más afrancesado. Voluntades parece que no faltan para tratar de dar solución a ese nuevo mantra que es el de los huérfanos políticos en Cataluña. Tan intensa es la orfandad de muchos, como acelerada la percepción de su existencia. Pero en el caso de los nostálgicos de aquello que fue CiU y ya no es, parece que estuviésemos en presencia de jóvenes promesas del pasado que ya nada representan pero quisieran seguir estando en la pomada encaramados, tan a gusto, en el machito. Falta por ver antes si se abjura de un pasado reciente que ha sido nefasto y les condujo al precipicio. Subyace además la duda de si, más allá de la buena voluntad de algunos, se pretende reconstruir algo con JxCat, PDCat y Crida en un solo bloque dentro del independentismo o de formular una alternativa inspirada en un catalanismo constitucionalista. Sin duda, dos cosas bien distintas. ¿Habrá coraje para hacerlo? A ver quién se pone al frente.

Por si éramos pocos, acaba de formarse la Liga Democrática, en donde algunos quieren ver la larga mano de Manuel Valls al que, reducido a la mínima expresión municipal, le colocan ya incluso en el Gobierno. ¡Será por rumores! Si le añadimos Lliures, Units, Portes Obertes, Convergents y Sociedad Civil parece que se tratase de la suma de grupos minúsculos en busca de un líder. Como en la obra de Luigi Pirandello, “Seis personajes en busca de un autor”, en la que uno de ellos clamaba: “Creemos que es posible entendernos pero no nos entendemos nunca”. Lo que ilusorio es creer que se pueda construir algo nuevo con o sobre la herencia del pujolismo, que empezó a dibujar el proceso de nacionalización de Cataluña al comenzar los años ochenta, y con personas criadas en la cultura del “esto es nuestro”, es decir, de unos pocos con pedigrí.

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¿Quién es... Pedro Vega?
Pedro Vega

Santander; Aries, mientras los astrólogos no alteran las certezas zodiacales; cosmopolita residente en Barcelona tras pasar por Paris, Bucarest y Madrid. Colaborador de diversos medios informativos, es autor de libros como “Crónica del antifranquismo”. Dedicado desde hace tiempo a la consultoría de comunicación de grandes corporaciones empresariales.

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