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Un cómic. Un libro de historia. ¿Cómo conjugar los dos lenguajes? El historiador Julián Casanova lo ha logrado, a partir de su trabajo España partida en dos. Aquel libro, que ahora se reedita al calor de su adaptación al cómic, ha sido guionizado e ilustrado: España partida en dos (Crítica, Planeta Cómic). El resultado es una historia gráfica “en blanco y negro y en grises, con la estética del cine negro norteamericano”, que desea acercar la Guerra Civil a los más jóvenes.

Julián Casanova ha supervisado un trabajo del ilustrador alicantino Carles Esquembre y con un guión del propio hijo del historiador, Miguel Casanova, guionista cinematográfico. “Establecer la conexión del presente con el pasado era muy importante para explicar por qué ha costado tanto sacar a Franco”, señala Casanova, junto a Esquembre, en una entrevista con Letra Global.

Portada del cómic 'España partida en dos', de Julián Casanova y Carles Esquembre Òscar Gil Coy BARCELONA

No hay sucesión de datos o una recopilación de hazañas bélicas. La obra, con dibujos que son primeros planos de película, pretende hacer llegar a los más jóvenes un conflicto que tuvo muchos ángulos, con implicación de la política internacional, con un contexto que arranca con las elecciones que dieron pie a la proclamación de la II República.

Casanova señala la importancia de conectar el pasado y el presente. “Falta capacidad analítica, en una era digital donde imperan las redes sociales”, asegura el historiador. La intención, por tanto, ha sido la de ejercer de “puente”, en palabras de Carles Esquembre, entre la rigurosidad de la memoria histórica y los nuevos lenguajes narrativos.

La cuestión es que se trata de un cómic, de una historieta gráfica que reconoce el lector adulto, el que creció con esas narrativas. ¿Puede el joven abrazar esos dibujos que funcionan como secuencias cinematográficas? “Creemos que sí, aunque puede suceder que el más mayor lo lea y lo transmita a su familiar más joven, y se establezca ese puente”, señala Casanova, que ha tenido ya esa experiencia en las presentaciones de España partida en dos. “Muchos compradores de la obra la quieren para regalar a sus nietos, y esto está bien, porque hablarán de ello”, insiste el historiador. :

El ilustrador Carles Esquembre y el historiador Julián Casanova Òscar Gil Coy BARCELONA

Esquembre señala que ha seguido con detalle la obra de Casanova. “Llevo leyéndolo muchos años, y el reto era enorme, porque se trataba de convertir un ensayo en un cómic de tal manera que no se convirtiera en una mera sucesión de datos”.

Los capítulos del libro se respetaron por completo, pero introduciendo personajes e interacciones nuevas, con una conexión con el presente, como es el caso de una abuela que, en Barcelona, explica a su nieta el conflicto interno en el gobierno de la República con los anarquistas, muy presentes y activos en la capital catalana.

El propio historiador destaca cómo esta dinámica transformó su propia implicación en el proyecto debido a la originalidad de la propuesta: “Empecé a tener un compromiso muy importante porque me di cuenta desde el primer momento que Miguel iba a hacer una cosa totalmente diferente a lo que yo había visto siempre en el cómic”.

El historiador Julián Casanova, con 'Letra Global' Òscar Gil Coy BARCELONA

Pero, ¿cómo reducir esa España partida en dos en un cómic con un límite de 160 páginas?

Casanova, acostumbrado a recortar textos ante las necesidades editoriales, aporta su perspectiva sobre la dificultad de este proceso para alguien ajeno a la disciplina: “Jerarquizar para saber lo que es relevante, lo que es básico, lo que se puede pasar, eso no siempre es fácil”.

De hecho, Esquembre relata que el primer capítulo se expandió tanto en su desarrollo visual que se vieron obligados a dividirlo: “A lo que Miguel le ocupaba una página, yo luego lo traspasaba a la página de cómic y se convertía en tres páginas. Entonces teníamos que ir cortando y es un proceso de síntesis y de optimización muy complejo”.

El verdadero reto, sin embargo, era otro. En España, hablar de la Guerra Civil implica adentrarse en un terreno abonado para la disputa ideológica. Julián Casanova analiza con lucidez la paradoja que rodea al conflicto: “Esto no es hablar de un cómic de historia, sino de la guerra civil, que en España significa un gran abanico de posibilidades de historiografía en los últimos años y a la vez, paradójicamente o no, un montón de ruido de memorias y ruido político con el uso de eso”.

Ante esta tesitura, el objetivo del libro gráfico era nítido: lograr que el lector comprendiera el conflicto de forma creativa e imaginativa, superando el histórico déficit de comunicación que, según el historiador, ha arrastrado la academia española..

El cómic 'España partida en dos', de Julián Casanova y Carles Esquembre Òscar Gil Coy BARCELONA

La apuesta del blanco y negro es clave. El cómic renuncia a la espectacularidad de los disparos para centrarse en el impacto humano y social. Carles Esquembre explica que la sintonía cinematográfica con el guionista determinó la estética de la obra: “Lo que estaba claro es que queríamos huir de lo épico. Y de la hazaña bélica. Queríamos utilizar mucho la fuerza del símbolo y la imagen”.

La elección cromática responde también a una inmersión documental y emocional en la época: “El tema del blanco y negro y el gris era clave, porque como decimos muchas veces, es que es una España en blanco y negro y en grises”.

Casanova respalda plenamente esta decisión estética y conceptual, recordando que el foco de la Guerra Civil —y de los conflictos modernos— no pertenece únicamente a los militares: “Hay que recordar que en la Segunda Guerra Mundial tres cuartos de los muertos son civiles que no mueren en batallas. La guerra civil española ya marcó un punto de inflexión en el que prácticamente de los 600.000 muertos, 200.000 fueron claramente de represión”.

Viñetas del cómic 'España partida en dos' Òscar Gil Coy BARCELONA

Por ello, el ensayo gráfico otorga un peso fundamental a la violencia, a la dimensión internacional —con las intervenciones de Hitler, Mussolini y Stalin— y a la crudeza de la posguerra. Casanova es tajante sobre ello, al señalar que la posguerra fue “la continuación de la guerra por otros medios”.

La obra utiliza recursos narrativos audaces para anclar la historia en la actualidad. Uno de los pasajes es el paseo de una abuela y su nieta por Barcelona, un recurso propuesto por el guionista que entusiasmó al ilustrador: “En el cómic puedes hacer que la abuela y la nieta estén paseando en los años 2000 por la Rambla, pero te los puedes llevar a los años 30 fácilmente mediante dos dibujos”, apunta Esquembre.

A través de este diálogo aparentemente insignificante, el lector asimila conceptos tan complejos como las colectivizaciones de la CNT, la figura de Negrín y el "sueño igualitario".

Una de las claves, sin embargo, es el propio inicio del cómic. Arranca de forma impactante conectando con la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos. Casanova recuerda que fue una petición suya a la editorial para explicar el arraigo del conflicto en la sociedad actual.

La escena inicial, ideada por Miguel Casanova, sitúa a dos limpiadoras en el Congreso de los Diputados mientras por el cristal se vislumbra el helicóptero y la Cruz de los Caídos. Una potente metáfora visual que, como explica Esquembre, se inspira en el lenguaje cinematográfico actual: “Miguel y yo hablamos mucho del final de la película de La zona de interés. Me encantó esa comparación. Mostrar años después esa conexión de presente y pasado”.

El historiador Julián Casanova, con 'Letra Global' Òscar Gil Coy BARCELONA

Julián Casanova se muestra encantado de esa solución. “Establecer la conexión del presente con el pasado era muy importante para explicar por qué ha costado tanto sacar a Franco del Valle de los Caídos y todo lo que implicó”.

El debate sobre la recepción de la obra lleva inevitablemente a la situación actual en las aulas y a la alarmante pérdida de hábitos de lectura prolongada entre los jóvenes. Casanova analiza la transición hacia la era digital sin caer en la nostalgia de los profesores universitarios: “Lo que ha cambiado es la forma de leer. Nadie va a leer ya la fenomenología del espíritu de Hegel”.

Sin embargo, alerta sobre la preocupante pérdida de profundidad crítica frente al consumo rápido de contenidos: “El tema fundamental es leer críticamente que es lo que no se hace ahora. No hay poso porque no hay mente analítica. Yo creo que el tema fundamental es que no hay mente analítica”.

En este contexto, el cómic se convierte en un aliado inesperado pero sumamente eficaz. Aunque el público que adquiere el libro inicialmente es el lector habitual de historia, el abanico se está abriendo de forma intergeneracional. Muchos abuelos lo compran para sus nietos, y los docentes de secundaria lo están introduciendo con éxito en las aulas.

Esquembre constata esta tendencia basándose en sus trabajos previos: “Sé que los docentes utilizan mucho mis cómics para introducir a según qué figuras en clase y este cómic creo que va a funcionar muy bien en centros de secundaria”.

¿Primará ahora el cómic sobre el libro del mismo título o se verán beneficiados los dos formatos?

El éxito de la novela gráfica ha impulsado las ventas del ensayo original de Julián Casanova, demostrando que el arte de la ilustración puede ser la puerta de entrada perfecta para recuperar el rigor, la reflexión y, sobre todo, la memoria histórica que las redes sociales amenazan con fragmentar.