La cara oculta del 'procés'

Joaquim Coll
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Las informaciones que esta semana ha ido publicando El Periódico de Catalunya, fruto de su colaboración con OCCRP (un consorcio internacional que reúne investigaciones sobre el crimen organizado y la corrupción) y Bellingcat (otra plataforma de investigación periodística que verifica hechos), son importantes porque certifican la trama rusa del procés, su cara más inquietante, sobre la que los independentistas deberían dar muchas explicaciones. Por lo menos tantas como ellos exigen sobre el supuesto caso de espionaje masivo del que dicen ser víctimas.

Poca broma con la trama rusa, escribí aquí mismo en 2020, y hoy me ratifico. Las investigaciones confirman que Carles Puigdemont se reunió la tarde del 26 de octubre de 2017 con un emisario del Kremlin, a quien han logrado ponerle nombre y apellidos: Nikolay Sadovnikov, un exdiplomático soviético y asesor del departamento del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, que fue activo hasta 2018, mientras otras fuentes sostienen que en 2016 y 2017 "tuvo un papel importante en la estrategia de la política exterior rusa en Europa".

Sadovnikov ejerció pues de emisario oficioso del gobierno de Vladimir Putin en un momento en que el envite secesionista en Cataluña suponía un foco de inestabilidad no solo para España sino para la Unión Europa. Fue presentado y acompañado en su cita con Puigdemont por Víctor Terradellas, hombre de confianza del entonces president. Hoy justamente declara ante el juez Joaquín Aguirre sobre las actividades de la entidad CatMon que dirigía, y sobre la supuesta oferta de ayuda rusa, tanto militar como económica, a cambio de que una Cataluña independiente se convirtiera en un paraíso fiscal de criptomonedas.

En un régimen corrupto como el ruso no se sabe dónde acaba lo oficioso y empieza lo oficial. Que Puigdemont diera largas a esa oferta del emisario ruso, y que tras la DUI de mentijirillas se largara a Bruselas, indica que no era un completo irresponsable. En realidad, no olvidemos que su deseo inicial era convocar elecciones, pero tanto los suyos como los de ERC no le dejaron.

No obstante, una vez que asume su nuevo papel de agitador internacional como “president en el exilio”, mantuvo abierto un canal de comunicación con Sadovnikov a través de Terradellas, contactos que llegaron hasta mayo de 2018, fecha en que este fue detenido en el marco de la operación Estrella, que judicialmente quedó en nada, y de la que derivó el caso Voloh, investigación también muy controvertida que sigue abierta.

Esta cuestión judicial también acabará en nada, pero las investigaciones periodísticas que hemos conocido son muy útiles porque permiten ir conociendo la historia del procés, su cara oculta. No nos podemos dejar confundir por su final bochornoso, humillante para los propios independentistas. Lo cierto es que en su afán por encontrar apoyos, los líderes del procés llamaron a todas las puertas.

También el nombre de Pere [Aragonès], entonces secretario de Economía del consejero Oriol Junqueras, aparece en un pen drive del número dos de la consejería, Josep Lluís Salvadó, como la persona encargada de negociar un crédito del Gobierno China por valor de 11.000 millones, una investigación de la Guardia Civil de la que Crónica Global se hizo eco en 2018. Aragonès mantuvo también otros contactos en búsqueda de apoyo económico con entidades públicas y privadas al más alto nivel, como con la Agencia del Tesoro de Irlanda.

Todo eso judicialmente no tiene recorrido, pero sería absurdo negar que los líderes separatistas planearon en cómo podrían aguantar económicamente un escenario de secesión unilateral, y trabajaron para ello. Llamaron la atención de muchas potencias, pero ninguna les dio apoyo para una ruptura a la brava, al margen del derecho internacional y fuera de la Unión Europa. Sin olvidar que España como potencia tampoco es cualquier cosa, aunque a veces nos parezca un país de pandereta.

A la Rusia de Putin el asunto catalán le interesó como foco de desestabilización, y si Puigdemont se hubiera encerrado en el Palau la tarde del 27 de octubre y arriado la bandera española, me temo que hubiéramos visto llegar armas y algunos mercenarios.

Por fortuna no ocurrió. Pero ese escenario no era algo inverosímil, sino que anduvo más cerca de lo que ahora nos puede parecer. De ahí el lamento de personas como Clara Ponsatí, que asumían la realidad de unos cuantos muertos para lograr la secesión. Todavía desconocemos la cara oculta del procés, la agenda secreta, pero sí sabemos que la trama rusa nunca fue una broma.

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¿Quién es... Joaquim Coll?
Joaquim Coll

Doctor en Historia contemporánea y especialista en el catalanismo y las políticas de los siglos XIX y XX. Ganó el Premio Ciudad de Barcelona Agustí Duran i Sanpere en 1998. Colaborador habitual en medios de comunicación.