Retrato de un político adolescente

Manuel Peña Díaz bw
4 min

Los adolescentes son niños grandes que creen ser adultos, sin asumir que, en el mejor de los casos, son jóvenes. Sus actos y comentarios delatan una preocupante inmadurez que, a menudo, deviene en antojos, palabras gruesas y reiterativas, sentencias binarias y adanistas, violencia contenida u odio compulsivo hacia el progenitor, además de muchos otros gestos tan transitorios como sorprendentes. Es cierto que entre los políticos actuales prolifera el mediocre; sin embargo, no se presta la debida atención a aquellos que, a la primera de cambio, manifiestan actitudes propias de adolescentes.

Se ha subrayado, quizás en exceso, que el fracaso electoral de Albert Rivera fue una consecuencia directa de su comportamiento de adolescente caprichoso ante la oportunidad excepcional que tuvo para formar un gobierno estable de centro-izquierda. De ser cierta esa apreciación, estaríamos asumiendo que la mayoría de los votantes suelen ser maduros y penalizan esas decisiones infantiles y egoístas. Cabrá esperar que, en próximas elecciones, los 'indepes' y sus colegas podemitas recibirán mucho menos apoyo del que obtuvieron en las anteriores convocatorias. Sus tuits apoyando las protestas “antifascistas”, sus declaraciones relacionando directamente la extrema violencia con la difícil situación laboral de la mayoría de los jóvenes, sus obsesiones conspiranoicas respecto al Rey, la prensa, el Ibex35 y el poder judicial son comentarios propios de adolescentes con argumentos simplistas, pero con la firme convicción de tener la única razón posible. Entre estos políticos domina el esquema mental binario, similar al de los ultranacionalistas de Vox. O blanco o negro.

En los últimos meses, el podemismo está difundiendo la idea, cada vez más extendida, que el fracaso de la unilateralidad procesista y el consiguiente conflicto que ha generado es el resultado de la ingenuidad de sus líderes, que no han sabido calcular cuál era el momento adecuado para dar el salto definitivo hacia la independencia. Según esta interpretación, no ha habido mala praxis o intención, sino un error de cálculo democrático que es perfectamente corregible con el indulto de los políticos presos y la vuelta al diálogo. Esa justificación buenista no es acertada si olvidamos que los nacionalismos centralistas o periféricos tienen un componente fundamental de permanente exigencia tribal e insolidaria. El comportamiento de los líderes procesistas ha sido un chantaje en toda regla, característico del político adolescente caprichoso (o conmigo o contra mí) generador de pandillas de acosadores que imponen la ley de patio de colegio y encumbran consignas propias de asambleas de instituto hasta convertirlas en dogmas y leyes excluyentes.

El deterioro de la política en España está muy relacionado con la proliferación, cada vez más extendida, de actitudes y comentarios adolescentes que se declaman, sin sonrojo alguno, desde el atril del hemiciclo del Congreso o de los parlamentos autonómicos. Es de esperar que, en algún momento, los presidentes de las cámaras intervengan para amonestar tanto infantilismo entre sus adolescentes señorías, y que lo hagan recordando a Gregorio Peces-Barba cuando llamó al orden a aquellos diputados que no paraban de quejarse por la prohibición de fumar: “Les ruego que mantengan silencio en el aula”.

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¿Quién es... Manuel Peña Díaz?
Manuel Peña pila

Historiador y profesor universitario, autor de Una Historia no oficial de Cataluña (2019), Historias cotidianas (2019) y Andalucía: Pasado y presente (2020).