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El termómetro editorial de Madrid, ¿en forma?

La Feria de Madrid cierra con cifras de ventas excepcionales. La escasez de papel, la inflación y el inminente incremento del precio de los libros contrasta con el optimismo de esta 81ª edición

Lectores en la Feria del Libro de Madrid
Lectores en la Feria del Libro de Madrid

Tras dos años marcados por la pandemia y las medidas sanitarias que alteraron la vida cotidiana, la Feria del Libro de Madrid cerró este domingo su 81ª edición, que se ha caracterizado por la normalidad. La cita madrileña ha vuelto a celebrarse como siempre la habíamos conocido. El control sobre el aforo, la limitación de expositores y la polémica isleta central donde fueron ubicadas –“a dedo”, se dijo– muchas editoriales independientes han pasado a la historia.

La imagen del certamen del Retiro ha sido la tradicional. Si hubiera que destacar alguna novedad, la encontramos entre bambalinas: por primera vez la feria ha estado dirigida por una mujer, Eva Orúe, profesional del mundo del libro con mucha experiencia. Orúe ha conseguido igualar la cifra de visitantes del 2019 –ese año acudieron 2,3 millones de visitantes– y consolidar la diversidad bibliográfica y editorial perdida. El incremento de ventas, según la organización, ha supersdo el 10% con respecto a la última edición ordinaria.

El esfuerzo económico y la visibilidad editorial

La Feria de 2022, planteada con criterios ambientales, ha limitado el espacio del Retiro ocupado por las casetas, corriguiendo el modelo de la década anterior, gracias a una reducción de la superficie de los expositores editoriales –de cuatro a tres metros–, que además en muchos casos han acogido a dos o más sellos, que compartían los gastos. Para cualquier editoral, estar en Madrid supone tener que hacer frente a una inversión que no siempre cubren o recuperan en su totalidad. Muchas participan en el certamen a pesar de que las ganancias no equivalgan a los gastos para darse a conocer.

De ahí las quejas del pasado año por la isleta de la discordia, una decisión que hizo que las editoriales ubicadas en esta zona –invisible para los lectores– vendieran sólo un 30% mientras los sellos bien situados apenas vieron reducidas sus ventas un 14% de media. Esta edición el precio de una caseta alcanzaba los 2.100 euros, cantidad a la que hay que sumar otros gastos –la colocación de los libros, el personal que atiende en los visitantes– que sitúan el desembolso global entre los 3.000 o los 4.000 euros. El modelo de la caseta compartida se ha impuesto en muchos casos. “De todas maneras” –comenta Juan Casamayor, editor de Páginas de Espuma, “las ganancias de los editores en la Feria son directas. Es una liquidez inmediata debida a la venta directa, sin la participación de las librerías ni de los distribuidores”.

El editor de Páginas de Espuma, Juan Casamayor, en Madrid / YOLANDA CARDO.
El editor de Páginas de Espuma, Juan Casamayor, en Madrid / YOLANDA CARDO.

En algunos casos, sin embargo, los ingresos obtenidos no logran sufragar todos los gastos. Por eso las pequeñas y medianas editoriales insisten en que uno de los factores determinantes a la hora de estar en Madrid –además de las ventas– es la visibilidad. Para algunos editores, esta aspiración choca con la exigencia de la dirección del certamen de que únicamente estén en el Retiro los sellos con una programación mínima de seis libros anuales en 2021. Un requisito que ha dejado fuera proyectos interesantes, como ha sido el caso de Es Pop Ediciones, cuyos responsables se han mostrado disconformes con dicha medida en un contexto condicionado por los dos años de pandemia, que supusieron, igual que en otros sectores económicos, un descenso de la producción editorial. Casi todos los sellos retrasaron sus lanzamientos. Muchos redujeron sus títulos. Casamayor: “La diversidad de la Feria depende de la presencia y la variedad de las editoriales”. ¿Qué sentido tiene dejar fuera del Retiro a los sellos pequeños que presentan títulos con un criterio mucho más selectivo?

Ganas de Feria: el público y las expectativas

Este año había ganas de Feria. Las obras de narrativa siguen siendo el género más vendido en Madrid, aunque los libros ilustrados y el cómic han consolidado su tendencia al alza, en especial entre el público más joven. La afluencia de público ha sido equivalente a las cifras de 2019. Los dos primeros fines de semana son las jornadas más potentes, aunque “este año entre semana también ha ido bien”, explica Miguel Aguilar, editor de Literatura Random House y responsable de los sellos Taurus y Debate.

Miguel Aguilar / @JMSANCHEZPHOTO
Miguel Aguilar / @JMSANCHEZPHOTO

En efecto: la satisfacción es la nota común de la mayoría de las editoriales que, tras el descenso de ventas de la edición anterior, han visto cómo la facturación retornaba a la normalidad previa a la pandemia. Silvia Sesé, editora de Anagrama: “Las ventas son similares a las de 2019”. Aguilar lo avala: “durante el primer fin de semana todo estaba yendo muy bien”. Casamayor concreta: su sello ha recaudado en las dos primera semanas un 34% más que el año pasado, “si bien hay que tener en cuenta que el último fin de semana siempre es un poco más flojo”.

Para Páginas de Espuma, este año “ha sido el mejor de nuestra historia con unas ganancias de 25.000 euros, por encima de la media habitual”. Optimismo similar muestra Alpha Decay. Su editora, Julia Echevarría, hace idéntico balance con la salvedad de que, en esta edición, han contado con menos espacio, al tener que compartir su caseta con los sellos Gatopardo y Ediciones del Kultrum.Hay, no obstante, matices. “A todas las editoriales no les ha ido igual”, advierte la responsable de Alpha Decay.

Las ganancias de la Feria –explica– dependen en muchos casos de los autores y del ritual de las firmas. “Contar con autores y firmas potentes es un factor determinante”, dice Juan Casamayor, que tuvo en su caseta a la escritora argentina Mariana Enríquez, autora de Anagrama. “Casi no me lo podía creer: hubo una cola larguísima, se tuvo que acordonar la zona y, en un momento dado, tuvimos que anunciar que Mariana no iba a firmar más libros; de lo contrarío, se hubiera quedado a  ormir en el Retiro”.

La escritora argentina Mariana Enríquez en Barcelona / LENA PRIETO
La escritora argentina Mariana Enríquez en Barcelona / LENA PRIETO

El asombro de Casamayor contrasta con las habituales colas de lectores que buscan a escritores como los que se ocultaban hasta el último Premio Planeta detrás del pseudónimo de Carmen Mola, Santiago Posteguillo o Julia Navarro, por no hablar de los rostros mediáticos o de los influencers auspiciados por los grandes grupos editoriales que –como también sucede en Barcelona con Sant Jordi– suponen los beneficios más importantes para los distintos sellos de Planeta y Penguin Random House.

El debate sobre la subida de precios

El aumento de las ventas en Madrid es un buen termómetro de un sector que ha logrado recuperarse tras dos años particularmente difíciles. La tendencia positiva comenzó a hacerse patente en las ferias del libro americanas de Bogotá y Buenos Aires, donde  los visitantes aumentaron y las ventas crecieron un 50%. Madrid confirma esta coyuntura. La incógnita es qué va a suceder a partir de ahora.

El debate que está sobre la mesa es el posible aumento del precio de los libros que algunas editoriales –no todas– creen un hecho inevitable, aunque en la Feria madrileña no se ha consumado. ¿Aumentará el precio de los libros debido a la subida de un papel que, además, cada vez es más escaso? No hay una respuesta inequívoca a esta pregunta. Parece difícil que la subida de la inflación no cambie el sector, pero entre los editores hay división de opiniones. La gran pregunta está sobre la mesa: ¿Un hipotético encarecimiento del libro hará descender las ventas o se impondrá la lectura sobre los condicionantes económicos?