El virus y los reportajes

Ignacio Vidal-Folch
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Sin quererlo, la portavoz del Gobierno de la Generalitat, la señora Meritxell Budó, es una mina de información. Le preguntó este jueves la diputada socialista Beatriz Silva si el dinero con que se han financiado los reportajes de Mediapro que está emitiendo TV3% sobre el juicio del procés --cuyo sesgo propagandístico quedó bien claro en las conversaciones, felizmente filtradas, entre David Madí y Tatxo Benet— salen del fondo para luchar contra el Covid.

O sea, hablando con crudeza: la diputada socialista preguntaba si el equipo de Pere Aragonès está engordando las cuentas bancarias de Tatxo Benet y Jaume Roures, esos dos grandes idealistas, con la vida de los enfermos catalanes. Con acentos valleinclanescos se podría formular esa pregunta así:

--¿Cuántas vidas nos cuesta cada episodio de esa serie?

Pero la señora Silva no quiso dar por prematuramente confirmadas sus sospechas, así que la pregunta exacta que formuló (según la excelente información de María Jesús Cañizares, ayer en Crónica Global) fue esta:

--Es mucho dinero. ¿Se han comprado con fondos Covid?

Es una pregunta clara, sencilla y tremenda.

La señora Budó, que como portavoz del Govern está perfectamente informada de este asunto que es piedra de escándalo desde hace meses y que tiene lógicamente ofendido, humillado e indignado al sector del documental catalán, podía haber respondido:

–No, ese dinero no se ha desviado de los fondos de la lucha contra el Covid. Viene de…

Y explicarlo claramente. O bien podía haber respondido:

--Pues mire usted, señora Silva, la verdad es que no lo sé. Espero que no. Lamento no poder responder ahora a su pregunta, pero voy a preguntarle a los señores Sanchis, Madí, Aragonès, Benet, y a quien haga falta, de dónde ha salido ese dinero de los que hace unos meses TV3% no disponía, y en la próxima rueda de prensa responderé a su pregunta.

Quizá la hubiéramos creído. O por lo menos le hubiésemos dado el beneficio de la duda.

Pero no, en vez de eso la señora Budó respondió proclamando “la independencia, profesionalidad y pluralidad” de TV3%.

A esta portavoz gubernamental (o “portavoza”, como diría la ministra de Igualdad), que no nos la cambien. Vale cada euro que le pagamos los contribuyentes. Ya que al pronunciar con tanto aplomo e impostada indignación embustes tan clamorosos, revela siempre la verdad que pretende velar. Es como el asesino nervioso que, antes de que la policía lo llame a declarar por la muerte de Rodrigo Tortilla, se presenta en comisaría, con las manos tintas en sangre, gritando: “¡Yo no maté al señor Tortilla!... ¡Yo no he matado a nadie!... ¿Puede alguien darme un klínex?”

Porque hasta el procesista más fanático sabe que TV3% no es independiente, ni plural ni profesional, sino todo lo contrario. Todos, en Cataluña, sabemos que TV3%  es una fábrica de mentiras al servicio del Govern, o “una vergüenza nacional”, según la rigurosa definición de Ramón de España, a quien no le quedó más remedio que escribirlo así a pesar del aprecio personal o la curiosa debilidad que siente por el director de la cadena, el señor Sanchis.

Al faltar a la verdad Budó de forma tan manifiesta, crasa e indiscutible, no solo se retrata a ella y a sus compinches sino que da pie a que todos deduzcamos que la sospecha formulada por la diputada socialista es acertada y que esos documentales goebbelsianos de Benet/Roures se han pagado con fondos Covid, y cuestan vidas.

Esto, en caso de confirmarse, sería un asunto criminal muy grave, propio de Harry Lime, el traficante de penicilina adulterada en la Viena de postguerra de El tercer hombre.

Claro que es posible que no tengan culpa directa los señores de Mediapro, y en tal caso seguro que estarían encantados de que la justicia tomase cartas en el asunto y abriese una investigación.  

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¿Quién es... Ignacio Vidal-Folch?
Ignacio Vidal-Folch

Por desgracia nací huérfano, ya que mis padres fueron aplastados por un aerolito un par de años antes de que yo naciese. Esta tragedia me obligó a formarme como autodidacta. De joven lavé platos en el Soho, fuí maquinista en un ballenero, croupier en un casino, músico callejero en la estación Sebastopol del metro de París, y dí tres veces la vuelta al mundo como inspector de hoteles para la cadena Savoy. Enriquecido por tantas experiencias volví a Barcelona, donde he publicado varias novelas y libros de relatos y colaboro con el diario El País y las revistas Tiempo, Jot Down y otras.