La Barcelona 'okupada'

Rosa Cullell
25.01.2022
6 min

En Barcelona se okupa el espacio público sin que las autoridades que supuestamente gobiernan puedan o quieran hacer nada. La Avenida Meridiana --una de sus principales arterias-- lleva dos años tomada por un grupo de jubilados independentistas, que creen que Sant Andreu les pertenece. Sus patrióticas concentraciones son autorizadas por la Conselleria de Interior de la Generalitat sin analizar los problemas que provocan en el tráfico. Las quejas de los vecinos o  las crecientes pérdidas de los comercios del barrio no son tenidas en cuenta. Los Mossos no están ni se les espera y la Guardia Urbana, atada de pies y manos, se limita a cortar calles e impedir que el enfrentamiento vaya a más. Esta falta de consideración por el ciudadano, que se siente abandonado a su suerte, puede acabar en un buen disgusto. Quizás es lo que algunos pretenden.

Sería deseable que el conseller de Interior, Joan Ignasi Elena, exsocialista y escogido para su actual cargo por Esquerra Republicana de Catalunya, reaccione porque los barceloneses se están enfadando. Ada Colau, que se ha ofrecido a interceder para conseguir acabar con los cortes “cuanto antes”, tampoco está en un gran momento de popularidad. La alcaldesa y el ayuntamiento han de hacer mucho más que mediar; han de asegurar que vuelve la convivencia a la Ciudad Condal, que la Guardia Urbana pueda hacer bien su trabajo. La labor del cuerpo de agentes no es, precisamente, proteger a quien impide el paso y molesta a los demás. Los barrios y las avenidas son de todos.

Quienes quieren “hacernos libres” a la fuerza --los verdaderos patriotas-- están pasando un momento de nerviosismo y falta de protagonismo tras perder JxCat la presidencia de la Generalitat a manos de Esquerra. Por eso, tanto Junts como la CUP y la Assemblea Nacional Catalana (ANC) --tan unidos ellos-- piden a sus seguidores que mantengan “la resistencia” en la Meridiana. Al cumplirse el corte número 500, Jordi Turull, antiguo conseller de Presidencia y expreso, fue a celebrar la onomástica con los concentrados. Se emocionó. “Sois un ejemplo”, les dijo. Quieren convertir una ocupación sin sentido en un hito histórico de liberación nacional.

No deja de ser curioso ese lenguaje bélico, de activistas sin tierra, cuando resulta que los partidos independentistas gobiernan en Cataluña, mandan y deciden; son libres de pedir la autodeterminación, de defenderla en sus programas y también en el Parlament. En España, al revés de lo que ocurre en Portugal, los partidos secesionistas no están prohibidos. Déjense de histrionismos y de amenazas constantes. Si quieren volver a hacer lo que ya ha salido mal, adelante, pero olvídense, no van a ocultar el fracaso de la unilateralidad con el secuestro de una avenida, de un barrio.

Los partidos políticos, tras la segmentación y el crecimiento de la abstención, parecen haber olvidado que, más allá del voto, cuando gobiernan tienen una responsabilidad: el bienestar de los ciudadanos. La falta de ética y moral política debe ser denunciada venga de donde venga, de la derecha, de la izquierda o del separatismo. No se puede poner en peligro el futuro de las familias, la prosperidad económica y social de un país, ni tener como único objetivo ganar las siguientes elecciones y ocupar más poltronas. Cada vez que se acercan los comicios, algunos líderes políticos se empeñan en utilizar el sentimiento nacional (catalán, español, gallego, vasco…) para, simplemente, obtener poder. Falta un año y medio para las municipales en Barcelona, algo más para las generales españolas, pero ya suenan las desafinadas trompetas del miedo a perder y de la xenofobia de quienes se creen mejores.

En Sant Andreu quieren una respuesta política y menos ruido. Tanta ocupación de la calle asusta a los compradores y arruina a los comercios. Merecen un descanso. Yo propondría al conseller Elena que sugiera a los patriotas un cambio de barrio. Que, en febrero, se instalen en Sarrià o en la entrada a Barcelona por la Diagonal. Y al mes siguiente, una vez tocadas las narices de restaurantes, comercios y vecinos de la parte alta de la Ciudad Condal --zona en la que viven tantos votantes del independentismo-- se desplacen a otras comarcas. El Barcelonés se lo agradecerá. Vayan a Vic, en la comarca de Osona, donde estarán encantados de albergar a los resistentes en su plaza mayor. Ellos sí serán bienvenidos. Cumplen todos los preceptos de la buena moral indepe.

Desokupen Barcelona, por favor, o acabarán volviendo los encapuchados, de unos y otros, y “prendrem mal”. No creo que sea lo que quieren los barceloneses. Urge recuperar aquella tolerante ciudad, próspera y segura, en la que convivir era bien fácil. Quizás así baje el desempleo y las empresas dejen de salir corriendo.

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¿Quién es... Rosa Cullell?
Rosa Cullell

Rosa Cullell es periodista. Trabajó como periodista en Mundo Diario, BBC (International Services-London) y El País. Durante su trayectoria profesional ha sido directora general Adjunta Ejecutiva de la Caixa, directora general del Liceu, directora de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales y Consejera Delegada del grupo de comunicación portugués Media Capital.