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No confundamos democracia con tiranía

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El soberanismo no es precisamente un prodigio de rigor conceptual. Más bien es una operación de márqueting y propaganda, o sea, poco que ver con la fineza intelectual. Por vergüenza ajena, muchos nos hemos retirado de la discusión pública, ya que el nivel de la argumentación deja mucho que desear, y a los charlatanes lo mejor es dejarles que hablen, con la esperanza de que ellos solitos se desacrediten. Pero el callar tiene un efecto nefasto: parece que quien calla otorga.

El refranero tiene esas cosas, dice verdades como puños pero también tonterías de la altura de un campanario. Esta de quien calla otorga es de las segundas. Quien calla no necesariamente otorga, puede hacerlo por mil otras razones: quien calla puede pensar, por ejemplo, que el que habla está loco de atar, o bajo el efecto de psicotrópicos, y que no vale la pena dedicarle ni un minuto, o que hablarle es concederle crédito, o que el silencio es la más elocuente respuesta. Pero el soberanista ante tu pudoroso silencio se cree poseedor de la razón, y si me apuras, de la razón histórica. Da por supuesto el aplauso de las gentes, los papeles, los claustros y hasta los elementos: tierra, aire, agua y... ¡fuego! El nacionalista se ve en la cresta de la ola, qué digo la ola, en el tsunami de la euforia y el fervor de las multitudes. Ríanse con Mas, Homs, Forcadell y tutti quanti.

Pues eso es lo que pasa más o menos con el sintagma "el derecho a decidir es democrático". Cuando mientan (de mentar, no de mentir, que también), cuando mientan ese derecho, lo rodean, lo envuelven y lo atraviesan con la santa democracia, y dale que te pego con lo genuina y absolutamente democrático que es ese derecho. Se lo han creído, se lo creen a pies juntillas. Lo dicen y lo proclaman con tanto aplomo (avergüenza verlos a coro, "sí sí, es democrático"), que hasta gente supuestamente leída se ha tragado el anzuelo con un cebo tan suculento. Dicen que el PSOE no quiso oponerse al "dret a decidir" porque tenía el marchamo democrático..., vaya por Dios. Y así, la exigencia de cumplir la ley, aunque comprensible, se les antoja como algo antidemocrático, algo legal pero ilegítimo, como imponer el reglamento y el tricornio por encima de las ansias de libertad de un pueblo noble y soberano.

Pero hombres de Dios, ¿desde cuándo el derecho a decidir es lo mismo que la democracia? El derecho a decidir del tirano no es democracia, es tiranía. El derecho a decidir sobre lo que no es tuyo no es democracia, es usurpación. El derecho a decidir de Franco era pura fuerza bruta, aunque él lo llamaba democracia "orgánica", sería por sus órganos jurisprudenciales. Todos esos reclamaban y justificaban su particular derecho a decidir. Pero no nos engañemos. El derecho a decidir no es democrático per se: solo es democrático si se corresponden el sujeto que decide y el objeto de la decisión. El qué y el quién. Ahí está la diferencia. Decidir es democrático si decide quien está autorizado y sobre lo que es de su competencia. Yo puedo decidir sobre lo que es mío, no sobre lo del vecino. Si decido sobre la cartera del vecino, soy un carterista. Cuando me detengan por carterista, no podré objetar que "estaba ejerciendo mi derecho a decidir sobre las carteras ajenas".

Pues de eso va el famoso "dret a decir" del soberanismo. Es puro trilerismo, demagogia barata. Cataluña tiene derecho a decidir muchas cosas, pero no una cosa que no es suya: la soberanía y la unidad nacional. Eso nos pertenece a todos los españoles, incluidos los catalanes (pero no por catalanes, sino por españoles). En este caso, el "dret a decidir" es un caso claro de fraude. No le llamen democracia, llámenle por su nombre: tiranía. O más sencillamente: ensarronada.