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Subirse a un cadáver para parecer más alto

Ignacio Vidal-Folch
3 min

El Rey y el presidente del Gobierno estuvieron muy dignos en la encerrona y después de la encerrona que les prepararon en la manifestación del pasado sábado en repudio del terrorismo, que el Govern convirtió en plataforma de sus reivindicaciones. Las frases de Rajoy --"estuvimos donde teníamos que estar”"y "las afrentas de algunos no las hemos escuchado"-- son ajustadas y elegantes. Cuanto más se acerca el momento de la verdad, más contenido se muestra el presidente del Gobierno.

Elogios que no pueden aplicarse, salvo que estemos de guasa, a las picardías y ocurrencias del Govern de la Generalitat, acusando a España de jugar con la seguridad de los catalanes y jactándose de codearse con estadistas de otros países y de haber gestionado la crisis divinamente.

Ha quedado claro que a los separatistas sólo les han interesado las víctimas de la matanza para aprovechar su "tirón mediático"

Ha quedado claro que a los separatistas sólo les han interesado las víctimas de la matanza para aprovechar su “tirón mediático”. Es lo que se llama "subirse a un muerto para parecer más alto". Pero ese afán suyo de destacar se ha visto demasiado claro, y el tiro puede haber salido por la culata: la bajeza moral avergüenza a muchos de sus propios seguidores y les enajena simpatías, no sólo en España.

Después de que el golpe acabe como es inevitable, sería interesante abrir un debate para dilucidar si ha sido una aberración --un patinazo inesperado e imprevisible de la vida política en el Estado de las autonomías-- o, por el contrario, la deriva estrictamente lógica y fatal de algo que estaba ya in nuce en la misma Constitución. En este caso ésta debería ser reformada, aunque no exactamente en el sentido que satisficiera a los golpistas.

Si no queremos plantearnos este debate, francamente incómodo, ni extraer las conclusiones que posiblemente arrojaría, entonces tendremos que exponernos a que cada cinco años --con Convergència o el PDeCAT ya olvidados en el estercolero de la Historia-- vayamos repitiendo la misma prueba de estrés; sólo que esta vez bajo el mando de ERC.     

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¿Quién es... Ignacio Vidal-Folch?
Ignacio Vidal-Folch

Por desgracia nací huérfano, ya que mis padres fueron aplastados por un aerolito un par de años antes de que yo naciese. Esta tragedia me obligó a formarme como autodidacta. De joven lavé platos en el Soho, fuí maquinista en un ballenero, croupier en un casino, músico callejero en la estación Sebastopol del metro de París, y dí tres veces la vuelta al mundo como inspector de hoteles para la cadena Savoy. Enriquecido por tantas experiencias volví a Barcelona, donde he publicado varias novelas y libros de relatos y colaboro con el diario El País y las revistas Tiempo, Jot Down y otras.