Cacerolas versus 'Mediterráneo'

Ignacio Vidal-Folch
10 min

Quién iba a imaginarse que Mediterráneo, la lírica canción de Joan Manuel Serrat, que según una reciente votación entre los músicos españoles es la mejor, o la más querida, de cuantas se han compuesto y cantado durante las últimas décadas… quién iba a imaginarse que por culpa del contexto político se convertiría en una hímnica canción protesta.

Recapitulo: Días atrás, estando en Chile, Serrat declaró que el referéndum de independencia ilegalmente convocado por el presidente de la Generalitat no tiene legitimidad. De inmediato le pusieron verde las redes. Serrat pasó a ser para los golpistas un traidor, como increíblemente lo había sido meses atrás, Raimon.

Me llamó un amigo y me dijo que en el edificio en el que vive --en un barrio burgués: en los barrios populares pasan otras cosas-- la mitad de los vecinos montaron una cacerolada, mientras la otra mitad puso a sonar en sus tocadiscos Mediterráneo a toda potencia, como reivindicación de un cantante querido y de una canción sin referencias patrióticas de ninguna clase pero que muchos españoles sienten como patrimonio sentimental. Tal como los franceses se reconocen --o se añoran-- en Douce France de Trenet, por más que Francia no sea siempre dulce. Más bien agridulce.

Serrat pasó a ser para los golpistas un traidor, como increíblemente lo había sido meses atrás, Raimon

Se me ocurrió que muchos ciudadanos de Castilla, de Madrid, de Asturias, de todas partes, que siempre habían tenido la modesta satisfacción de considerarse compatriotas de Gaudí, de Serrat, de Pla, y hasta de Llach, y hasta del Barça, y de haber accedido a la modernidad industrial a través de los parientes que emigraron a trabajar en las fábricas catalanas, cuyos tejidos les vestían a ellos, cuyas sábanas vestían sus lechos --entre otras cien mil referencias que les ligaban al Mediterráneo y a Cataluña--, han de sentir el separatismo (por sonriente que diga ser, por festivo y chifladito que parezca) como un expolio del patrimonio cultural común y un bofetón en la cara. Todos los nombres que he mencionado a bote pronto, y las cien mil referencias que evocan, ya no iban a ser también "sus referencias", su horizonte mental, una referencia fraternal que les acompañase en el esfuerzo, difícil para todos, de seguir viviendo y con la cabeza alta, sino la propiedad intelectual de una banda de cuatreros --Mas, Puigdement, Turull, etcétera-- y sus depravados votantes.

--¿Te gustan los poemas de José Agustín Goytisolo, capullo zamorano, andaluz muerto de hambre? ¿Te gusta Palabras para Julia? ¡Pues ese poema no lo sientas tuyo, desdichado, porque aunque él nos despreciaba es nuestro!

Es cosa de rufianes.

Parece que aquella noche la confusión del estrépito de la cacerolada con la voz de Serrat a toda potencia era insoportable. Pero duró poco.

Yo, en el momento del ruido estaba muy lejos, afortunadamente.

No aspiro a la originalidad a toda costa, a menudo estoy de acuerdo con la inmensa mayoría; por ejemplo, los versos de Mediterráneo, tan armoniosamente adaptados a su línea melódica, siempre me parecieron, como a todo el mundo, un prodigio emocionante, una palpitación con ecos íntimos.

No podría describir la cadencia acelerada ni la feliz línea melódica de la canción, sino sólo, y apenas, recordar versos o ripios deliciosos como "...a tus atardeceres rojos / se acostumbraron mis ojos / como el recodo al camino”; o "si un día, para mi mal / viene a buscarme la Parca, / empujad al mar mi barca / bajo un levante otoñal...". La verdad, no esperaba que un trovador moderno manejase con tanta soltura la Parca cuando buscaba una rima para barca...

¿Cómo se le ocurrió decir que el mar es como una mujer "perfumadita de brea"? ¿O desear que una vez él haya muerto su cadáver dé "verde a los pinos y amarillo a la genista"? 

Es una composición felizmente inspirada, llena de imaginación y de acertados juegos verbales, y salpicada de referencias gratas, desde Espronceda ("de Algeciras a Estambul" remite obviamente a "Asia a un lado, al otro Europa, y allá en su frente, Estambul”) hasta la Supplique pour être enterré... de Brassens.

Las cacerolas son molestas y monótonas; pero eso, con ser desagradable, opera a su favor, ya que golpear con un palo una superficie metálica está al alcance de cualquiera

Al hilo de canciones tan felices como ésta he pensado algunas veces que es una lástima que la industria musical española esté sometida a letristas, y poetas en general, que son en su mayoría perezosos, intelectualmente limitados o algo peor. Sólo los hubo buenos en la época de la copla. Después... Creo que es un problema estructural, industrial. Creo que tiene que haber en la industria un filtro perverso por el que, por ejemplo, un fenómeno como Raphael, cuyas dotes canoras le hubieran permitido ser atómico si hubiese tenido algo que decir, se ha visto reducido a llorón de amoríos frustrados y a icono de frikis como De la Iglesia, muy simpáticos pero que no está claro si le rinden homenaje o se burlan de él.

La música pop americana abunda, desde luego, en canciones tontas, pero entre un millón de birrias también es pródiga en prodigios poéticos. En el cancionero mexicano, en el peruano y el cubano abundan. Aquí, son excepción.

El filtro industrial que exige que el 99 % de las canciones españolas de hoy sólo enuncien tonterías y lloren emociones primitivas con gramática rota sólo lo superan casos excepcionales; como se los saltó y salta con admirable frecuencia, el compositor de Mediterráneo y de No hago otra cosa que pensar en ti, por mencionar sólo dos perlas, entre las cuales algunos versos de esta última (que dicen, por ejemplo, “busqué, mirando al cielo, inspiración / y me quedé colgado en las alturas, / por cierto, al techo no le iría nada mal/ una mano de pintura”... O "me distrajo un vecino que también / no hacía más que rascarse la cabeza") me cautivan tanto, o más, que los haikús de Basho que comunican el fenómeno general de la naturaleza con la emoción particular, que se ve reflejada en aquel. Es la manera en que opera la poesía. Yo no sé dónde fue a buscar Serrat esos versos, de verdad, ya que cuando habla en público no me parece una persona muy interesante. Quizá es más inteligente cuando está solo, con su guitarra, componiendo. No sería raro. No es raro.

En fin. También es curioso que contra la estridencia de las cacerolas se adopte como himno de resistencia la canción Mediterráneo. Me parece que aquí se plantea un combate desigual, pues en pugnas así unos cuantos cacerolistas en pijama y pantuflas vencerá siempre a la Filarmónica de Massachusetts. Las cacerolas son molestas y monótonas; pero eso, con ser desagradable, opera a su favor, ya que golpear con un palo una superficie metálica está al alcance de cualquiera, y además armar ruido siempre ha sido una gran ambición no sólo española sino propiamente mediterránea. Mientras que hasta la canción más exquisita, que nace de mil dolores y mil felicidades casuales o buscadas, cuando se repite mil veces se hace odiar, y siempre alguien grita: "¡Baja la música!".

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¿Quién es... Ignacio Vidal-Folch?
Ignacio Vidal-Folch

Por desgracia nací huérfano, ya que mis padres fueron aplastados por un aerolito un par de años antes de que yo naciese. Esta tragedia me obligó a formarme como autodidacta. De joven lavé platos en el Soho, fuí maquinista en un ballenero, croupier en un casino, músico callejero en la estación Sebastopol del metro de París, y dí tres veces la vuelta al mundo como inspector de hoteles para la cadena Savoy. Enriquecido por tantas experiencias volví a Barcelona, donde he publicado varias novelas y libros de relatos y colaboro con el diario El País y las revistas Tiempo, Jot Down y otras.

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