El divino Óscar Tusquets tragó con Ferrovial

Manuel Trallero
5 min

Hemos reemprendido las sesiones tras el intervalo vacacional con la declaración de Óscar Tusquets, de riguroso casual, con calcetines color brote primaveral, cabellos en revoltillo como de recién salido de la cama y aspecto de haberse caído de un quinto piso la noche anterior, look artista total. Su socio Carles Díaz apareció con vestuario más remansado, muy puesto en su papel de hombre de números y cálculo. Antes de empezar ha cruzado toda la antesala en que esperábamos el inicio para ir a saludar afectuosamente a los encausados Millet y Montull. Tusquets ha permanecido recluido tras el biombo que protege a los testigos.

La verdad es que ambos arquitectos han conseguido ponerme el corazón en un puño y la lágrima a punto de caramelo ante el sufrimiento que les infligieron los malvados M&M al imponerles como empresa ejecutoria de su genialidad a la taimada Ferrovial, una compañía ante la cual tenían objeciones que comunicaron verbalmente al cliente. Partía el corazón ver a Tusquets lamentarse, al mismo que se proclamaba, cuando se dirigía a Millet, "como tu arquitecto de cabecera", quien le acompañaba solícito en las vistas con Aznar, de quien se dice que no restauró sino "que hizo su Palau de la Música" --olvidándose de poner más lavabos para los simples mortales y consiguiendo que no se oiga ni moco como bien señaló Zubin Mehta--, que era un conocido tiquismiquis recalcitrante en aquella Barcelona del Cobi, en la que formaba parte del olimpo de arquitectos divinos de la muerte, a quienes nadie les tosía sino que les bebían los vientos. No en vano escribió un libro titulado Dios lo ve. Un arquitecto trabajando para el ojo de Dios. ¿Quién se atrevería imponerle a él una constructora en la obra de su vida, cuando había codazos por tener una mesa a su lado en el restaurante? Una lucha entre titanes del ego, a cuál mayor.

Tusquets no dijo nada cuando Millet en rueda de prensa aseguró que las obras del Palau habían ascendido a 24 millones en lugar de los 9,5 que realmente costaron

Ese mismo Tusquets que, como miembro de la Fundación, conocía cómo Millet rendía cuentas: "Nadie preguntaba ni decía nada. En cierta ocasión, alguien se levantó y pregunto si podía detallar el capítulo de los gastos. Este respondió: '¿Acaso no te fías de mí? Ya te los enviaré por e-mail'. Eso fue todo". El mismo que no dijo nada cuando Millet en rueda de prensa aseguró que las obras habían ascendido a 24 millones en lugar de los 9,5 que realmente costaron. El primero, exactamente el primero (24-IX-2009), que alertó públicamente en TV3 de que "no todo el dinero que ha desaparecido ha ido a parar a manos de Millet, y esto lo temo con bastantes motivos de causa. A veces ha sido un intermediario". Hay que amarrarse los machos.

Díaz es muy práctico: pagaba el Palau. A veces pagaba, pero a veces tardaba un año. A veces cobraban dos veces --eso lo declaró el propio Díaz en la comisión del Parlamento catalán-- y devolvían a la Fundación lo que habían cobrado antes y que ahora recibían de Ferrovial. ¿Por qué cobraban de la Fundación y no del Consorcio? "Ni idea". Treinta años dan para mucho. Incluso para que, a preguntas de una abogada de la acusación del Consorcio --que ponía la misma cara que ET con su platillo volante llegando a la Tierra--, un miembro de los Mossos d'Esquadra que participó en el registro explicase que encontraron unas libretas con anotaciones como de pedidos tituladas Carta a los Reyes Magos.

Y hay quien todavía lee novelas.

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¿Quién es... Manuel Trallero?
Manuel Trallero

​Ex periodista y ex casi todo lo demás. Tengo una edad ímproba, ¡incluso me acuerdo de que Franco murió en la cama! Eché artículos en 'La Vanguardia' hasta que me cansé. Hice un libro junto con Josep Guixá sobre Carmen Broto y otro solito sobre el (mal) llamado 'caso Palau'. Ambos tuvieron un éxito descriptible. Preparo una biografía de Jordi Pujol. Me he dado de baja del fútbol y del gintonic. Me gusta Schubert, aunque empiezo el día con Bach, mi ídolo fue Cassius Clay. Leo libros de historia en la cama. No soporto los restaurantes, las novelas ni el cava. Jamás veo la televisión ni oigo a Jordi Basté en RAC1. Practico la siesta del carnero y el boxeo.  

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