Los ojos del odio son una mirada equivocada

Roberto Giménez
4 min

Mi cabeza es un volcán en permanente ebullición. Al alba tenía tres ideas para desarrollar, pero cuando escribo la primera frase despejo la incógnita como si resolviera un problema de trigonometría. Ya lo tengo claro.

También desconozco el título, pero me lo dará la última frase del artículo. Acompáñeme en su búsqueda. No me deje solo sin saber cómo he llegado a la desembocadura…

El domingo por la mañana me envió un whatsapp una regidora de Castellón por Ciudadanos muy activa –pertenece a mi Club de Lectores, como tú— diciéndome que iba a Alsasua (Navarra). Horas después, fue protagonista, abriendo todos los informativos, la bronca contra Albert Rivera, a la que se sumó el partido socialista.

Los partidos constitucionalistas no se jibarizan como los separatas. Eso los indepes lo hacen mejor porque los nacionales (con perdón) se sienten fuertes al tener la justicia, la policía y, lo más importante, una mayoría social que es imbatible. Es la fuerza del Estado…

Dicho esto también digo que no soy antinada, tampoco antinacionalista, porque también amo a mi tierra natal como los nacionalistas, pero de otra manera… por más que critique al nacionalismo centrífugo; el grito de “los españoles, primero” me parece fatal, viéndolo en el espejo vomitivo de Italia y de Trump. Por eso no soy nacionalista.

***

Vuelvo a Alsasua. No estuve el domingo porque no soy de ningún partido, pero una vez estuve comiendo en una tasca de pinchos de esta villa Navarra yendo a Sanse.

Era en San Juan, iba con un amigo de primera juventud de Lleida, en 1980 tenía veintidós años; él, uno más. Estando en la tasca vi los ojos de odio en una mesa de cuatro jóvenes de aspecto batasuno porque sospechaban que dos desconocidos teníamos que ser una pareja de txakurras.

Esa mirada de odio no la olvidaré jamás… De Pamplona hacia arriba es la Navarra vasca que ha dejado atrás la Ribera. Se ve a la vista con los ojos, es otro paisaje más verde y frondoso.

Amo al País Vasco como a Cataluña, pero con distinto amor. Para mí, Cataluña es la patria chica y España la patria grande que no la entiendo sin el País Vasco.

Me gusta oír el gallego, que se entiende, y el vasco, que no entiendo nada, pero que es la lengua íbera que ha llegado hasta nuestros días.

El castellano ha aprendido del vasco la sonoridad rotunda de las cinco vocales y hablar como se escribe, que es la gran ventaja del castellano con respecto a las lenguas romances como el catalán.

En el monasterio de San Millán de Yuso (La Rioja), en el mismo pergamino cisterciense está la primera palabra vasca y la primera castellana en el mismo documento del siglo X. No son palabras de un mismo tronco lingüístico, pero sí de un mismo lugar geográfico.

PD. Los ojos del odio son una mirada equivocada.

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¿Quién es... Roberto Giménez Gracia?
Roberto Giménez

Durante treinta años ha sido director del Vallés, era el segundo semanario más antiguo de Cataluña, y fue director de Honor de El Vallès del siglo XXI. Ha escrito diez volúmenes de la serie 'Casi treinta años y un día' -en Sant Jordi de 2017 se publicó el último: 'Mis Enemigos Íntimos'-. Son las memorias del director del semanario comarcal más leído en Cataluña, que desapareció seis meses después de que lo dejara. Cada Sant Jordi publica una edición de 100 ejemplares que se agotan el mismo día. ¿Por qué no hace más? "Son para mis amigos", responde. Retirado antes de tiempo, con 55 años, por culpa de una bala traidora en la médula... También se le puede seguir en Facebook -cada día laborable publica 'La libreta azul'- y en Twitter. No es el capitán Araña. Sus amigos dicen que es honesto y leal, pero eso se lo dicen porque son sus amigos. Para entrar en su cofradía exige Derecho de Admisión. Vale quien sirve, pero no sirve cualquiera.

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