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Pásate al modo ahorro

Armonización fiscal y ‘café para todos’

Gonzalo Baratech
6 min

El Gobierno de Pedro Sánchez está decidido a acometer una magna reforma fiscal. Pretende forzar con ella a la Comunidad de Madrid para que suba varios impuestos que tiene cedidos. Si los cambios salen adelante, el presidente socialista habría alcanzado su objetivo último, que no es otro que el derribo de uno de los banderines de enganche más emblemáticos del Partido Popular.

Es muy llamativo que Sánchez planee tal faena por impulso de Esquerra Republicana. Curiosamente, esta formación ha hecho de la independencia en general y la del erario en particular, su santo y seña. Sin embargo, he aquí que ahora le da por preconizar la “armonización” entre todos los españoles. Los secesionistas reclaman, así, la vuelta a la uniformidad del “café para todos”, según la expresión acuñada cuando ocupaba el poder Adolfo Suárez.

Por cierto, los de ERC no dicen ni pío sobre el fabuloso régimen que disfrutan los vascos y navarros. Esos privilegios, consagrados por la Constitución, deben de parecerles justos y saludables. En cambio, les saca de quicio que se aminoren las gabelas a los ciudadanos madrileños.

Las regiones gozan de notables potestades en materia hacendística. Así es, en gran medida, gracias a las presiones que Jordi Pujol ejerció en su día sobre los sucesivos gobiernos nacionales.

Pues bien. La Generalitat utilizó las competencias traspasadas para freír a exacciones a sus contribuyentes. Se sacó de la manga nada menos que quince nuevas figuras recaudatorias propias. Ninguna otra Comunidad llega a tales extremos.

A su vez, Madrid optó por el camino contrario. Aplicó bajas generalizadas a los gravámenes que gestiona. Los dispares resultados conseguidos aquí y allá saltan a la vista.

La mudanza normativa que Pedro Sánchez está gestando atañe a los tributos de Patrimonio y de Sucesiones. El primero de ellos ya no existe prácticamente en ningún país de la UE. Lo abolieron en todas partes por su carácter claramente confiscatorio. Significa algo parecido a un atraco a mano armada, pues castiga unos ahorros que previamente ya han sido exprimidos por todas las vías imaginables.

Mientras Madrid lo tiene bonificado en un 100%, en Cataluña puede suponer nada menos que un 2,75% del valor de los bienes del declarante. Así se explica que una masa creciente de potentados y burgueses haya huido del infierno catalán para instalarse en otras plazas más benignas, sobre todo en la capital del Reino.

Ésta también ofrece alicientes en Sucesiones y Donaciones, con jugosos recortes para los familiares directos. Cataluña, en cambio, acaba de aumentar una y otra carga de forma exponencial, pese a hallarnos en plena pandemia.

Lo insólito del actual debate acerca de los afanes “armonizadores” es que sólo se practica en una dirección, o sea, para subir las cotizaciones al pueblo llano, nunca para disminuirlas. ¿Por qué nadie sugiere que nos uniformemos a la baja, como acontece en la meseta castellana?

Esto me lleva a pensar que la encomiable igualdad de todos los españoles pregonada en la Carta Magna es un auténtico camelo. La cruda realidad revela que en este país no hay igualdad en educación, ni en sanidad, ni en tantos otros derechos irrenunciables. Si algo abunda a raudales son unas diferencias y unas asimetrías desoladoras.

Puestos a “uniformar”, ¿por qué no propone ERC a Pedro Sánchez que se iguale el salario que cobran los políticos de todo pelaje? ¿Acaso es de recibo que la cúpula del Govern albergue a dos centenares de espabilados cuyas retribuciones superan con largueza la del mismísimo Sánchez?

Los individuos y las empresas necesitan estímulos para salir de la crisis provocada por el coronavirus. Lo peor que puede ocurrir ahora es que se atornillen todavía más las clavijas impositivas, que parece ser el deporte favorito de los vicarios de la Generalitat y los prebostes del Ayuntamiento de Ada Colau. Es obvio que semejantes abusos provocan un retraso indefinido de la ansiada recuperación económica.

El Principado camina hacia atrás como los cangrejos. Ha dejado de atraer talentos, dineros, inversores y emprendedores. Y se hunde en el precipicio de la decadencia.

Es de recordar que a raíz de las gestas del procés, más de 7.000 compañías se fugaron a otras latitudes. Cerca de la mitad se instalaron en Madrid. Además, la estampida no cesa. En el presente año, ya han recalado en la Villa y Corte otras 430 sociedades procedentes de nuestros terruños.

Tales son las consecuencias del golpe demoledor propinado por los nacionalistas a la estabilidad política y la seguridad jurídica. Esas secuelas dan la medida del incalculable daño ocasionado a Cataluña por los Puigdemont, los Junqueras y demás visionarios de su cuerda.

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¿Quién es... Gonzalo Baratech?
Gonzalo Baratech

Baratech forma parte de una estirpe periodística catalana de larga tradición. Licenciado en Administración de Empresas por la European University y máster en Social Media Branding & Digital Strategy por La Salle-Universidad Ramón Llull, es coautor del libro Mas-Colell, el ‘minessoto’ que fracasó en política, de reciente publicación. Ha colaborado en Economía Digital y con anterioridad en La Vanguardia Digital y el diario Avui.