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Barcelona en peligro

Valentí Puig
07.03.2021
5 min

Como todas las grandes ciudades, más allá de la antigüedad clásica, Barcelona es lo que es gracias a la capacidad generativa del capitalismo. Es decir, del sistema, conflictos sociales incluidos. Y sus momentos más trágicos –atentados y revueltas- fueron generalmente consecuencia directa o indirecta de la voluntad de destruir el sistema. Ese fantasma vuelve a recorrer las noches de Barcelona. Pero lo más sorprendente es como las instituciones –unas municipales, otras autonómicas- una y otra vez se han negado a encarar ese fantasma.

En Barcelona, hace más de 20 años que los anarquistas italianos acamparon en el barrio de Gràcia, con sus manuales de guerrilla urbana. Pero, quién sabe si por hipocresía o por pasividad temerosa, ahora es como si todo el conglomerado antisistema de inspiración anarquista haya surgido de repente.

En julio de 2001, en la manifestación por el paseo de Gràcia contra el encuentro del Banco Mundial en Barcelona ya no hizo falta ensayar nada. El helicóptero de la policía que sobrevolaba la ciudad captó de forma precisa la coordinación de los manifestantes, su conexión y modos de acceso, dispuestos a ejercer la violencia con movimientos estratégicos. En aquellas ocasiones, desde los incidentes en la Universitat Autònoma a la “desokupación” del Cine Princesa, de los ataques a la policía al destrozo de cajeros automáticos, le correspondió controlar la situación a la delegada del Gobierno, excepcional servidora pública, Julia García Valdecasas, con escasísima colaboración del ayuntamiento o la Generalitat. Tal vez haya quien quiera olvidar que en aquellos días fue cuando ETA atentaba más en Cataluña. En la Delegación de Gobierno, Julia García Valdecasas, con las filmaciones desde el aire y testimonios sobre el terreno pudo mostrar hasta qué punto existía un método sistemático de violencia, desde la forma de torcer semáforos o farolas hasta la intercomunicación de los distintos frentes y la huida por las bocas de metro. La evidencia era muy inquietante. Incidentalmente, la delegada del Gobierno invitó a representantes de los grupos del Parlament para que vieran las imágenes. Uno de los diputados que explicitaron su repudio a aquella violencia al cabo de unos días aparecía en una de las manifestaciones incitando al desorden.

No está de más recordar aquellas jornadas convulsas en estos días para darse cuenta de que a menudo ejercer la autoridad legítima en Barcelona es quedarse solo frente al caos. A lo sumo, JxCat se acerca a la cárcel a visitar al rapero Hasél o se pide una revisión del modelo policial, que viene a ser un apaciguamiento que da más impunidad a los violentos y desguarnece a los Mossos d’Esquadra. En plena pandemia, sin vuelos y con confinamientos, Barcelona se globaliza con un efecto llamada a todos los antisistema de Europa. En 2001, la reunión del Banco Mundial fue cancelada y por eso los grupos antisistema se fueron a Génova a manifestarse con actos contra la cumbre del G-8. Allí hubo actos de violencia premeditada.

En estos momentos, es atroz la hipótesis de que grupos adiestrados en el terrorismo urbano, como Arran, puedan ser moneda de cambio de la CUP a la hora de ejercer presión en los contactos oscuros para formar un nuevo ejecutivo autonómico. No es un desvarío apocalíptico sospechar que independentistas radicales y grupos antisistema formen la coalición dispuesta a liquidar las instituciones de Cataluña y a retraer gravemente el crecimiento económico de Barcelona. 

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¿Quién es... Valentí Puig?
Valentí Puig

Nació en 1949 en Palma de Mallorca. Escritor en catalán y castellano con más de cuarenta obras publicadas, su trayectoria periodística --básicamente como articulista pero también como corresponsal en Londres-- va desde 'ABC' a 'El Pais' y tantos otros medios. Se considera autonomista y conservador de centro. Su último libro es la novela 'Barcelona 2101'.