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Cataluña en 'standby'

Pedro Vega
05.05.2019
6 min

Lo visto hasta el presente puede que no sea nada en comparación con lo que veamos tras la próxima cita electoral del día 26. Hasta entonces, es inimaginable pensar que vayamos a asistir a movimientos de alcance en cuanto a la formación de Gobierno. La verdadera tanda de acuerdos y cambalaches vendrá después de las elecciones municipales, autonómicas y europeas. Estamos en vísperas de un inmenso chalaneo, habrá pactos en todos los sitios y con mezclas de diversos colores. Menos en Cataluña, en donde lo previsible es que no se mueva un palo hasta pasadas las elecciones catalanas. Mientras tanto, nadie querrá incomodar a nadie, ninguno dará un paso en la búsqueda de alianzas de cierto alcance y se vivirá en un estado de estrabismo generalizado, mirando cada uno de reojo a sus vecinos, a la espera de lo que ocurra dentro de unos meses. Estaremos un periodo en standby, en modo de espera, con escasa o nula capacidad de intervención ya por parte de cada votante.

La nueva legislatura es la trece: número de mal agüero. Como tenemos derecho a la estabilidad, es mejor dejar un resquicio a la esperanza de poder abordar cuestiones pendientes de trascendencia y calado para los ciudadanos, además del papel de España en Europa y el modelo de Estado. Las Cortes se constituyen el próximo día 21 y, abiertas las consultas para proceder al nombramiento de Presidente del Gobierno, quedarán dos meses por delante, desde la primera sesión de investidura, antes de repetir elecciones. En ese tiempo, tendrán que constituirse también consistorios, diputaciones y gobiernos autonómicos. La nueva normalidad es la diversidad y será el momento de eso que a veces se llama la política con mayúsculas, del arte de lo posible y de la capacidad de gobernar, un oficio que es ajeno a la improvisación si se quiere prestar un servicio al interés general. El problema es que, al igual que en cada aficionado al fútbol hay un entrenador, estamos en una situación en la que ya hay más politólogos que políticos. Y hay también demasiados aspirantes a algo.

Se dijo de estas próximas elecciones que serían algo así como una segunda vuelta. La cercanía de las generales podría ayudar a que así sea y que el tirón de aquellas pueda influir decisivamente en estas. Habrá que esperar a ver si se impone la idea del voto dual o se mantienen las tendencias del pasado 28 de abril. La apuesta puede ser arriesgada. Las elecciones locales están más personalizadas por la cercanía al ciudadano y menos ideologizadas por la necesidad de entrar a problemas más concretos. Será difícil alcanzar el grado de participación pasado y esperemos que tampoco se llegue a su nivel de confrontación. Cada ciudad será una guerra sin cuartel. La de Madrid promete ser, sin duda, apasionante, entre otras cosas porque reúne autonómicas y municipales. Pero la gran batalla local será la de Barcelona, porque están en juego otros asuntos: la pelea dentro de la izquierda, el debate izquierda-derecha y la dialéctica unionismo-independentismo.

A nadie le gusta optar por votar a un perdedor. Y por más que se admita que el independentismo ha ganado las generales en escaños, gracias a una siempre denostada Ley Electoral pero que es la que hay, los números son bastante elocuentes. En votos absolutos suman el 39,38% del electorado entre ERC, JxCat y el Front Republicà. Los del 155 --es decir, PSC, Cs y PP-- obtienen unas décimas más: 39,61%, que sería 43,21 si se suma Vox. A los comunes hay que echarles de comer aparte: la indefinición complica situarles. Lo evidente es que ERC y PSC son los que han mejorado sustancialmente sus resultados, el PP está prácticamente ausente, Cs parece que hubiese optado por abandonar Cataluña y Manuel Valls ha tardado demasiado en incorporar la marca Ciudadanos a su candidatura, dejando huérfanos y desorientados a sus votantes a la alcaldía. Los comunes quedan de servicios auxiliares del nacionalismo, en expresión reciente de Javier Cercas; de hecho, pasarán de presentar 200 candidaturas a 150, de las que solo 60 son exclusivamente En Comú, 50 con Podemos y el resto con una patulea de coaligados y nombres de naturaleza local.

En definitiva, aunque siempre puede haber sorpresas, todo apunta a que la batalla de Barcelona, hoy por hoy, será entre PSC y ERC. ¿Y las encuestas? Según el número de veces que veamos a Pedro Sánchez por Barcelona para apoyar a Jaume Collboni, podremos intuir cómo se aventura el resultado. ¿Lo previsible? Que gobierne en solitario quien saque más votos, hasta pasadas las elecciones de Cataluña. ¿Las europeas? Por lo que a Cataluña respecta, el gran interés se centra en la partida Junqueras-Puigdemont, con las apuestas favorables al primero. En última instancia, siempre quedará el Barça como pal de paller.

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¿Quién es... Pedro Vega?
Pedro Vega

Santander; Aries, mientras los astrólogos no alteran las certezas zodiacales; cosmopolita residente en Barcelona tras pasar por Paris, Bucarest y Madrid. Colaborador de diversos medios informativos, es autor de libros como “Crónica del antifranquismo”. Dedicado desde hace tiempo a la consultoría de comunicación de grandes corporaciones empresariales.