Arran: la historia se repite

Toni Bolaño
07.08.2022
7 min

En 1968 nació el PSAN (Partit Socialista d’Alliberament Nacional) al albur del Mayo del 68. Agrupaba a los jóvenes disidentes del Front d’Alliberament Nacional que defendían la independencia para alcanzar una república socialista, lejos de las tesis de la vieja guardia del partido que abogaba simple y llanamente por la independencia. O sea, el PSAN nace para luchar contra el estado opresor (España, of course), para conseguir la liberación nacional, pero también la liberación social, superando la épica burguesa del derecho a la autodeterminación.

Estos postulados siempre se han mantenido vivos en la izquierda independentista y han sido los protagonistas de un sinfín de escisiones, rupturas y enfrentamientos. El propio diputado de la CUP Albert Botrán dice en sus escritos que “el sectarismo es nuestro principal adversario”. No le falta razón. La prueba del algodón ha sido la ruptura de Arran, la única formación de carácter piramidal de la izquierda anticapitalista, lejos de la unión de asambleas locales y estructuras partidarias que se agrupan en la CUP. La lucha permanente es, y así ha sido siempre, entre los defensores de primero la revolución y luego la independencia, o los partidarios de primero la independencia y luego la revolución que permitirá, según sus tesis casi por definición, la conversión de un Estado socialista. 

A lo largo de la historia las crisis, los grupúsculos, han fagocitado al propio movimiento. Ahora, se ha vuelto a producir en Arran provocando una escisión, pero han sido tónica constante. En la definición de un partido nacional, o abanderar el movimiento asociativo civil y reivindicativo sin un partido de referencia; en la discusión de investir a Mas, que lo acabó tirando a “la papelera de la historia” y a Antonio Baños, su cabeza de lista, a la cuneta; la participación o no en las elecciones autonómicas que no se solventó hasta la llegada al Parlament de David Fernández y Joaquim Arrufat, hoy más que amortizados; y en numerosas cuestiones acaecidas estos años que siempre han puesto sobre la mesa la división, la convivencia de dos almas, que difícilmente son reconciliables con empates en asambleas públicas, como sucedió en 2015 en la de Sabadell que debía dilucidar la posición de la CUP ante la formación del nuevo Govern de la Generalitat.

Los argumentos de la escisión de Arran son casi una mimética reproducción de los argumentos esgrimidos en 1973 por los escindidos del PSAN que fundaron el PSAN-Provisional, en un remake del Ira Provisional en el que creían verse reflejados. Los escindidos denunciaron “el seguidismo y acomodación pequeñoburguesa”, algo similar a la acusación que lanzan los de Horitzó Socialista​​​​​​​. “Mientras el bloque socialista hemos intentado centrarnos en los debates ideológicos, que son la raíz de todo lo que está pasando, el bloque conservador ha continuado poniendo el acento en las formas”. Sobran comentarios.

La historia se repite en 1987 y 1988 con escisiones y peleas callejeras durante la celebración del 11 de septiembre en el Fossar de les Moreres entre el Moviment de Defensa de la Terra-PSAN y el MDT-Independencia dels Països Catalans. A partir del 93, el independentismo radical explosionó en multitud de grupos de difícil reconciliación, y los intentos de conseguir esta unidad como el BEAN o Nacionalistes d’Esquerra no superaron el tamiz de las elecciones. No es hasta el hundimiento del independentismo en 1999 cuando toma forma la CUP, cosechando buenos resultados en las municipales de 2003. Y un detalle para tener en cuenta. La cohesión estaba garantizada por la organización juvenil Maulets, que se fusionó con CAJEI (Coordinadora de Joves de l’Esquerra Independentista) en 2007, naciendo Arran, con las dos almas, y convirtiéndose en árbitro entre las pugnas entre los dos partidos que representaban las dos estrategias y tácticas enfrentadas a lo largo de la historia del radicalismo independentista: MDT-Poble Lliure –independentista— y Endavant-OSAN –anticapitalista—.

La CUP nace como una formación independentista, pero, sobre todo, un grupo anticapitalista que “quiere ampliar su base social con todo aquello que critica el sistema, con grupos reivindicativos que no quieren cambiar el sistema: quieren darle la vuelta como un calcetín. La CUP es la alianza del comunismo y el comunismo libertario en pro de una nueva anarquía”, apuntaba en Extremo Nordeste. La CUP: los últimos bolcheviques de Occidente que escribí en 2014 y 2015 (Editorial Península). Esta formulación sumaba la independencia como reivindicación porque la independencia forzaba la ruptura del sistema, el cambio del sistema. Ambos grupos llevan años conviviendo. Cuando la lucha política se limitaba a los ayuntamientos, la autonomía de las asambleas locales garantizaba la unidad. Cuando la CUP se plantea presentarse a las elecciones autonómicas primero, generales después, esta pugna revive.

En 2022 la historia se repite. El pulso entre las dos almas no ha hecho más que empezar y habrá que estar atentos a su evolución en el territorio, en las asambleas locales, y si tendrá repercusión directa en la CUP. No en vano, Horitzó Socialista pone en valor que más de 30 asambleas se han sumado a su grupo. Empieza el baile y la cercanía de las municipales puede deparar más sorpresas con movimientos en el espacio independentista, sobre todo en Barcelona, que los grupos tradicionales no han dudado nunca en calificar como “un agujero negro”. Habrá que estar atentos.

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¿Quién es... Toni Bolaño?
Toni Bolaño

Periodista. Miembro del Consejo Editorial de CRÓNICA GLOBAL. Ex director de Comunicación de la Presidencia de la Generalitat y del Ministerio de Industria, Energía y Turismo. Tertuliano en Cadena Ser, Antena 3 y La Sexta.