Chucky sabe a quién votar

Ignacio Vidal-Folch
9 min

¿A quién votar? El cuerpo nos pide abstención. Pasar de “la gran fiesta de la democracia”. Hace unos días el Govern suspendió los comicios porque con tanto virus suelto corríamos peligro de muerte si nos acercábamos a los colegios el día 14. Pero ahora que los jueces les obligan a celebrarlos, dicen que en realidad no hay peligro ninguno, que todos a votar. Lo que ayer era un peligro mortal hoy es segurísimo.

Este cambio ha sido tan súbito que, una de dos: o antes el Govern mentía para seguir en sus poltronas, o miente ahora, y oculta el riesgo para la salud pública porque no quiere que se pierda ni uno solo de los votos que pueden mantenerlo en el poder. 

En fin, ya sabemos cómo es esa gente. Cuando han mordido la presa no la sueltan ni a bastonazos, como los pitbulls o las hienas. Prefieren morir a golpes que una retirada estratégica. Desde hace ya tiempo algo huele a podrido pero ellos no pararán hasta que lo hayan podrido todo, arruinado, consumido, destruido todo.

Ahora hay que olvidarse de eso y tomar una decisión: abstenerse, o votar a alguno de los partidos democráticos. O sea PP, PSC, Ciudadanos y Vox.

(Sí, Vox. Me dicen que Vox no es democrático. Pero, que yo sepa, ese partido no ha dado, ni intentado dar, ningún golpe de Estado. No han violado la ley, no han burlado la Constitución y el Estatut, ni se han saltado las órdenes del Tribunal Constitucional. No ha enviado a los matones de sus frentes juveniles a acosar, asustar y pegar al enemigo; al revés, es a ellos a quienes agreden los lazis. Los militantes de Vox no han cortado el tráfico en aeropuertos, estaciones ferroviarias ni autopistas, ni incendiado la ciudad, ni agredido a nuestros policías. No hacen desfiles de antorchas. Cosas que sí hacen la CUP y las juventudes de ERC, partidos que, junto con las diferentes cepas de Convergència, configuran la verdadera extrema derecha catalana…)

Así pues, ¿a quién votar? ¡No quisiera equivocarme!... Estaba meditando intensamente en ello cuando se despertó Chucky, el muñeco diabólico que habita en mi interior, y dijo:

–Déjate de cavilar chorradas, man, saca el coche y llévame al Camp Nou.

 --¿Al Camp Nou? ¿Y qué quieres hacer allí, Chucky? ¿Hay partido de fútbol?

(Creo haber explicado alguna que otra vez que no es cierto que dentro de cada uno de nosotros viva un niño al que debemos cuidar, como dicen los cursis; lo que hay es un muñeco diabólico. El mío se llama Chucky.)

--No, es que por allí suele rondar la Jenny, una travesti de dos metros contando los tacones, que parece envasada al vacío en su tops y sus shorts de látex rojo, y tengo muchas ganas de empotrarla…

El lector comprenderá que resoplé de indignación.

--En primer lugar, di “transexual”, o “transgénero”, Chucky. ¡Demuestra un poco de respeto por el colectivo LGTBI!...

–No, pero si yo respeto al colectivo, y al abecedario entero; lo que pasa es que me gustaría, a la Jenny… Pero muy respetuosamente, ¿eh? Le doy 70 euracos. ¡Ya me dirás si eso no es respeto!

--¡Ahórrame los sórdidos detalles!

--Oye, si 70 te parece sórdido, redondea tú hasta 100 euros, y a cambio te dejo que mires…

--¡Olvídate, muñeco diabólico! Y olvídate de que te lleve en coche, yo no tengo porqué ser tu cómplice en esas correrías envilecedoras que cosifican a la mujer…

–Ta-ta-ta-ta, mariconsón… ¿Acaso es que te gusta más quedarte aquí, pensando en Cocomocho o en la Geganta del Pi?

–Chucky, por favor te lo pido. Yo estaba intentando llegar a una conclusión política. Decidir a favor de quién ejerzo el sagrado derecho democrático del voto.

--¡La gran cosa! ¡Valiente dilema! Vótala a ella, hombre.

--¿A la Jenny? ¿Se presenta a las elecciones? ¿Por qué partido?

–¡No, tonto, a la geganta!

–¿A la Borràs?

-–¡Si todos sumáis fuerzas es capaz de ganar las elecciones! Recuerda lo que dice el filósofo: “A lo que está muriendo, hay que ayudarlo a morir”. Pues bien: hay que votar a Junts per Catalunya, que es la Cataluña de Pujol, para que arda y se consuma del todo en su propio fuego y que de sus cenizas nazca una nueva Cataluña que, cual ave Fénix…

--Chucky, no te pongas estupendo. ¿Cómo quieres que vote a una señora que, aparte de que sus ideas me repugnan, la van a inhabilitar por desfalco o algo así?

--¡Pero si eso es lo bueno, hombre! Será inhabilitada, y le sustituirá como presidente de la Generalitat el siguiente en la lista: Canadell. Sí, Canadell, ese de las gasolineras que sostiene que Leonardo a Vinci nació en Vilanova i la Geltrú! Nos conviene mucho un tarado así en Palau…

Aquí me puse muy firme:

-- Sin insultar, Chucky. Las cosas se pueden decir de muchas maneras sin necesidad de ofender. En mis artículos no se llama “tarado” a nadie. ¡Se respeta al adversario!

Puso cara de angelote sorprendido, pero en seguida se le escapó una risita maquiavélica muy desagradable:

 --Tú calcula: a diferencia de Borràs, que promete cosas que se guardará mucho de hacer, ese oligofrénico…

--¡Chucky! ¡Respeto!

--… quiero decir: esa persona con discapacidades intelectuales… o mejor dicho, con “capacidades diferentes”…

Asentí muy complacido:

--Así se habla, sin insultar, Chucky, sin insultar; muy bien, muy bien, con corrección política.

–…ese señor Canadell, te decía, tiene tan pocas neuronas como un guarà, o “ruc català”, y seguro que la lía parda. Lo mismo te declara la DUI, o decreta la expulsión de los que hablen en castellano, como el exterminio de todos los García que ofendan con su ordinario apellido la sagrada tierra de Girona… En fin, algún disparate que no deje al Gobierno de la Nación más alternativa que volver a aplicar el 155. Pero esta vez, indefinido; y esta vez se interviene TV3%, se llama a capítulo a los jefazos de la prensa… y Cataluña está salvada.

Esta vez fui yo el que soltó la carcajada.

--¡Mira que eres cándido, Chucky! ¿Cómo se te ocurre que el señor Pedro Sánchez le vaya a aplicar el 155 a quienes le ayudaron a tumbar a Rajoy, le aprobaron los Presupuestos y le mantienen en la Moncloa?... Ay, Chucky, que tú tampoco eres tan listo como te crees.

No sé qué cosas confusas renegó bajito, pero oí algo de “hijo de la gran”, y “esto de la política es un…”. Luego resopló muy fuerte, y cambiando a otro tono más amable, me preguntó:

--Bueno, ¿qué? ¿Me llevas al Camp Nou o qué? Va, porfaaaa… 

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¿Quién es... Ignacio Vidal-Folch?
Ignacio Vidal-Folch

Por desgracia nací huérfano, ya que mis padres fueron aplastados por un aerolito un par de años antes de que yo naciese. Esta tragedia me obligó a formarme como autodidacta. De joven lavé platos en el Soho, fuí maquinista en un ballenero, croupier en un casino, músico callejero en la estación Sebastopol del metro de París, y dí tres veces la vuelta al mundo como inspector de hoteles para la cadena Savoy. Enriquecido por tantas experiencias volví a Barcelona, donde he publicado varias novelas y libros de relatos y colaboro con el diario El País y las revistas Tiempo, Jot Down y otras.