Y se muere por volver

Ramón de España
4 min

Resulta muy graciosa la manera en que Artur Mas está enfocando su posible retorno a la política activa. Ante el periodista de turno, el hombre luce un semblante severo y dice que no ve muy claro su regreso al manicomio catalán, pero enseguida añade --como cuando Núñez recurría a su célebre latiguillo Si el socio me lo pide…-- que, si no hay más remedio, si la patria se lo demanda, si la situación necesita una lumbrera de su envergadura… Pues que en ese caso sí, que igual vuelve. ¡Pero solo a petición popular y por puro patriotismo!

A su edad, que es la mía, el Astut se conserva estupendamente. No me extraña, con esos veraneos en yate que le financia su amigo Vilajoana. Nuestro hombre tiene cuerda para rato y es evidente que, como el personaje de la famosa ranchera, se muere por volver. De hecho, no cuesta mucho imaginárselo en su piso embargado de la calle Tuset, rotulador en mano, tachando en un calendario de pared los días que le faltan para acabar su inhabilitación.

No se lanzará al ruedo el primer día de libertad política, pues el verano ya está aquí, hay ganas de caldereta y, con un poco de suerte, Vilajoana vuelve a apoquinar para el yate y el jet privado; pero a la vuelta de sus bien ganadas vacaciones, estoy convencido de que el Astut volverá a la carga. Hay que reconstruir lo que queda de Convergència --y él sabe lo que hay que hacer mejor que nadie, pues ya fue responsable de la destrucción de aquella impresionante máquina de ganar dinero, hacer amigos e influir en la sociedad-- e irse situando para cuando todo el mundo se dé cuenta de que a Puigdemont se le ha ido la flapa a lo grande. Con esa cara de cemento armado que Dios le ha dado, el Astut, principal responsable de ese sindiós en el que sobrevivimos, saldrá a interpretar el papel del hombre sabio y moderado que puede contribuir a la serenidad y a la concordia. Y no sería de extrañar que muchos procesistas volviesen a confiar en él, aún a sabiendas de que se los va a llevar al huerto de nuevo.

Comparado con Torra (un hooligan) y con Puchi (un demente), Mas parece casi una persona normal. Y, además, ¿qué va a hacer si no este hombre en la vida civil? Su paso por la empresa privada no fue precisamente estelar, y su relación con la justicia española no ha llegado todavía a un final feliz, pues los jueces aún se acuerdan de que era el jefe de Convèrgencia cuando aquello era la cueva de Alí Babá y los cuarenta ladrones --el caso 3% y tal--. La política no te salva del trullo, como han comprobado los golpistas del 1 de octubre, pero siempre protege un poco de las inclemencias de la realidad. Y siempre hay abogados que, a cambio de una minuta algo onerosa, porfían por convertir a un delincuente político en un patriota reprimido por el estado (si el abogado colaboró con ETA, mala suerte, no se puede tener todo).

 Créanme si les digo que no nos vamos a librar de este atildado cantamañanas en lo que nos quede de vida.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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