Grandes ilusiones y cruda realidad

Ignacio Vidal-Folch
6 min

Entre los chistes que cuenta Zizek en sus conferencias para mostrar la distancia que media entre el discurso oficial y la cruda realidad, uno de los mejores es de la serie de la Radio Ereván, ficticia emisora soviética: los ciudadanos llamaban a un consultorio y preguntaban cualquier cosa que les inquietase, y la radio respondía siempre en el estilo optimista y positivo que las autoridades postulaban.

Llaman a Radio Ereván y preguntan:

—¿Es verdad que al camarada Pavlovich le ha tocado un coche nuevo en la rifa?

Responde Radio Ereván:

—Sí, es verdad.

Después de una pausa, agrega:

—Solo que hay un pequeño detalle… Lo que le ha tocado no es un coche, sino una bicicleta.

Otra pausa, y añade:

—Y en realidad, la bicicleta… no es nueva, sino de segunda mano.

Otra pausa, y por fin:

—Y no le ha tocado en la rifa, sino que se la han robado.

Este chiste, bajo diferentes apariencias, se repite continuamente en la realidad política catalana. Las autoridades afirman cosas grandiosas, se hacen llamar “honorables”… y casi a renglón seguido se revela la cruda realidad –que son solo unos rufianes, una banda de ladrones—, a menudo con un efecto cómico.

Así, estos días navideños, la presidenta del Parlamento regional, Laura Borràs, agradece por Twitter a @POTUS (President of the United States, presidente de los Estados Unidos) y a la Casa Blanca el regalo de una medalla; tuit que la Borràs ilustra con una foto en la que se muestra muy sonriente, como un siervo que ha sido distinguido con el reconocimiento de su señor, colgando el supuesto regalito del presidente Joe Biden (una especie de chapa o imán de nevera) en el árbol de Navidad del Parlamento.

Ahora bien, unas décadas atrás, trolas como esta (¡Biden felicita las navidades a Laura Borràs!) podían quizá sostenerse durante algún tiempo, pero ahora, en esta época que se caracteriza por su aceleración y la inmediatez en la circulación de la información, se descubren en seguida; y así, al instante alguien ha desvelado que la chapa de marras es un producto fabricado en serie por una asociación privada llamada White House Historial Association, a la venta pública por 25 dólares, y que para nada es un regalo de Washington.

Borràs, fingiéndose virtuosamente indignada con quienes han descubierto su truco, y con los miles de ciudadanos que en Twitter se lo reprochan entre risas y burlas (¡fachaaaaas, españoliiiiiiiistas!), ha tenido que recoger velas y puntualizar que la chapa de marras es una especie de felicitación navideña del consulado estadounidense en Barcelona, sabiamente dirigido por el señor Omar Medina, que no es exactamente lo mismo.

De manera que darle las gracias –“si cuela, cuela”— a POTUS y a la Casa Blanca era lo que viene llamándose “una engañifa”, muy propia de esta señora tan dada, como sabemos, a las trapis, y que además revela una infatuación muy provinciana.

La misma infatuación del presidente de la Generalidad, el señor Aragonès, al caminar, con aires de fierabrás y acorazado en su rígido traje de la primera comunión, por el vestíbulo de una escuela catalana, para detenerse ante el micrófono y pronunciar un solemne discurso navideño –al día siguiente del único y verdadero discurso real, que es el del Rey—, sobre no sé qué ultimátum que va a plantearle al Gobierno.

No pude enterarme de qué cosas piensa exigir, porque me estaba partiendo de risa. Y es que representar el señor Aragonès ese pretencioso numerito de quiero y no puedo precisamente en una escuela, sabiendo que es conocido como “el niño con barba” (y de verdad que recuerda al delegado repelente de una clase de primaria), era doblemente cómico. Yo es que no puedo ver al president sin recordar inmediatamente esa foto que se hizo años atrás en la que, frunciendo el ceño y afectando seriedad y madurez pese al acné adolescente que aún le salpicaba los mofletes, sostenía un cartel con este mensaje: Cada segon Espanya ens roba 450 euros.

Es inevitable sonreír, pensando que él y sus amiguitos, por lo menos, algunos de esos euros ya los están recuperando. Con creces. Aunque a los demás catalanes no nos haya tocado un coche nuevo en la rifa, sino una bicicleta de segunda mano. Y en realidad no nos ha tocado, sino que nos la han robado. Ellos.

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¿Quién es... Ignacio Vidal-Folch?
Ignacio Vidal-Folch

Por desgracia nací huérfano, ya que mis padres fueron aplastados por un aerolito un par de años antes de que yo naciese. Esta tragedia me obligó a formarme como autodidacta. De joven lavé platos en el Soho, fuí maquinista en un ballenero, croupier en un casino, músico callejero en la estación Sebastopol del metro de París, y dí tres veces la vuelta al mundo como inspector de hoteles para la cadena Savoy. Enriquecido por tantas experiencias volví a Barcelona, donde he publicado varias novelas y libros de relatos y colaboro con el diario El País y las revistas Tiempo, Jot Down y otras.