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La amistad y la escritura, Overbeck y Sá-Carneiro

Ignacio Vidal-Folch
4 min

Entre la historia de la amistad de los grandes escritores con sus colegas recuerdo la de La Boétie con Montaigne, de la que éste habla con tanta ternura en su ensayo De la amistad; la de Borges con Bioy, que dio pie a una obra maestra inmortal; la de Kafka con Brod, gracias a la cual --o por culpa de la cual-- existe Kafka; la de Nietzsche y Overbeck; y la de Pessoa y Sá-Carneiro, cómplices en la invención portuguesa de la modernidad.

Reunidos bajo el título La vida arrebatada de Friedrich Nietzsche, la editorial Errata Naturae acaba de publicar los recuerdos que sobre su desdichado amigo dejó Franz Overbeck (1837-1905) esparcidos por sus diferentes obras. Éste es un delgado libro de opiniones y anécdotas que apenas tendrá valor para quien no sienta por Nietzsche --la persona, no ya por su pensamiento-- interés y simpatía; en cambio, quienes sí las sientan lo tendrán como una joya de su biblioteca particular. Está escrito con afecto profundo y con la discreción que al autor le imponía la propia finura de su espíritu, pues Overbeck era el amigo más constante y abnegado de Nietzsche, desde que los dos publicaron su primer libro, sobre temas parecidos, en Basilea y quien se encargó de viajar a Turín para recogerle a él y a sus manuscritos cuando los disparates de las cartas que escribía revelaban su colapso mental, y quien le visitó en el hospital psiquiátrico hasta que falleció. Como sobre la imagen de Nietzsche sigue pesando el sambenito de antisemita que le endosó su amorosa pero abusiva y hitleriana hermana, el lector disfrutará con la irritación de Overbeck por tener que desfacer ese entuerto y subrayar con anécdotas y citas textuales la profunda repugnancia que reiteradamente manifestó su amigo por el antisemitismo.

Overbeck era el amigo más constante y abnegado de Nietzsche, viajó a Turín para recogerle a él y a sus manuscritos cuando los disparates de las cartas que escribía revelaban su colapso mental

En cuanto a Mário de Sá-Carneiro (1890-1916), entre las conmemoraciones del centenario de su muerte destaca la edición razonada, anotada, y ampliada con facsímiles de su correspondencia con Pessoa, bajo el título Em ouro e alma, en la editorial portuguesa Tinta-da-China.

Es lástima que no se hable más en España de la poesía de Sá-Carneiro (traducida por la admirable editorial Hiperión), espíritu no ya fraterno sino siamés de Pessoa, al que comenzó impartiendo algún consejo para muy pronto caer en la cuenta de que era un genio y manifestarle su admiración. Con él y con Almada Negreiros inventó la revista Orfeu. La extrañeza del mundo y de sí mismo patente en los estupendos versos de Sá-Carneiro es muy parecida a la de Pessoa, pero no llegó a florecer como prometían sus fulgurantes y prolíficos inicios en verso y prosa, pues se suicidó, en París, a los 26 años, por diversas causas depresivas, entre las cuales la falta de dinero.

Lo cual, por cierto, al recordar que en aquellas mismas fechas cientos de miles de chicos que anhelaban ingresar en la vida la perdían, sacrificados en las batallas de Verdún y del Somme, me suena a precipitación y a despilfarro.

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¿Quién es... Ignacio Vidal-Folch?
Ignacio Vidal-Folch

Por desgracia nací huérfano, ya que mis padres fueron aplastados por un aerolito un par de años antes de que yo naciese. Esta tragedia me obligó a formarme como autodidacta. De joven lavé platos en el Soho, fuí maquinista en un ballenero, croupier en un casino, músico callejero en la estación Sebastopol del metro de París, y dí tres veces la vuelta al mundo como inspector de hoteles para la cadena Savoy. Enriquecido por tantas experiencias volví a Barcelona, donde he publicado varias novelas y libros de relatos y colaboro con el diario El País y las revistas Tiempo, Jot Down y otras.