Cataluña y el ecologismo fantástico

Manuel Gómez Acosta
7 min

El cambio climático es una realidad y la principal consecuencia de los incrementos de las emisiones de efecto invernadero. En las diferentes cumbres del clima celebradas desde la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992 hasta la COP26 del presente año en Glasgow, los países participantes se han planteado, con no demasiado éxito, la necesidad de buscar soluciones que frenen los efectos nocivos del incremento de las emisiones y que puedan revertir el proceso del calentamiento global.

En muchas ocasiones los gobiernos nacionales retrasan continuamente la toma de medidas concretas, fijando metas en el futuro que no les comprometen en el corto plazo. Ha llegado el momento de responder a dicho reto no solo desde la pasión en la defensa del hábitat, sino también desde el realismo inteligente impuesto por la ciencia y la tecnología.

Es cierto que si los gobiernos y las instituciones globales no toman las medidas adecuadas podríamos terminar alcanzando los límites biofísicos del planeta, el fin de la energía artificialmente barata, de la disponibilidad ilimitada de los recursos, de la globalización sin límite. Por ello deberíamos aprovechar la ocasión para construir un nuevo modelo económico capaz de crear nuevas oportunidades en el campo de la innovación y la inversión productiva generadora de empleo. Estamos hablando de la necesidad de desarrollar un modelo de crecimiento sostenible compartido y consensuado, frente a un modelo conservador como sería la apuesta por el decrecimiento. Difícil crear riqueza y generar empleo si se apuesta por el decrecimiento. Necesitamos crecer, pero hacerlo de forma diferente, responsable, eficiente y sostenible. Crecer distribuyendo la creación de riqueza de forma que se mejore la calidad de vida y el bienestar de los ciudadanos.

La apología del decrecimiento es una irresponsabilidad que una economía abierta no se puede permitir. Es necesario compatibilizar el crecimiento económico y la lucha contra el cambio climático a través de la reducción de emisiones. Las instituciones deben hacer compatible economía y ecología, apostando por incentivar políticas públicas que pongan el acento en la economía de la innovación y el conocimiento digital.

Es posible y necesario hacer compatible la economía con la ecología. Me permito recuperar algunas reflexiones de Sergio del Molino en su libro Contra la España vacía. En este libro el autor cita al filósofo Ramón del Castillo que advierte de los peligros de la ecología como una nueva religión: "La naturaleza ha sustituido a Dios, la ecología es el nuevo opio de las masas y reemplaza a la religión como fantasía en la que se proyectan terrores y esperanzas, la pesadilla de la destrucción del mundo a la vez que la fantasía de una redención". "El ecologismo convertido en una nueva religión y en el culto al buen salvaje, donde el debate se traslada a las regiones etéreas de la teología". Anunciando el terror milenarista del fin del mundo se crea una nueva secta, el ecologismo fantástico.

En la sorprendente Cataluña actual hay algunos elementos que parecen conectar con esta nueva religión impregnada de un cierto anarco-nihilismo. Existen en algunos partidos catalanes (ERC, CUP, comunes...) una corriente de radicalidad anarco-nihilista que apuesta por una cultura del decrecimiento claramente regresiva. Proponen modelos fuertemente ideologizados, lejos del pragmatismo de la gestión de lo cotidiano, que generan confrontación y dan protagonismo a los extremos.

Como respuesta a este anarco-nihilismo imperante deberíamos esforzarnos en sustituir algunos eslóganes por propuestas concretas. Debemos plantearnos cómo crecer y dónde crecer. Sería necesario rediseñar un nuevo modelo turístico que apueste por el turismo sostenible y responsable, potenciando su impacto cultural. El aeropuerto de Barcelona necesita reforzar su conexión directa con el mundo, su plan director debe basarse en el consenso que minimice el impacto medio ambiental de la ampliación. El Govern debe apostar por el desarrollo de la nueva economía basada en el conocimiento y por la fiscalización competitiva e inteligente. Destaca el tímido papel del Govern en el desarrollo de la transición hacia un nuevo modelo energético, Cataluña está en la cola del desarrollo en las energías renovables.

Sin duda nos puede servir dar una mirada a la Europa que responde al reto de la Agenda 2030 y del New Green Deal. Una Europa que busca desde la política de los encuentros y el diálogo, alejarse de los extremos que impiden llegar a los consensos que se necesitan. Buen ejemplo el alemán, gobernado desde la centralidad y el consenso, en la apuesta por reforzar la industria (la gigafactoría de Tesla en Berlín) superando las contradicciones entre economía y clima. Otros ejemplos europeos serían la ampliación del puerto de Róterdam, la ciudad de Paris apostando sin ambages por los JJOO de 2024 y diseñando la red de metro más ambiciosa de Europa, la colaboración público-privada en proyectos de inversión urbanística en ciudades como Milán, Lisboa...

Cataluña y Barcelona necesitan un modelo consensuado de desarrollo económico que permita el crecimiento sostenible, genere prosperidad compartida, apueste por el futuro y supere el ecologismo fantástico.

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¿Quién es... Manuel Gómez Acosta?
Manuel Gómez Acosta

Ingeniero industrial. Ha sido director de Relaciones Institucionales del Grupo Alstom en Cataluña (2004-2015) y vicepresidente del clúster ferroviario Railgrup (hasta octubre 2015). Anteriormente fue concejal en el Ayuntamiento de Barcelona por el PSUC (1982-1983), ingeniero industrial de la MTM (1974-1986), director de Cooperación Tecnológica Internacional de TMB (1986-1990), director general de TUBSA (1990-2001) e investigador y jefe de proyectos de estudios de infraestructura del IERMB (2001-2004).