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Toda la verdad sobre los marcianos

Ignacio Vidal-Folch
7 min

El gran interés que siento por los extraterrestres (interés hasta ahora no correspondido; ¡sin acritud lo digo, marcianitos!) no llega hasta el extremo de leer el nuevo best seller con el que J.J. Benítez, el escritor español que más libros vende, celebra su septuagésimo aniversario y donde explica los 300 casos de avistamientos de ovnis más fascinantes, entre docenas de miles que tiene ya documentados.

J.J. Benítez es un fabulador de dimensiones, sí, cosmológicas; cosa que dejó clara ya a finales de los setenta en uno de sus primeros libros donde explicaba cómo decidió dedicarse en exclusiva al tema de su vida. Ya en tan tempranas fechas, J.J. procuraba no salir de casa sin llevar consigo una cámara fotográfica; y es que "uno nunca sabe cuándo pueden aparecer estas naves... En más de una ocasión había visto pasar ante mí estos objetos cuando me encontraba desnudo: sin las cámaras".

Benítez decidió pasar varios días en el fondo del cráter, de día achicharrándose al sol y de noche alimentándose a base de dátiles y café para mantener los ojos bien abiertos. Al cabo de cuatro o cinco días de este régimen ya veía platillos volantes por todas partes

Informado de que en un volcán extinguido de Lanzarote se veían "extrañas luces", decidió pasar varios días en el fondo del cráter, de día achicharrándose al sol y de noche alimentándose a base de dátiles y café para mantener los ojos bien abiertos. Al cabo de cuatro o cinco días de este régimen ya veía platillos volantes por todas partes. Tras la experiencia iniciática regresó a Bilbao, donde vivía, decidido a entregarse a esa causa apasionante: los marcianos.

El empujón que le faltaba se lo dio un hecho trágico. J.J. Benítez trabajaba entonces en La Gaceta del Norte, de Bilbao, a las órdenes del redactor jefe José María Portell, que era además portavoz del Gobierno de Suárez para negociar un alto el fuego de ETA. Las negociaciones fracasaron. Dos sicarios le mataron (fue el primer periodista asesinado por la banda nacionalista vasca) a la puerta de su casa, y ETA reivindicó el atentado con un comunicado cuya lectura causa casi tanta repugnancia como el mismo crimen.

Aquello impresionó a Benítez, como es natural. En consecuencia "me despedí del periodismo activo y proseguí con mi labor de investigación y mis libros. Y me pregunto muchas veces: ¿hubiera dado el salto de no haber sido por la muerte de mi amigo Portell? Quién sabe...".

Que los incesantes avistamientos de J.J. o su tesis de que Jesucristo fue "El Gran Extraterrestre" tengan un éxito tan colosal son datos que quizá arrojan una imagen preocupante de la exigencia intelectual del pueblo español, pero desde luego a J.J. hay poco que reprocharle, pues al fin y al cabo creer en los marcianitos no le hace daño a nadie. Salvo a Robert Llimós, un respetado pintor abstracto que desde que "se le apareció" una pareja de alienígenas no ha dejado de retratarlos compulsivamente, perdiendo en el proceso todo el respeto que había obtenido y la cotización de su obra.

Salvo en casos como éste, los platillos volantes de J.J., como el programa Cuarto milenio de Iker Jiménez, o los combates de catch a cuatro, o los debates en el Congreso, o la fe en Dios, son ficciones inocuas que incluso pueden ayudar a vivir, a pasar el rato o a coger el sueño por la noche.

¡Hombre, Benítez, no enredes! El caso de Portell es doloroso, es demasiado reciente, y que frívolamente digas disparates sobre él tiene un punto de obscenidad. También pudiera ser que el crimen lo cometieran los extraterrestres

Pero no puedo dejar de pensar que aquel atentado en Portugalete el 28 de junio de 1978 no sólo calló la voz de un periodista valiente que estaba publicando informaciones clarificadoras y relevantes sobre el terrorismo y rendía así un servicio a la sociedad (Portell), sino que encima impulsó a otro periodista a embaucar al personal con cuentos sobre avistamientos de platillos volantes y siniestras conspiraciones de los Ejércitos y la industria armamentística para ocultar al público la existencia de los hombrecitos verdes (Benítez).

Y ahora leo estas recientes frases: "PD: Es hora ya de que escriba lo que pienso. ¿Fue ETA quien mató a Portell? ¿O fue el terrorismo de Estado? ¿Qué se guarda sobre el asesinato de Portell en los tenebrosos archivos del Centro Nacional de Inteligencia? ¿Algún día será desclasificado? Personalmente, lo dudo. Portell sabía demasiado y, además, era honrado...".

¡Hombre, Benítez, no enredes! El caso de Portell es doloroso, es demasiado reciente, y que frívolamente digas disparates sobre él tiene un punto de obscenidad. También pudiera ser que el crimen lo cometieran los extraterrestres. O incluso que lo cometiste tú, sin darte cuenta, dirigido telepáticamente por ellos. O... ¿no se te ha ocurrido que si sabes tanto sobre ovnis es porque ellos quieren que tú sepas? ¿No se te había ocurrido que a lo mejor tú eres... hijo de un marciano y una terrícola?

No te metas en estas cosas tristes y serias. Limítate a los marcianitos.

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¿Quién es... Ignacio Vidal-Folch?
Ignacio Vidal-Folch

Por desgracia nací huérfano, ya que mis padres fueron aplastados por un aerolito un par de años antes de que yo naciese. Esta tragedia me obligó a formarme como autodidacta. De joven lavé platos en el Soho, fuí maquinista en un ballenero, croupier en un casino, músico callejero en la estación Sebastopol del metro de París, y dí tres veces la vuelta al mundo como inspector de hoteles para la cadena Savoy. Enriquecido por tantas experiencias volví a Barcelona, donde he publicado varias novelas y libros de relatos y colaboro con el diario El País y las revistas Tiempo, Jot Down y otras.