Catalunya Ràdio se dedica a la construcción

Guillem Bota
30.08.2021
5 min

Cuando leí las declaraciones del director de Catalunya Ràdio, Saül Gordillo, afirmando que él y su emisora se dedicarían a la construcción, no pude menos que aplaudirlo. Y como yo, muchos de los que fueron sus oyentes en los ya lejanos tiempos en que dicha cadena radiofónica era eso, una cadena radiofónica.

--Ya era hora, ya que no sirven para hacer periodismo, que vayan a la obra a ganarse la vida --exclamaron al unísono miles de desencantados radioyentes--.

Duró poco nuestra alegría, sólo hasta acabar de leer la noticia. No es que Gordillo y todos sus colaboradores hubieran decidido dedicarse a encofrar, enyesar y poner tochos, tarea que, pese a no ser sencilla, a la que pusieran un mínimo interés se les adivina en ella un futuro más esplendoroso que en las ondas. No, resulta que no pretenden levantar un adosado o una vivienda oficial mientras lanzan piropos a las amas de casa, que sería lo suyo, sino que quieren llevar a cabo la “construcción nacional”. Y no sólo eso, sino que, en palabras del maestro de obras Gordillo, lo quieren adornar con “la vertebración de los espacios unidos por la lengua catalana”. Espacios unidos. Nótese que un país de espacios unidos le da sopas con ondas a unos estados unidos, no vayamos a comparar un estado con un espacio sideral.

No le arriendo la ganancia a la nación que quieren construir, sea la que sea. Si ponen tanta pericia en la construcción de esa nación como en su labor periodística, no van a ser capaces ni de poner el primer ladrillo. No es sólo que Catalunya Ràdio pierda oyentes a cada nuevo sondeo, al fin y al cabo uno puede perder oyentes porque el trabajo que hace es de calidad y apto solo para minorías. El problema de Catalunya Ràdio es que ha conseguido cuadrar el círculo: hacer cada día peor radio y a la vez ir perdiendo oyentes, cosa que --hay que reconocer-- a día de hoy no es tarea sencilla, cuando la mayoría de la gente está tan embrutecida que premia con elevadas audiencias cualquier bazofia que le pongan delante.

Catalunya Ràdio ni hace periodismo ni hace entretenimiento ni hace nada, salvo regalar espacios y sueldos a quienes deberían estar trabajando en la construcción, pero no en la nacional sino en la vertical, la de levantar paredes, dicho sea ello con el mayor respeto hacia los profesionales del gremio. Antes de embarcarse en construcciones nacionales que a nadie importan excepto a quienes viven de ello, deberían empezar por aprender a hacer mortero o, si ello excede a sus capacidades, ir a llenar el botijo a la fuente de la esquina, para que aplaquen su sed los albañiles experimentados. Estoy seguro de que Gordillo sería un gran llenador de botijos, ha demostrado con creces saber realizar con singular pleitesía cualquier encargo que sus superiores le manden, o tan solo le sugieran. Llenar el botijo para que quienes trabajan de verdad se refresquen el gaznate, es labor mucho más noble que ejercer de palanganero con el poder, que es a lo que se dedica Catalunya Ràdio desde hace años.

Lo bueno sería que los profesionales y colaboradores de Catalunya Ràdio se dedicaran a la construcción, pero no a la nacional sino a la literal. Y a su vez, que encofradores, paletas, carpinteros, yeseros y peones de obra se pasaran a las ondas. Probablemente la edificación sufriría un serio traspiés dada la proverbial necedad de sus nuevos trabajadores venidos de la radio, pero la calidad de la emisora nacional de Cataluña aumentaría notablemente con paletas al mando. Esperemos que sí, que pronto Saül Gordillo y sus adláteres se vean trabajando en la construcción. Por el bien de Cataluña y, sobre todo, por el bien de la radiofonía.

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¿Quién es... Guillem Bota?
Guillem Bota

Guillem Bota quiso ser siempre torero, pero haber nacido en un pueblecito de la provincia de Gerona (Fornells de la Selva, 1970) sin plaza de toros, le dificultó la vocación. No se rindió el maletilla, y embarcó en un carguero rumbo a América, con un hatillo y un viejo jersey de su madre que hacía las veces de capote, como único equipaje. Quiso la mala fortuna que el carguero atracara en Buenos Aires, ciudad en la que abundan las porteñas mas no los morlacos, con lo que desvió su atención de éstos a aquéllas, con desigual fortuna y algunas cogidas. A orillas del río de la Plata empezó a colaborar con distintos periódicos e incluso se atrevió con dos libros de relatos -le marcó conocer en persona a Roberto Fontanarrosa-­, siempre bajo seudónimo que ocultara a sus allegados el fracaso en la lidia. Regresó a su tierra más viejo pero más sabio y con cinco hijos allende los mares. Se instaló en el Ampurdán con la vana esperanza de que se le pegara algo de Josep Pla y de que no lo localizaran las madres de sus retoños.