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Aunque el sufijo -itis suele ser aplicado para indicar inflamaciones, también se utiliza si ésas van acompañadas de infecciones. La catalanitis es una afección derivada de un uso abusivo del catalanismo, pero no por una tumorización de éste. Los síntomas son bien conocidos y muy numerosos, entre los más destacados hallamos el odio a lo español, la persistente sustitución de España por Estado español, la asociación simplista entre intolerancia y España, el victimismo como expresión paranormal de la trayectoria de una imaginaria nación catalana, la afirmación indiscutida e indiscutible de la soberanía nacionalcatalana, la invención e imposición del catalán como lengua propia, la confusión entre republicanismo y republicanitis, etc. Y así hasta el delirio, curse o no con fiebres altas.

El tratamiento preventivo mediante la concesión de competencias ha sido absolutamente inútil para contrarrestar el avance de la infección desde la lejanía. Tampoco una intervención quirúrgica, invasiva o por laparoscopia, puede asegurar una recuperación rápida y definitiva. Cualquier incisión por minúscula que sea es considerada por el paciente afectado como un ataque a Catalunya. Las reacciones son imprevisibles porque a menudo cuentan con cómplices foráneos en las redes que agigantan hasta calificar como estocadas o cuchilladas esos imperceptibles cortes. Da igual que esa técnica se utilice para reducir la zona afectada o para explorar y diagnosticar la causa de la referida catalanitis. Todo es queja sobredimensionada y manipulada.

Aunque algunos diagnósticos hayan hablado de una etiología tumoral, creo que su expansión no se produce por metástasis sino por simple contagio, posiblemente por una inoculación microbiana. La transmisión más habitual se suele producir por una exposición larga y mantenida en el tiempo a medios catalanistas --sean visuales o escritos-- y a un sistema educativo ya contagiados. También hay casos que se podrían explicar por reacción alérgica a una españolitis --que también existe-- o simplemente por picadura de un organismo ya infectado.

La catalanitis afecta y de qué manera al cerebro, a la percepción, a la conciencia y al lenguaje, porque cuando los sentimientos catalanistas se transforman en alteraciones de tipo emocional aparecen los trastornos mentales

Todo apunta a que una intervención rápida y reducida sobre los agentes que manipulan esos gérmenes tiene éxito inmediato. Cuando los doctores mengeles son denunciados y detenidos, ingresen o no en prisión, la catalanitis se reduce notablemente aunque no llega a desaparecer. Hay otros mengeles que siguen actuando impunemente atacando la integridad mental y la libertad de la mayoría de los catalanes. Aunque parezca que la inflamación se ha reducido, hay que seguir actuando sobre la infección y, sobre todo, hay que contrarrestar las acciones y los experimentos de esos doctores, ideólogos totalitarios de esta bochornosa y ridícula República Virtual Catalana fundamentada en la Secta de la Única Nación.

Se necesita un tratamiento in situ más prolongado, en el que se impliquen no sólo políticos biennacidos sino también profesionales de la educación y de los medios libres de contagio alguno, es decir, que entiendan bien qué significa democracia, convivencia, respeto, libertad, Estado de derecho, que no manipulen a su antojo esos conceptos mientras vacunan con una sonrisa a los niños, a los adolescentes y a muchos ciudadanos adultos hasta anularles su capacidad crítica. La catalanitis afecta y de qué manera al cerebro, a la percepción, a la conciencia y al lenguaje, porque cuando los sentimientos catalanistas se transforman en alteraciones de tipo emocional aparecen los trastornos mentales. Quizás todavía se esté a tiempo de que el Poble no se vuelva loco. Aunque, como están reconociendo los mismos mengeles, sus mentiras y el mantra del mandato popular han hecho mucho daño.

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¿Quién es... Manuel Peña Díaz?
Manuel Peña Díaz

Historiador y profesor universitario, autor de Una Historia no oficial de Cataluña (2019).