Catástrofe turística

Gonzalo Baratech
4 min

El sector turístico-hotelero sigue en el fondo del pozo y anda muy lejos de recobrar una cierta normalidad. La temporada veraniega ha sido un espejismo, propio de desiertos africanos. El ramo salvó algunos muebles gracias a los viajeros nacionales, que en vez de embarcarse en un avión con destino a parajes exóticos optaron por el suelo patrio.

Pero los visitantes foráneos apenas aparecieron y no se espera que retornen en masa a España antes de la próxima Semana Santa, como muy pronto. A corto plazo, pues, parece que pintan bastos.

La campaña de otoño-invierno se presenta muy sombría. Quienes pensaron que la situación de este importante motor económico empezaba a estabilizarse, que abandonen toda esperanza.

El pasado mes de julio arribaron a España unos 4,3 millones de extranjeros. Son casi un 80% más que en el mismo mes de 2020. En aquel momento la pandemia campaba por todo el país. Pero el guarismo es una ilusión que se ha deshecho como un azucarillo. Porque significa menos de la mitad de las llegadas en julio de 2019, cuando cruzaron nuestras fronteras casi 10 millones.

Barcelona ha registrado en el periodo julio-agosto de este año unos 2 millones de pernoctaciones. No se aproximan siquiera al 50% de los 4,3 millones de 2019.

Para muestra de las desdichas, bastan unos pocos botones de muestra. Los tres gigantes del transporte aéreo Iberia, Vueling y Air Europa han planteado a sus respectivas plantillas sendos expedientes de regulación temporal que podrían afectar a 18.000 empleados.

El castañazo laboral del trío es tremendo y pone de manifiesto que el panorama turístico, los viajes de negocios y de congresos están a años luz de volver a los plácidos tiempos anteriores al estallido del coronavirus.

Iberia ha propuesto enviar a su casa de forma transitoria a 5.000 trabajadores, cifra equivalente a un tercio de su fuerza laboral. Vueling planea una medida idéntica, pero para el 100% de las 4.000 personas que tiene en nómina. Por su parte, el recorte más abultado es el que prevé la holding Globalia, perteneciente a la acaudalada familia Hidalgo. Si se perfecciona, impactaría sobre 9.000 empleados, el 60% de su plantilla. Además de Air Europa también afectará al resto de las empresas del grupo, entre ellas la cadena hotelera Be Live.

A todas ellas se podrían sumar Iberia Express, Ryanair y Norwegian, con otros dos millares de bajas.

Si algún indicador resume mucho mejor que otros las circunstancias es de los vuelos que se registran en Madrid-Barajas y Barcelona-El Prat. Se prevé que este año uno y otro operen la mitad que en 2019.

Los avatares citados revelan que a estas alturas del ejercicio, el negocio de “sol y playa” yace postrado y, como decimos en catalán, “el més calent és a l’aigüera”.

Si los pronósticos formulados estos días por las patronales y los gremios se cumplen, hasta dentro de medio año no se podrán saborear unas magnitudes cercanas a las existentes antes de la pandemia. Pero entre tanto, se habrán perdido dos años completos. Los empresarios y trabajadores se muestran resignados. Deben de dar crédito al dicho de que no hay mal que cien años dure y siempre cabe la esperanza de que un día u otro sobrevendrán tiempos mejores.

Artículos anteriores
¿Quién es... Gonzalo Baratech?
Gonzalo Baratech

Baratech forma parte de una estirpe periodística catalana de larga tradición. Licenciado en Administración de Empresas por la European University y máster en Social Media Branding & Digital Strategy por La Salle-Universidad Ramón Llull, es coautor del libro Mas-Colell, el ‘minessoto’ que fracasó en política, de reciente publicación. Ha colaborado en Economía Digital y con anterioridad en La Vanguardia Digital y el diario Avui.