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La caída de los asesores políticos

José Antonio Bueno
5 min

La salida de Dominic Cummings del 10 de Down Street llevando en una caja de cartón sus pertenencias personales es un icono que deberíamos retener en la memoria, porque ni es el primer asesor áulico de un líder político que cae ni será el último.

Está cada vez más de moda fichar asesores por parte de los políticos. Muchas de estas contrataciones son simplemente una manera de recompensar lealtades, una triquiñuela para pagar un sueldo del erario público durante un tiempo a alguien cercano. Una corruptela del sistema de partidos que habría que revisar de manera integral cuando se acometa una restructuración en profundidad al sistema de financiación de partidos y sindicatos, allá por el año 2100, supongo, porque a nadie le amarga tener un rebaño de asesores cuando gestiona un presupuesto. Pero hay un selecto grupo de asesores profesionales, algunos incluso sin ideología definida, que tienen una influencia enorme en quien manda: Julio Feo con Felipe González, Miguel Ángel Rodríguez con Aznar y ahora con Ayuso, Pedro Arriola con Mariano Rajoy, David Madí con Artur Mas, Dominic Cummings con Boris Johnson, Roger Stone y Steve Bannon con Donald Trump, Iván Redondo con Sánchez,…

Todos estos asesores son, sin duda, grandes profesionales que crean sofisticadas estrategias para que sus jefes se luzcan y, sobre todo, se eternicen en el poder. Y como hacen muy bien su trabajo sus jefes confían más y más en ellos hasta el punto de que se ponen totalmente en sus manos, ignorando en muchas ocasiones lo que otras voces de sus partidos les dicen de buena fe. Esto provoca el endiosiamiento del asesor y el asilamiento del político, generando unas dinámicas de lo más perverso que no suelen acabar bien, ni para el asesor ni para el asesorado.

Dominic Cummings encumbró a Johnson al poder con una clara estrategia populista donde la verdad no era lo más importante para lo que no dudó en manipular tanto a los ciudadanos como al propio partido conservador. Pero cuando Johnson ha visto caer su popularidad por debajo del subsuelo ha dicho basta. No es nada personal, ya no le era útil.

El papel de los asesores profesionales es controvertido, especialmente cuando se sobreexponen. Arropan tanto a su cliente, el líder, que lo aíslan y le convierten en un ser tactista. En un partido hay diferentes sensibilidades y una interesante mezcla de personas con experiencia que ya han pasado por puestos de relevancia y aspirantes a todo. En los gobiernos de Zapatero y Sánchez hemos visto a altos cargos del felipismo compartiendo gabinete con treintañeros. Y esa mezcla es provechosa para quien manda. Pero cuando el líder se mueve por las encuestas hoy puede decir una cosa y mañana la contraria porque su horizonte es lo que opine la ciudadanía a la mañana siguiente.

La valía profesional de Iván Redondo es innegable, ha ayudado a llegar a lo más alto a varios líderes políticos y sin duda es el artífice de la resurrección de Sánchez, de su llegada al poder y de su consolidación. Es un asesor de libro que solo busca mantener elevada la valoración de su cliente. Pero Sánchez ha olvidado su deber de gobernar y usa un tactismo que comienza a irritar a la ciudadanía, a sus votantes y a varios líderes de su partido. La reconversión industrial de González o la subida de impuestos de Rajoy se hicieron por sentido de estado y no porque daban votos, más bien al contrario. Y eso es lo que se le debe pedir a un gobernante, gestionar y gobernar. El modo electoral permanente es nocivo.

Es verdad que cuando un partido está en el poder todo es tranquilidad, pero no es menos cierto que hay ciertas líneas rojas que encienden todas las alarmas. Las negociaciones con Bildu sin duda las encienden, nuestra sociedad reclama un arrepentimiento explícito para hacer un punto y aparte con lo que significa Bildu. La obsesión por mostrar un frente amplio en torno al gobierno y aspirar a liderar tripartitos en Cataluña y en El País Vasco no puede cegar tanto al secretario general de un partido. Necesitamos un Presidente que gobierne, no un candidato permanente.

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¿Quién es... José Antonio Bueno?
José Antonio Bueno

José Antonio Bueno es ingeniero de formación y consultor de profesión, conocedor de la realidad empresarial catalana, española y europea. Ha realizado proyectos en dos sectores fundamentalmente, automoción y servicios financieros, si bien su especialidad en la gestión de procesos de adquisición y compra de empresas le ha hecho conocer otras realidades empresariales. En verano de 2017 inició un nuevo proyecto empresarial con varios socios nacionales e internacionales, tratando de aunar su bagaje como consultor con el análisis avanzado de datos, dándole un nuevo enfoque a sus servicios coherente con la realidad digital que nos rodea.