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Santiago Auserón

Diría que el rockero es nuestra mayor rareza musical y espero que lo siga siendo durante muchos años

'Vagamundo', de Santiago Auserón
'Vagamundo', de Santiago Auserón

Conocí a Santiago Auserón (Zaragoza, 1954) en 1980, cuando Radio Futura actuaron en Barcelona como teloneros de Elvis Costello. Acababan de publicar su primer álbum, Música moderna, del que posteriormente renegarían, aunque a mí me pareció en su momento (y me lo sigue pareciendo) una obra juvenil admirable por su extraña mezcla de talento en bruto y desfachatez. Puede que el grupo fuese manipulado por la discográfica, que intentó buscarles un público de adolescentes. Puede que Santiago aún no fuera el estupendo cantante en el que se convirtió después y que los músicos a duras penas supieran tocar sus instrumentos, pero Música moderna tuvo (y conserva) un encanto especial en el contexto de todo lo que dio de sí la Movida Madrileña, cuando cualquiera se atrevía a formar una banda de rock (siguiendo el ejemplo de los Sex Pistols) e importaba más la actitud que el talento o la maestría musical. En ese disco, el artista conceptual Herminio Molero interpretaba el papel de Brian Eno en los dos primeros álbumes de Roxy Music, aportando los ruidillos de sus sintetizadores y el look menos rockero que imaginarse pueda: con sus gafas y su calva y su vestimenta de profesor chiflado y sus años de más, rompía tal vez la trabajada imagen del grupo, pero le añadía un punto de excentricidad que se reveló de lo más eficaz. En cierta medida, Música moderna incluyó hasta himnos adolescentes como Enamorado de la moda juvenil o Divina (que era una excelente versión del clásico de Marc Bolan Ballrooms of Mars, pero parecía un tema propio), así como rarezas en letra y música como La máquina (la estrofa Hizo falta más sangre para poder escaparse de la máquina ponía los pelos de punta).

Pasaron cuatro años hasta que Radio Futura grabó la que para mí sigue siendo la mejor entrega de su, en el fondo, breve carrera (algo menos breve en años que en discos), La ley del desierto/La ley del mar, precedida por un single con la que considero una de las mejores canciones del pop español de todos los tiempos, La estatua del jardín botánico, en la que detecto las benéficas influencias de gente como David Bowie, Bryan Ferry o John Foxx. Es un tema magnífico y una muestra clara de por dónde iban a ir los tiros tras la desaparición musical de Herminio Molero y la toma de poder definitiva por parte de Santiago, siempre muy bien respaldado por su hermano Luis al bajo y Enrique Sierra a la guitarra (que en paz descanse).

Santiago Auserón fue el líder más inusual de un grupo de rock español. Licenciado en Filosofía por la Complutense de Madrid, amplió estudios en la parisina universidad de Vincennes, donde tuvo como profesor a Gilles Deleuze. Bastaba cruzar cuatro palabras con él para comprobar que tenía un plan en la cabeza a la hora de abordar la música pop y que no era otro de tantos simpáticos analfabetos seducidos por el rock que aprovecharon la época para lanzarse al ruedo a tontas y locas. Su acercamiento al pop estaba más cerca del de maestros como Bowie o Ferry, de esa gente, lamentablemente tan escasa, que ha intuido la posibilidad de mover el rock hacia una variante sonora del arte contemporáneo. A Santiago le sobraba rigor en una época en la que tan necesario ingrediente no abundaba. Y se tomaba muy en serio lo que hacía, empezando por las letras de sus canciones, que, sin incurrir en la pedantería, solían ser de una hondura inaudita en el entorno en que se producían. No siempre se entendían, pero daba lo mismo, como demuestra una de sus pequeñas obras maestras, Escuela de calor.

Cuando vio que con Radio Futura ya no había mucho más que añadir, Santiago Auserón mutó en Juan Perro, se interesó por los ritmos latinos y su posible mezcla con los anglosajones, se adelantó a Ry Cooder a la hora de marcarse una antología del son cubano (aunque el gringo monetizó mucho más su iniciativa del Buena Vista Social Club) y dio inicio a una estimulante hibridación de sonidos que se mantiene a día de hoy y se renueva constantemente. A mí me parece uno de los tipos más serios, rigurosos e interesantes que ha dado la música popular española en toda su historia, sin descuidar la faceta esencialmente divertida que siempre ha distinguido al rock & roll (el disco a medias con su hermano Luis en el que ofrecían versiones en español de clásicos anglosajones, Las malas lenguas, es ejemplar en ese sentido). Y desde un punto de vista estrictamente personal, aunque hace mucho que no me cruzo con él, lo recuerdo como un señor muy simpático, muy culto y de una conversación siempre interesante, aunque nos tratáramos en una época en la que ambos bebíamos más de la cuenta.

Conceptualmente, yo diría que Santiago Auserón es nuestra mayor rareza musical y espero que lo siga siendo durante muchos años.