Artur Mas anda caliente

Guillem Bota
27.12.2021
5 min

“Ande yo caliente, y ríase la gente”, recitaba Artur Mas los versos de Góngora al timón del velero, mientras cruzaba el atlántico y los catalanes siguen viviendo la regresión fruto del procés. “Traten otros del gobierno, del mundo y sus monarquías, mientras gobiernan mis días mantequillas y pan tierno” continuaba el bueno de Artur mientras viajaba plácidamente de Canarias a la Martinica, 6.000 quilómetros a toda vela, entre amigos y alegría. Él fue quien inició el procés que ha llevado Cataluña a la ruina social y económica, pero qué más da, mientras pueda tirarse dos semanas viajando de Canarias al Caribe en un barco de vela. Ande yo caliente, y ríase la gente.

Lo suyo hubiera sido que en lugar de recitar a Góngora se arrancara con Espronceda y su “Canción del pirata”, que eso le pega mucho más al tipo que cada vez que un juzgado le reclama una fianza o una multa, suplica a alguna caja de resistencia que se haga cargo del pago. Pero claro, la estrofa en la que el pirata dice “en las presas yo divido lo cogido por igual” a nuestro Artur se le resistiría, sería incapaz de pronunciarla, bueno es él para repartir nada, que lo suyo le ha costado retirarse de la vida pública manteniendo el tren de vida. Ande yo caliente, y ríase la gente.

Le entrevistaron en TV3 para que contara su experiencia, como si fuera un tripulante de la Kon-tiki y no un invitado a un velero de lujo, y allá que fue, explayándose en detalles sobre lo que comían, poco pescado por cierto, ya que, según dijo, ”la pesca es difícil navegando a vela”, de lo que un profano como yo en las artes de la pesca, deduce que, en cambio, a motor debe ser sencillo, en el caso de que los peces te den alcance. Algún solomillo habría en la bodega del bajel, para entretener el hambre, y buenos caldos, que no sólo de agua vive el hombre. Los recortes que inició --y que han continuado sus sucesores-- tienen la sanidad catalana bajo mínimos, lo cual nos está pasando factura en momentos graves como los que estamos viviendo. Pero qué pequeños se ven los problemas de los catalanes desde la inmensidad del océano. Ande yo caliente, y ríase la gente.

Y qué decir de las temperaturas, “suaves y hasta con algo de calor”, como recordó ante las cámaras nuestro audaz marino, mientras en la Cataluña que tan decisivamente contribuyó a destruir, no solo padecemos el invierno --que es lo que toca-- sino que no son pocas las familias que tienen dificultades para pagar la calefacción. Esas cosas a Artur le quedaban a 6.000 quilómetros de distancia, había que verle en el plató, con qué alegría contaba su viaje, bronceado y con la sonrisa blanquísima. Incluso se dejó para la ocasión --para ir a la tele a contarlo, me refiero-- una media barba entrecana que le daba el aspecto de un entrañable lobo de mar. Ande yo caliente, y ríase la gente.

Hay que reconocer que cambiar un metafórico e imposible viaje a Ítaca por un literal viaje al Caribe, no es un mal cambio. Cierto que por el camino ha dejado una sociedad dividida, cierto que engañó a unos cuantos millones de catalanes que --cuesta imaginar por qué motivo-- creyeron a pies juntillas en sus palabras, cierto que unos cuantos han pisado la cárcel, y cierto que Cataluña ha perdido tantas empresas y oportunidades como prestigio. Pero hay que ver lo contento que se veía al antaño patrón del navío catalán, allí en la TV3 que sigue siendo un poco suya. Qué más dan las penurias de los demás, Artur, y qué más da lo que piensen de ti --nada bonito, te lo aseguro-- si tú te pegas la gran vida. Di que sí. Ande yo caliente, y ríase la gente.

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¿Quién es... Guillem Bota?
Guillem Botap

Guillem Bota quiso ser siempre torero, pero haber nacido en un pueblecito de la provincia de Gerona (Fornells de la Selva, 1970) sin plaza de toros, le dificultó la vocación. No se rindió el maletilla, y embarcó en un carguero rumbo a América, con un hatillo y un viejo jersey de su madre que hacía las veces de capote, como único equipaje. Quiso la mala fortuna que el carguero atracara en Buenos Aires, ciudad en la que abundan las porteñas mas no los morlacos, con lo que desvió su atención de éstos a aquéllas, con desigual fortuna y algunas cogidas. A orillas del río de la Plata empezó a colaborar con distintos periódicos e incluso se atrevió con dos libros de relatos -le marcó conocer en persona a Roberto Fontanarrosa-­, siempre bajo seudónimo que ocultara a sus allegados el fracaso en la lidia. Regresó a su tierra más viejo pero más sabio y con cinco hijos allende los mares. Se instaló en el Ampurdán con la vana esperanza de que se le pegara algo de Josep Pla.