Menú Buscar
El candidato de la CUP a la presidencia de la Generalitat, Carles Riera, durante la rueda de prensa que ha ofrecido en la sede de la Agencia Efe en Barcelona / EFE

¿Unilateralidad o bilateralidad?

El candidato de la CUP, Carles Riera, solo cree en la desobediencia ante el malísimo Estado español; una desobediencia a horas convenidas y previa cita

14.12.2017 21:00 h.
4 min

No es un trabalenguas ni una adivinanza. Es por lo visto una cuestión que nos quita el sueño cada noche a los catalanes. Lástima, porque el señor Riera de la CUP es educado, sonriente y de maneras elegantes. Tiene un discurso ordenado, preciso, sin ambigüedades —solo las imprescindibles en un político—, que correspondería a lo que parece ser un cerebro bien amueblado. Hace gala de una oratoria fluida y un rigor cartesiano que una vez superada ya la rasante de la campaña es muy de agradecer por las maltrechas neuronas de los plumillas asistentes al acto. Aparece para la rueda de prensa, luciendo un jersey modelo Marcelino Camacho, aquel líder histórico del PC y de Comisiones Obreras, que portaban los curas obreros del pozo del Tío Raimundo, pero tuneado hasta parecer de Armani.

Directo a la cabeza. Lo sucedido con el 155 ha sido un golpe de Estado. La pregunta es: ¿qué hacen unos chicos y chicas como ellos presentándose a unas elecciones ilegales? La razón es muy simple: “Nos quedamos solos”. Entonces les dio miedo la oscuridad y corrieron a refugiarse en el Parlamento catalán. Fuera hace mucho frío. Creer lo que se dice creer, por lo visto solo cree en la desobediencia, aunque es una desobediencia a horas convenidas y previa cita, como ir al dentista. Ellos van con su agenda política, como si fuera El libro gordo de Petete, y después se sentarán a negociar solo con los de la vía unilateral, nada de pantallas autonómicas ni otras zarandungas. Porque lo de “libertad, amnistía y Estatuto de Autonomía” es más viejo que las canciones de don Antonio Machín. La CUP, aunque cueste creerlo, ha negociado mucho, ha pactado y ha cedido según el interviniente.

El malísimo Estado español

El Estado español, of course, es malo malísimo, tiene cuernos y rabo. Es viejo de mentalidad y neofranquista; posee una lógica imperialista y es colonialista. Además, ha abierto una Causa General contra el independentismo. He creído incluso oler el azufre del infierno y percibir el calor de las calderas de Pedro Botero. A ellos lo que les va como apareamiento natural es “la masa crítica” de los comuns, los de 15M, los que hablaban de destituir el régimen del 78. Es su pareja de baile, con la que piensan que podrían llevar a cabo su política de mínimos que va desde una banca pública hasta la expropiación de los pisos vacíos. El cuento de la lechera pero en versión posmoderna.

¿Qué es primero, la República o la cuestión social? ¿El huevo o la gallina? O ¿los que querían hacer la revolución y ganar al mismo tiempo la guerra contra Franco? Nada, nada, la solución a tan intrincado dilema es multilateralidad. Ahora que había aprendido a decir penícuna, ahora le llama flim.