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Y ahora... indultos

María Jesús Hernández Elvira
7 min

Seguimos en campaña electoral y, como suele ocurrir en estos casos, todo vale para captar votos. Así, el candidato socialista por Cataluña, el señor Miquel Iceta, afirmó la semana pasada que si llegaba a ser presidente de Cataluña pediría el indulto de los Jordis. En concreto, dijo: "Sin duda pediría el indulto porque en este país tendremos que cerrar heridas que tienen un origen político". Volvemos a liarnos con que los delitos por los que han sido encausados, entre otros, los Jordis, son de carácter político. Es innegable que afecta a la política, pero además a las relaciones sociales, a la educación, a la economía... y es que no olvidemos que estamos ante la presunta comisión delitos, es decir, aquella acción que va en contra de lo establecido por la ley y que es castigada por ella con una pena grave.

Lo cierto es que la petición de exención de condena mediante el indulto es una medida de gracia excepcional que se ejecuta a petición del ministro de Justicia por parte del Gobierno en los casos de condenados por sentencia firme, siempre que además no sean reincidentes. Se trata de una medida que se aplica para mitigar el rigor de una condena cuando se aprecien causas de justicia, equidad o utilidad pública. Los facultados para solicitarla son tanto el propio penado, como sus familiares o cualquier otra persona en su nombre. Dicho lo cual, no es muy usual que el presidente de una comunidad autónoma realice este tipo de peticiones, y es que para el indulto deben adicionalmente cumplir dos requisitos:

1. Que no cause perjuicio a tercera persona o lastime sus derechos (lo que, teniendo en cuenta lo sucedido, parece complicado que concurra en este caso).

2. Que haya sido oída la parte ofendida (que será el pueblo español y el Gobierno del Estado).

Pero es que, además, se debe igualmente tener en cuenta que las concesiones de indultos lo son por circunstancias extraordinarias, tales como, entre otras, el arrepentimiento del condenado, el tiempo transcurrido desde la comisión de los hechos, la ineficiencia que pueda tener la ejecución de la condena porque pueda frustrar los fines que se persiguen con las mismas... y siempre que se hayan abonado las respectivas indemnizaciones en concepto de responsabilidad civil que se hubieran impuesto.

Es poco probable que se pueda conceder un indulto a los condenados por el procés por falta de justicia, equidad y arrepentimiento

En lo que va de año se han concedido tan sólo un 1% de los indultos solicitados, caída de concesiones que se inició por parte del Gobierno ya hace años bajo la premisa de ser más estrictos en la aplicación de esta medida de gracia. Todos los indultos concedidos contaban con el preceptivo informe favorable del tribunal sentenciador y del ministerio fiscal, que en este hipotético caso debería tenerse también, al margen de la buena voluntad del señor Iceta

Entre 2014 y 2017 no se ha concedido indulto alguno en varias categorías, entre las que se encuentran los casos de delitos contra la Administración Pública y de Justicia, por lo que parece poco probable que se vayan a conceder indultos por delitos contra el orden público. A mayor abundamiento, ninguno de los indultos concedidos se relacionan con delitos cometidos por cargos públicos electos o altos cargos de las administraciones públicas o del sector público institucional en el ejercicio de una función pública --como pretende ostentar a futuro el señor Jordi Sànchez al ir como número dos en la lista del señor Carles Puigdemont-- con el objeto de obtener un beneficio para sí o para un tercero. Y tampoco se han concedido indultos en casos de delitos contra las instituciones del Estado o electorales.

Por tanto, por muy buena voluntad que pueda tener el señor Iceta --que de paso consigue titulares llamativos-- para que se conceda el indulto prometido, con la ley en la mano, parece que es bien poco por no decir, nada. No cabría el indulto porque no habría justicia ni equidad si se concediera el mismo respecto de aquellos que hubiesen sido condenados por alzarse violenta y públicamente para --entre otros supuestos-- declarar la independencia de una parte del territorio nacional. O bien porque se hubieran alzado pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las leyes o a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales. Y, sin embargo, no se concediera a tantos condenados que realmente han cometido delitos menos graves y han abonado sus responsabilidades civiles, pero que por lo que fuere, han considerado haber sido injustamente condenados y por tanto no han mostrado arrepentimiento. Arrepentimiento que no se aprecia ni parece que vaya a poderse apreciar en alguno de los que por esta causa se encuentran en prisión preventiva. Señor Iceta, indultar, al igual que insultar, es algo que no hace quien quiere, sino quien puede. Prometa algo que pueda cumplir.

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María Jesús Hernández Elvira

Nacida en 1970, es licenciada en Derecho por la Universidad Complutense, Máster Triple en Derecho Público Internacional y Máster en Derecho Procesal. Cursó oposiciones a la carrera judicial y desde 1999 hasta 2013 ejerció como jueza en Canarias, dictando más de 5.000 sentencias. Desde 2013 hasta 2015 trabajó en bufetes de abogados españoles de primer orden, como Ontier España (Ramón Hermosilla & Gutiérrez de la Roza) y Rousaud Costas Duran (RCD) como responsable del Departamento de Derecho Penal y de Corporate Compliance, hasta que decidió crear CHR Legal junto con Josep Maria Cusí y Juan Roda, siendo la socia directora del Departamento de Derecho Penal y de Corporate Compliance.

Autora de varios artículos para revistas especializadas y con experiencia en la enseñanza, impartió clases de Derecho Civil II en la Escuela de Prácticas Jurídicas de Lanzarote, fue profesora en ICADE y ponente habitual en el Colegio de Economistas de Cataluña. Ha colaborado en la publicación Memento Concursal Francis Lefebvre 2015.