Menú Buscar

La España medieval en el cine más allá del franquismo

Personajes femeninos, historias sobre vascos y canarios y la intención de abrir la mano en el desarrollismo caracterizan el cine español sobre la edad Media

Samuel Bronston con el actor Charlton Heston y el historiador Ramón Menéndez Pidal en el rodaje de 'El Cid' / ZENDA
Samuel Bronston con el actor Charlton Heston y el historiador Ramón Menéndez Pidal en el rodaje de 'El Cid' / ZENDA

Siempre me ha llamado la atención la fascinación que han suscitado en el cine determinados personajes femeninos que emergieron como protagonistas de películas en pleno franquismo, cuando ni remotamente se podía concebir el interés que hoy tiene la historia de la mujer. Pondré algunos ejemplos. Inés de Castro fue una noble gallega de la primera mitad del siglo XIV, amante del infante Pedro de Portugal y asesinada por orden del padre de éste, el rey Alfonso IV. Pedro, tras su muerte, declaró la guerra a su padre y cuando fue rey, mandó desenterrar a Inés, la sentó en el trono y la proclamó reina post mortem de Portugal. El tema sentimental daba juego (la obsesión de un amor imposible y la extravagancia inútil posterior) y efectivamente en 1944-1945 se rodó la película Inés de Castro. Reinar después de morir, codirigida por el español Augusto García Viñales y el portugués José Leitão do Barros. El trasfondo político de la coproducción era bien patente: la buena relación del salazarismo con el franquismo y el sueño iberista ya que Inés de Castro era la gallega que, supuestamente, pudo contribuir a la unión ibérica. Los intereses del franquismo por el cine histórico fueron evidentes. Una autoridad franquista decía con motivo del rodaje de la película: “el ser de España ofrece profundas inspiraciones”.

En la misma línea política se rodó en 1947 la película Reina santa, interpretada por Maruchi Fresno y dirigida por Rafael Gil. El personaje histórico era Isabel de Aragón, española que fue reina de Portugal a comienzos del siglo XIV, hija del rey Pedro III de Aragón y casada con el rey Dionís de Portugal. Reina tan religiosa que fue beatificada en 1516 y canonizada en 1625. La película era un homenaje a la santa y al mismo tiempo servía para reforzar el iberismo. Otro personaje femenino que generó la película consiguiente fue María la brava, película interpretada por Tina Gascó y dirigida por Luis Marquina en 1948 y que en torno a la viuda-coraje María Rodríguez de Monroy, alias la brava, abordaba las guerras nobiliarias en Castilla con el condestable Álvaro de Luna, valido de Juan II, en el siglo XV, como malo de la película. Sobre el personaje histórico femenino escribió Pilar Eyre una novela y sobre Álvaro de Luna acaba de escribir Agustín García Simón un libro extraordinario: La tragedia de un precursor (Marcial Pons).

Distantes del discurso oficial franquista

Sobre el ámbito castellano en la época medieval se produjeron también películas como El valle de las espadas de Javier Setó (1963) en la que el protagonista histórico, el conde Fernán González era interpretado por Espartaco Santoni, o Pedro el Cruel en el mismo año citado, dirigida por Ferdinando Baldi, con Mark Damon interpretando a Pedro I enfrentado a su hermano Enrique II de Trastámara. Se trata de un cine histórico realizado en el marco del último franquismo, con la épica ya enterrada. Me interesa destacar que, en el contexto del primer franquismo, paralelamente a las pulsiones del cine histórico tradicional español, se produjeron películas que tenían poco que ver con el discurso oficial franquista y que convirtieron en iconos a mujeres que servían más bien para glosar nacionalismos alternativos como el vasco en Amaia (1952) o el canario en Tirma (1954).

Cartel de la película 'El valle de las espadas' / HISTORIA DEL CONDADO DE CASTILLA
Cartel de la película 'El valle de las espadas' / HISTORIA DEL CONDADO DE CASTILLA

La primera es una película dirigida por Luis Marquina y basada en una novela de García Villoslada (1879). Se tituló Amaia o los vascos en el siglo VIII, en tanto que aborda la guerra entre vascos y godos con la tal Amaia descendiente del patriarca Aitor. La otra es una coproducción hispano-italiana, dirigida por Paolo Moffa y Carlos Serrano de Osma, que sublima el mundo guanche canario. La actriz presuntamente guanche era Silvana Pampanini y el oficial español era Marcello Mastroianni, con la canaria condenada a elegir entre el invasor español y el guerrero aborigen (Gustavo Rojo). Igual que años después en Carmen la de Ronda, Sara Montiel tenía que optar entre el francés Maurice Ronet y el español Jorge Mistral, en plena Guerra de la Independencia.

Comienzo del desarrollismo

Obviamente, el gran eje sobre el que gira la España medieval es don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. Fue Anthony Mann en 1961, a la sazón, entonces marido de Sara Montiel, el que dirigió la película El Cid, producida por Samuel Bronston y rodada en múltiples lugares de España, en especial Peñíscola, y que supuso una especie de avanzadilla de publicidad turística para España en pleno comienzo del desarrollismo, adobado con el aval legitimador del propio Menéndez Pidal. Interpretado por Charlton Heston y Sofía Loren, la película, desde el punto de vista histórico, era un aluvión de falsedades, pero tuvo excelentes críticas en su tiempo y ha marcado un hito en la memoria de mi generación. El propio personaje histórico de el Cid ha generado otras películas como la del eslovaco Pavol Haspra, una producción televisiva más basada en la obra de Corneille que en el Mío Cid o Las hijas del Cid de Miguel Iglesias (1962), con producción italoespañola rodada al calor de la película de Mann.

Cartel de la película 'Al Andalus, El Camino Del Sol' (1989) / SENSACINE
Cartel de la película 'Al Andalus, El Camino Del Sol' (1989) / SENSACINE

El camino de Santiago generó una singular película de Nieves Conde, Cotolay (1965), que por una vez dejó el cine social para abordar el cine histórico. La épica es cara y en España se ha optado por la ironía sarcástica en vez de la historia. Y ahí están como ejemplos El retablo de Maese Pelos (1976), Cuando Almanzor perdió el tambor (1983) con Antonio Ozores de protagonista o El Cid cabreador (1983) de Angelino Fons. Por último, hay que recordar que el análisis del mundo andalusí ha suscitado escasa atención cinematográfica. Solo puedo evocar la película Al-Ándalus. El camino del sol de Jaime Oriol y Antonio Tarruella sobre Abderramán I. Egipto produjo en 1997 la película El destino, la historia de Averroes. Respecto al ámbito catalán solo merece recordarse aquí la película Don Jaime I el Conquistador de Antoni Verdaguer, en la línea de farsa que comentamos. Las películas más atractivas quizá sean las que se sitúan en un imaginario medieval indeterminado como El caballero del dragón (1985) de Fernando Colomo con Klaus Kinski de protagonista o Mar de Luna de Matji (1995), interpretada Emma Penella.

La Edad Media en el cine español sirvió poco a la historia. Solo alguna serie de televisión o documental ha podido y sabido recuperar el Medievo de su largo silencio histórico. Pero aquí y ahora preferentemente nos referiremos a los relatos cinematográficos.