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Havel y su sombra

Ignacio Vidal-Folch
4 min

Estos días, estas semanas en Chequia, cien actos públicos, conferencias, exposiciones, etcétera, celebran el 30 aniversario de la Revolución de Terciopelo o sea la caída del gobierno comunista, derribado, en el contexto de desmoronamiento general del Pacto de Varsovia, por la suma de esfuerzos de un puñado de disidentes liderados por el dramaturgo Vaclav Havel y el empuje de miles de estudiantes. Estos transformaron una manifestación autorizada en memoria de Jan Opletal --estudiante asesinado por los SS del ocupante alemán, el 11 de noviembre de 1939 precisamente durante una manifestación antifascista en Praga-- en una protesta contra el régimen dirigido por Gustáv Husák. La policía disolvió la manifestación a porrazo vivo. La propaganda de la oposición clandestina transformó los porrazos en un escándalo, con un estudiante muerto, que luego resultó que no estaba muerto, no, no, estaba tomando cañas.  A partir de ahí se sucedieron las huelgas y otra manifestación multitudinaria en la explanada de Letná, el 17 de noviembre de 1989. A mediados de diciembre, el abnegado disidente y conocido dramaturgo Vaclav Havel pasó como quien dice sin solución de continuidad de la cárcel al Castillo, sede de la presidencia de Checoslovaquia.

Según pasan los años crece el prestigio de Havel. Era un hombre de sólida talla moral, un humanista. Después de él y de la partición del Estado checoslovaco el siguiente presidente fue Vaclav Klaus, en cuya época floreció la economía y la corrupción. Pragmático y arrogante, Klaus no soportaba a Havel. Le parecía un santurrón sin sentido práctico ni idea de economía. Estos días declaraba a Pravo que los disidentes y “los que se hacen los héroes” no se cargaron el régimen comunista, sino que este se suicidó. “¿Si no es así, cómo se explica la pasividad de la policía y del ejército en aquellas fechas?” Euroescéptico y gran admirador de la señora Thatcher, Klaus tiene un hijo que acaba de formar un partido del brexit checo, el Tricolor. 

Después de Klaus ha venido Miloš Zeman, tipo errático, desabrochado, chovinista, admirador de Trump, muy criticado por sus extrañas amistades con los regímenes chino y ruso, y en pragmática sintonía con el primer ministro Babiš, una versión checa de Berlusconi --multimillonario, magnate de la prensa, perseguido por la justicia…-- contra el que se vuelven a celebrar manifestaciones en la explanada de Letná reclamando su dimisión como hace treinta años la de Husák…

Zeman en su día abandonó el partido socialdemócrata checo para fundar el Zemanovchi: partido de los amigos, o de la gente de Zeman, denominación muy en la línea checa del Partido del Progreso Moderado Dentro de los Límites de la Ley con el que el genial humorista Jaroslav Hašek, el autor de Los destinos del buen soldado Svejk durante la primera guerra mundial se proponía como presidente de Checoslovaquia… Sí, ¡cuánto se parece todo a todo! En fin, ya se sabe: “…aniversarios y treintaniversarios / son la ceniza apenas, la soflama, / los vestigios de una antigua llama”.

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¿Quién es... Ignacio Vidal-Folch?
Ignacio Vidal-Folch

Por desgracia nací huérfano, ya que mis padres fueron aplastados por un aerolito un par de años antes de que yo naciese. Esta tragedia me obligó a formarme como autodidacta. De joven lavé platos en el Soho, fuí maquinista en un ballenero, croupier en un casino, músico callejero en la estación Sebastopol del metro de París, y dí tres veces la vuelta al mundo como inspector de hoteles para la cadena Savoy. Enriquecido por tantas experiencias volví a Barcelona, donde he publicado varias novelas y libros de relatos y colaboro con el diario El País y las revistas Tiempo, Jot Down y otras.