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Ruido de sables, que viene el lobo

Ignacio Vidal-Folch
4 min

Oh, qué preocupante es el ruido de sables en ciertos ámbitos geriátricos de las Fuerzas armadas. ¿No confirma que la democracia española (también llamada “régimen del 78”) no es más que la continuación del franquismo bajo otra apariencia?

La secuencia de los “pronunciamientos” es, ciertamente, alarmante: primero, unos altos oficiales jubilados le envían una carta al rey, en la que dicen estar muy preocupados por el futuro de España estando Hannibal ad portas.

Segundo, en un chat privado alguien bromea con la necesidad imperiosa de fusilar a 26 millones de ciudadanos, o sea la mitad de la población española. Ahora el ministerio fiscal va a investigar ese whatsap por si fuera pecado. ¡Hay que esclarecer los hechos!, dice la ministra del ramo.

Y tercero y peor: ayer se supo que en diciembre del año pasado se celebró una fiesta en una guarnición militar en donde se bailó una canción, un himno parece ser, de la división Azul.

Esto es gravísimo: por eso, en vez de recordar que los soldados de la División Azul pasaron terribles penalidades en un frente glacial al que fueron voluntarios, unos, por idealismo juvenil, y otros por hacerse perdonar el curriculum republicano propio o el de su padre --esto lo sabe todo el mundo, y demonizar a la División Azul es ruin y farisaico-- hay que celebrar la gran profesionalidad de los periodistas que han publicado tan preocupantes exclusivas, en medios más allá de toda sospecha partidista.

Deben de tener muy buenas fuentes, situadas en altas atalayas, que les facilitan los datos. ¿Fuentes, acaso… en el mismísimo Gobierno? ¿Y quién será? Oh, misterio…

–El sargento Menéndez no cantaba, LADRABA el estribillo de “Banderita, tú eres roja…”, y con entonaciones claramente fascistas.

–¡Qué escándalo! ¡Que se abra una comisión de investigación!

¿Y qué interés hay en presentar ese imaginario del Ejército, no como el cuerpo profesional y experimentado en escenarios internacionales al dictado de la ONU y de la OTAN que es, sino como una institución de espadones comprometidos con el franquismo, una oficialidad de aliento a ajos crudos y con el pelo de la dehesa asomando de la camisa desabotonada?

¿Qué interés, al margen, claro está, del de polarizar la sociedad y tensar la convivencia, dinámica que siempre resulta rentable para determinadas fuerzas que donde mejor crecen y se desarrollan es en atmósferas cargadas y turbias, entre sospechas conspiratorias en las que se respira tensión y rencor?

¿Será que si se saca a pasear el viejo espantapájaros, podrido por las lluvias de antaño, de un Ejército carpetovetónico plagado de fascistas… es como cortina de humo para que no se repare demasiado en otras cosas más reales, más verdaderamente preocupantes, más peligrosas…?

Pero no, no puede ser eso. Ya que por una parte no se me ocurre qué cosas pueden ser esas que hay que tapar… Y por otra, pensar así equivaldría a incurrir en la misma conspiranoia de la que me guaseaba líneas más arriba.  

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¿Quién es... Ignacio Vidal-Folch?
Ignacio Vidal-Folch

Por desgracia nací huérfano, ya que mis padres fueron aplastados por un aerolito un par de años antes de que yo naciese. Esta tragedia me obligó a formarme como autodidacta. De joven lavé platos en el Soho, fuí maquinista en un ballenero, croupier en un casino, músico callejero en la estación Sebastopol del metro de París, y dí tres veces la vuelta al mundo como inspector de hoteles para la cadena Savoy. Enriquecido por tantas experiencias volví a Barcelona, donde he publicado varias novelas y libros de relatos y colaboro con el diario El País y las revistas Tiempo, Jot Down y otras.