Menú Buscar

Justicia para Cirlot

Justicia para Cirlot

4 min

Suerte tuvo Juan Eduardo Cirlot (Barcelona, 1916-1973) de tener dos hijas que se han preocupado de rescatar, reunir y publicar su poesía completa, en tres volúmenes que justifican por sí solos la existencia, por otra parte gloriosa, de la editorial Siruela. Suerte tuvo de que Enrique Granell se ocupase también de difundir su obra, en libros y exposiciones, por amor al arte como quien dice. Y finalmente, suerte tuvo Cirlot de sí mismo, pues el talento extremo, el genio sale a flote siempre, siempre acaba por manifestarse e irradiar, aunque sea tarde.

Suerte hemos tenido de sus hijas, de la editorial Siruela y de Enrique Granell, porque si hubiese dependido de nuestras autoridades culturales --socialistas y nacionalistas--, del poeta Cirlot poeta no quedaría ningún recuerdo

Suerte hemos tenido de todas esas personas y elementos, porque si hubiese dependido de nuestras autoridades culturales --socialistas y nacionalistas--, de este poeta no quedaría ningún recuerdo. Inconscientemente, o más bien conscientemente, en castigo porque ni le importó mucho la lengua catalana ni tuvo en absoluto convicciones o simpatías progresistas, se ha procurado reducirlo al olvido. Y desde luego no hay que esperar a que el nuevo equipo municipal corrija el olvido y en el centenario de su nacimiento le rinda ni un minúsculo homenaje, pues ya se ha visto que los poetas que nuestra alcaldía prefiere cantan a "la epidural, la comadrona" (Dolors Miquel), desean la muerte a los agentes de la policía (Bukowski), y cosas así.

Cirlot se merece por lo menos que le pongan su nombre a una calle, por ejemplo la calle Herzegovina donde vivió y murió. Calle del poeta Cirlot. Es lo mínimo para quien fue el paladín de los artistas de Dau al Set y de El Paso; el que trajo a España las primeras noticias del arte abstracto; el que reivindicaba a Gaudí cuando la moda era denostarlo; el autor, entre tantos otros libros, del Diccionario de símbolos que sigue captando el interés de nuevas generaciones de lectores. Un hombre orgulloso que ni pidió nada ni le dieron nada. Un hombre de tan singulares, tan extrañas personalidad y obsesiones, que fue en sí mismo una elevada obra de arte.

Pero sobre todo fue el más innovador y experimental poeta español de su época --tan cercana--, con su invención de la poesía permutatoria. Quizá, sencillamente, el mejor poeta, pero eso depende de cada lector. Desde luego, no es para todos. No se entra en sus versos como en los de cualquiera. Los Mil años de poesía española de Francisco Rico solo le reservan una página, solo reproducen un poema, pero también es verdad que es el mejor, una culminación esplendorosa: "Visio smaradigna".

Cirlot era especial. Era "un hombre cualquiera y solitario /
que vive entristecido a ciertas horas / por indeterminados pensamientos".
Iba "vestido de gris. A veces llevo / una corbata rosa...".