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El estupor de los pulpos

Ignacio Vidal-Folch
6 min

Monica Grady, profesora de Ciencias Planetarias y Espaciales, rectora de la Universidad Liverpool Hope y autora del imprescindible Cataloge of Meteorites (2000, Cambridge University Press, una joya cartográfica mucho más interesante que el Atlas de islas remotas de Judith Schalansky), sostiene que hay una gran probabilidad de vida, y de vida inteligente, en Europa. Aunque aún está por descubrir.

De hecho, la señora Grady no es la primera que sostiene tan aventurada teoría. Los científicos se refieren a Europa como a un "mundo oceánico", debido a décadas de observaciones que predicen un océano bajo sus capas de hielo. El año pasado la NASA confirmó por primera vez la presencia de vapor de agua.

El lector probablemente ya habrá deducido que esa Europa bajo cuyos hielos viven seres inteligentes semejantes a pulpos no es el llamado “Viejo Continente” sino la luna de Júpiter homónima, a 650 millones de kilómetros de la Tierra.

"Es casi seguro que debajo del hielo de Europa hay vida", ha dicho Grady en un discurso reciente, y además esa vida es más sofisticada que la bacteria marciana. Lo más interesante en el discurso de esta experta en el espacio es que esa vida inteligente europea puede llegar incluso a tener “la inteligencia de un pulpo”.

Ahora bien, la inteligencia del pulpo no es cosa baladí. Junto con el cerdo, el delfín, el elefante, el cuervo, y por supuesto el mono, el pulpo es la criatura más inteligente sobre la capa de la Tierra. Tiene, como el ser humano (¿olvidé mencionar a este otro bicho inteligente?), un cerebro capaz de operaciones complejas y de una gran flexibilidad. Alguna vez he especulado con la posibilidad de que el futuro Gobierno mundial lo debería presidir, para que funcionase bien, no un ser humano sino un pulpo, que no concitaría recelos por su raza, credo o ideología, y que por su propia naturaleza está más allá de todo prejuicio; ese gran cerebro, debidamente conectado a un superordenador que le fuera suministrando datos sobre los problemas de la Tierra seguro que los resolvería mejor que nosotros. Con sus tentáculos podría impartir simultáneamente varias órdenes.

A lo mejor así saldríamos del estupor de las cosas tan extrañas que se dicen, y en que en estos tiempos dislocados tienden aún más a la extravagancia. Se oye cada cosa…

Pienso, por ejemplo en Sandro Rosell, que votaría “sí” en un referéndum por la independencia de Cataluña, pero si ganaran los suyos se iría corriendo de Cataluña. Acertijo más curioso que el célebre de Fernando Simón cuando le preguntaron si no era peligroso ir a la manifestación feminista del 8 de marzo: “Si mi hijo me lo preguntase, yo le diría que hiciese lo que quisiera”. 

A Agustín Conejo, presidente de la entidad autónoma de Zahara de los Atunes, se le ha ocurrido, para que los niños se puedan bañar sin miedo al coronavirus, fumigar la playa con lejía, con lo cual ha arrasado con la microbiología del lugar. Mejor hubiera sido que allí gobernase un pulpo.

Un tal Piqué insinúa que para “liberar” a Cataluña podría estar bien probar con la lucha armada. Lo curioso es que ese Piqué es el brazo derecho del jefe de los Mossos, el conseller Ruc. O sea que desde la cúpula de la policía se alienta el terrorismo. Fantástico. Europeo.

El conseller Ruc ampara “la libertad de expresión” de su Piqué. Y olfatea un agravio en que el Estado proporcione a Cataluña 1.714.000. mascarillas. Ve en ese número una alusión burlona a una fecha infausta…

El Ministerio de Igualdad lanza una campaña para animar a los gays durante el confinamiento, titulada Que el encierro no te meta en el armario… “Frente al Covid estamos abriendo puertas”… Sin palabras.

Para estimular al personal, que está preocupado y moralmente flojo por culpa del virus, el ministro Castells nos anima a salir a la calle, eso sí, por ahora con mascarilla y guantes: “¿Se dan cuenta de la maravilla de poder pasear, descubrir parajes que menospreciábamos, sentir nuestros cuerpos activos con el rostro al viento, dejarse mecer por los rayos de sol y las gotas de lluvia, fundirse en el rumor de las olas y embelesarse con la danza traviesa de los colibrís?”

¿La danza traviesa de los colibrís?

¿Los colibrís?

Prefiero el pulpo.     

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¿Quién es... Ignacio Vidal-Folch?
Ignacio Vidal-Folch

Por desgracia nací huérfano, ya que mis padres fueron aplastados por un aerolito un par de años antes de que yo naciese. Esta tragedia me obligó a formarme como autodidacta. De joven lavé platos en el Soho, fuí maquinista en un ballenero, croupier en un casino, músico callejero en la estación Sebastopol del metro de París, y dí tres veces la vuelta al mundo como inspector de hoteles para la cadena Savoy. Enriquecido por tantas experiencias volví a Barcelona, donde he publicado varias novelas y libros de relatos y colaboro con el diario El País y las revistas Tiempo, Jot Down y otras.