Publicada

El norteamericano David Lowery (San Antonio, Texas, 1960) nunca se ha forrado con la música, ni se ha hecho famoso gracias a sus canciones, por buenas que sean (que lo son). Pero no se queja. Una base permanente de fans -digamos que menos nutrida que la de Bruce Springsteen- lo ha mantenido a flote desde que publicó su primer disco en 1983 al frente del extravagante combo Camper Van Beethoven (una camper van es una caravana de acampada), de cuya existencia se enteró mucha gente cuando Michael Moore utilizó en el documental Bowling for Columbine su chiripitifláutica canción Take the skinheads bowling (Llévate a la bolera a los skinheads).

Camper Van Beethoven siempre ha sido un grupo de lo más excéntrico, mezclando folk, pop, rock y lo que el señor Lowery define como “falsos sonidos rusos”. El resultado es un producto original y tremendamente divertido tras el que se adivina un potente sentido del humor. Comercialmente, la cosa siempre ha funcionado a medias o, directamente, mal, como pude comprobar a principios de los 90 cuando actuaron en Barcelona y la selecta audiencia la componíamos dos docenas de personas, tirando alto.

Tal vez por eso, Lowery fundó otro grupo, Cracker, recién iniciada la década de los 90, junto a sus dos viejos amigotes Johnny Hickman (guitarra) y Davey Faragher (bajo). Cracker era eso que los anglos definen como un back to basics; es decir, un regreso al rock & roll de toda la vida de Dios que muy poco tenía que ver con Camper Van Beethoven.

Portada del disco de David Lowery, 'Fathers, Sons and Brothers'

No había en Cracker innovación de ningún tipo, ni largos arrebatos de lirismo instrumental, ni mucho menos “falsos sonidos rusos” (Cracker solo ofrecía un pop-rock estimulante, vital y en ocasiones humorístico) . Es extraño que el mismo tipo pueda liderar dos bandas tan distintas, pero así ha sido y tanto los Campers como Cracker continúan actuando esporádicamente, aunque su fundador ya hace algunos años que ha optado por grabar en solitario.

Su último y excelente disco atiende por Fathers, sons and brothers (Padres, hijos y hermanos) y constituye una peculiar autobiografía en 28 canciones. Se ha tirado cinco años alumbrándolo y constituye un completo repaso a lo que ha sido su vida hasta ahora, siempre en tonos plácidos, propios de un folk que flirtea con el country y que opta por el Menos es más: abundan los temas grabados a voz y guitarra pelada porque, francamente, no necesitan nada más.

Triunfar a medias

Lowery explica así este disco doble: “A lo largo de los años, mucha gente me ha animado a que escribiera una autobiografía. Pero eso es algo que nunca me ha atraído. En parte porque parecía que había que aprender una nueva forma de crear, pero principalmente porque hay un arco narrativo standard en todas las autobiografías rockeras de éxito: una infancia dura, una profunda pasión por la música, muchos obstáculos que superar, una lucha permanente por la supervivencia y, finalmente, contra todo lo previsto, el éxito. Y esa no es mi historia”.

Según él, nuestro hombre lo tenía difícil para ejercer de maldito: padres cariñosos que nunca se divorciaron y que siempre apoyaron su carrera musical, primer disco de los Campers radiado ampliamente, lo mismo sucedió con el de Cracker, giras por todo el mundo…Sí, pero la fama, lo que se entiende por fama, no llegó nunca.

Triunfar a medias

Cracker siempre funcionó mejor que Camper Van Beethoven, pero tampoco como para echar cohetes. Los Campers siempre fueron un grupo marginal cargado de talento y grandes canciones que nunca alcanzaron a un público amplio. Cuando los descubrí a finales de los 80, me parecieron lo más original que había escuchado en tiempos, con sus falsos sonidos rusos (o balcánicos, en mi modesta opinión: una mala opción americana, como demuestra el escaso éxito de ese gran grupo de Arizona llamado Devotchka), sus intermedios orquestales, sus sonidos a veces infantiles y su bendita incapacidad, al revés que Cracker, para ser incluidos en alguna categoría musical concreta.

David Lowery nunca fracasó porque siempre ha ido tirando. Algunos creemos que Camper Van Beethoven debería ser considerada una de las mejores bandas independientes de Estados Unidos, pero parece que no somos suficientes para lograrlo. Podemos recordarlos con el último disco de su líder, este extenso Fathers, sons and brothers que tanto tiene de bello testamento de un hombre que triunfó a medias y cuyos fans, aunque escasos, nos mantenemos fieles a él y a su obra.