Menú Buscar
Pásate al modo ahorro

Alarmado como nunca

5 min

Ahora sí que podemos asegurar sin temor a equivocarnos que estamos en un estado de alarma. Por lo menos yo, en cuanto me he enterado de que las competencias en la nueva situación van a estar íntegramente en manos de la Generalitat, me he alarmado tanto que no me llega la camisa al cuerpo. Para alarma la mía, la de mi familia, la de mis vecinos y la de mis conciudadanos, que las promesas que hemos llevado a cabo si sobrevivimos a esta van desde tatuarnos el virus en una nalga a subir de rodillas al Tibidabo cantando el miserere. ¡Competencias plenas de la Generalitat para gestionar la pandemia! Estamos en un estado de alarma como jamás antes habíamos estado, y eso que algunos nos hemos puesto más de una vez delante de un toro. El único que debe estar tranquilo como nunca y brindando con lo que quiera que brinden los de su especie, es el coronavirus, que se debe estar frotando las manos --o lo que tengan esos bichos-- por el banquete que se le avecina.

Si algo ha demostrado la pandemia es que el Estado de las autonomías fue un bluff, la cosa funcionó durante un tiempo, el tiempo en que todos queríamos café, y café se nos sirvió a todos. A la que pasaron los años, ya vimos que las cosas no acababan de funcionar, por lo menos aquí, en Cataluña, donde la educación, los medios de comunicación públicos y la administración, dejaban de lado --como mínimo ideológicamente, a veces incluso físicamente-- a más de la mitad de los catalanes. Pero es que después, cuando se ha requerido una actuación firme, porque firme era la situación a la que nos enfrentábamos, el castillo de naipes ha caído, y además ha caído estruendosamente, cosa rara con los naipes. La gestión catalana de la pandemia en sus inicios fue un politiqueo constante, y los catalanes nos vimos a merced de un gobierno y unos responsables que daban más miedo que el Covid-19. Y con razón, puesto que, según quedó demostrado, son más letales. Y encima ahora se les da, como quien dice, carta blanca. ¿A alguien puede extrañarle el estado de alarma en el que me encuentro?

No sé donde hay que firmar para volver 40 años atrás y arreglar el estropicio que cometieron los políticos de la Transición. A final, los que critican con cansino tesón lo que llaman “régimen del 78” sin ni siquiera saber de qué hablan --más de uno debe creer que se trata de una dieta para rebajar los kilos adquiridos durante las navidades--, van a tener razón: aquello fue una componenda, aunque no en el sentido que ellos sostienen, sino en el de que se quiso contentar a unos pocos exaltados dándoles una autonomía que jamás han sabido gestionar. Y digo jamás con toda la intención, ya que en todos estos años apenas han tenido que hacer otra cosa que decidir qué carreteras mejorar o donde construir un nuevo hospital --y a fe que incluso en eso han sido deficientes--, pero en cuanto se ha necesitado una Administración fuerte y preparada, todos hemos añorado un Estado centralizado. Quién fuera francés.

O sea que sí, que en Cataluña estamos en pleno estado de alarma. Desde muchos meses antes de que lo decretaran, además. Probablemente desde hace años. Aun así, cuando el viernes escuché al ahora presidente Pere Aragonès anunciar que el estado de alarma lo gestionaría la Generalitat, me alarmé de verdad, me refiero a alarma con sudores fríos que es la auténtica. Desde entonces vivo alarmado, sabiendo que mi familia y yo hemos sido abandonados a nuestra suerte, que no otra cosa es poner nuestra salud en manos del gobierno catalán. Alarmémonos todos, catalanes, y con razón, puesto que el estado de alarma será en adelante nuestro estado natural. Ni nuestra salud ni nuestra economía podrán remontar jamás, eso es para estar alarmados.