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Buscando el norte

Graziella Moreno

por Graziella Moreno

06.05.2016
4 min

Lucio Anneo Séneca, (Córdoba, 4 a.C.; Roma, 65 d.C.), filósofo, escritor, orador y político, escribió que "viajar y cambiar de lugar revitaliza la mente". Coincido totalmente. Conocer otras culturas, formas de pensar y de vivir, revitaliza y enriquece, es una buena experiencia. Podemos preguntarnos si este concepto sigue vigente en la actualidad. ¿Viajamos para enriquecernos como personas?

Las cosas han cambiado, ya no nos conformamos con volver al pueblo de los abuelos para disfrutar del 'dolce far niente'

En los años cincuenta, el eslogan "Spain is different" prometía sol, playas, buena comida y precios bajos; ahora las cosas han cambiado. Ya no nos conformamos con volver al pueblo de los abuelos para disfrutar del dolce far niente, como dicen en Italia. Si en la década de los noventa se consideraba turismo de riesgo hacer puenting, rafting o paracaidismo, hoy nos suena a vulgaridad. Lo suyo es ir a zonas en las que haya conflictos armados: Afganistán, Somalia, Sudán, Corea del Norte y otros destinos de igual calibre, donde el objetivo va desde presenciar un combate en directo a tomarse un café con los piratas de Somalia.

Una agencia suiza es la encargada de gestionar este tipo de viajes. Tienen la ventaja de no salir demasiado caros, debe ser por aquello de la oferta y la demanda. Me pregunto si las compañías acceden a realizar un seguro de viaje en el que el cliente quede totalmente cubierto de riesgos; habrá que averiguarlo. Si lo que le va a uno es enfrentarse con animales peligrosos, hay inmersiones con cocodrilos, baños con tiburones o jugueteos con guepardos; y si queremos ver los efectos directos del calentamiento global, siempre podemos acudir a Warming Island, isla descubierta en 2005 al desaparecer la capa de hielo perpetuo que la unía a Groenlandia, y ver en directo cómo se funde.

Hoy lo suyo es ir a zonas en las que haya conflictos armados: Afganistán, Somalia, Sudán, Corea del Norte y otros destinos de igual calibre

Pero esto no es todo, hace treinta años del desastre de Chernóbil y los turistas viajan a la ciudad de Prypiat, a dos kilómetros de la central nuclear donde ocurrió el siniestro, para ver lo que queda en pie. Deben hacerse un test de radiación al entrar y otro al salir y tienen prohibido tocar ningún objeto. Se recomienda no acercarse a menos de treinta kilómetros para evitar la contaminación, pero está visto que la curiosidad morbosa no tiene límites. Sucede lo mismo en Fukushima y en lugares en los que ha habido catástrofes naturales como en Phuket (Tailandia) donde tras el tsunami se pueden comprar fotografías de cadáveres como recuerdo.

El 'turismo negro' supone ir a lugares tales como el sexto piso de la plaza Dealey de Dallas y ver el punto exacto donde el asesino de Kennedy disparó, el teatro Ford donde se atentó contra Abraham Lincoln y el llamado Dearly Departed Tour, o recorrido guiado por los diferentes lechos de muerte de los famosos. A ello debe unirse la clásica visita por las calles de Londres en las que actuó Jack el Destripador, el castillo de Vlad Tepes en Transilvania o a cárceles como Alcatraz.

Después de todo esto, tengo serias dudas de que el maestro Séneca se refiriera a este tipo de lugares cuando hablaba de viajar para revitalizar la mente. Será que hemos perdido el norte.

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