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Textos robados por otras disciplinas, interpretados o manoseados. Historias que deben ser recuperadas y leídas de otra forma. Si las sociedades son capaces de hacerlo, de volver a contar con los clásicos, entenderán que la vida la debemos aceptar como un gran contenedor donde está todo, el placer y el dolor, las victorias y las derrotas, la identidad y la carencia.

El escritor Alejandro Gándara (Santander, 1957) ha contado con todos ellos, con los textos de la Biblia, con los sabios griegos, con Kafka y con Sherwood Anderson. Se trata del libro Los textos robados a la felicidad, 22 historias para vivir sin miedo, una obra con la que ha ganado el IV Premio de Ensayo Eugenio Trías, que edita Galaxia Gutenberg.

Gándara defiende el camino, valorar lo que se alcanza y se pierde en ese lapso hacia la muerte. Y por ello desconfía de los que se muestran obsesionados con la inmortalidad, como los grandes gurús tecnológicos de Silicon Valley, que invierten enormes sumas de dinero para alcanzar la inmortalidad, el caso de Elon Musk o Peter Thiel.

En esta entrevista con Letra Global, horas después de la presentación del libro en Barcelona, en la librería Laie, el escritor, autor de Ciegas esperanzas, Últimas noticias de nuestro mundo, o La sombra del arquero, sentencia: "Los gurús tecnológicos de Silicon Valley que buscan la inmortalidad son retrasados mentales".

Gándara huye de los libros de autoayuda, que “ayuda realmente a quienes los escriben”, bromea, con la idea de que ganan dinero con la venta de obras que, en realidad, no pueden dejar satisfecho a quien espera que sus problemas se solucionen.

Portada del libro de Alejandro Gándara

Lo que plantea el escritor es recuperar la potencia de textos clásicos, que no ofrecen falsas esperanzas. Destaca las historias de la Biblia y de los pensadores griegos. “En gran medida, la literatura y el pensamiento antiguos tuvieron por cometido pintar la crudeza de nuestra existencia sin abalorios ni mentiras piadosas. Había que educar en la frágil condición humana y en las duras circunstancias en que se desenvolvería”, señala en el libro.

Respecto a la Biblia, considera que expone las desgracias del ser humano sobre la tierra, y que evita las falsas esperanzas. “El triunfo consiste en elevarse sobre la calamidad, no en que no suceda”, insiste Gándara.

La palabra tiene una fuerza descomunal. Y se debe saber apreciar ese poder. Gándara recupera el texto de Kafka, Ante la ley. Porque, ¿de verdad era el guardián el que no dejaba entrar al campesino? Para Gándara son las palabras del guardián las que provocan que el campesino no entre. “Y ahora ya sabemos cuál es la ley que guarda esa puerta: la autoridad de las palabras. Una autoridad que solo les concede el hecho de creer en lo que dicen, en lo que ordenan, en lo que imponen”.

Entonces, ¿cuál es el poder de las palabras? “La única forma de poder es aquella que nosotros aceptamos como tal. El poder es un poder siempre aceptado por otros, si no, no existe ese poder. Habría un conflicto, pero no poder. Los símbolos hay que aceptarlos para poder obedecerlos”, constata el escritor.

El escritor Alejandro Gándara, autor de 'Los textos robados a la felicidad' ©Jeosm

Esa lucha que es, en realidad, muy contemporánea, la lucha por alcanzar la felicidad, es algo que deberíamos superar. Gándara indaga en ello a través de los textos escogidos. Considera que encontrar algo parecido a la felicidad es, en realidad, la aceptación de que la vida está hecha a partir de las dificultades. Seguiremos, pese a todo, nuestro camino.

Pero, ¿sería eso propio de la resignación, y, por tanto, tendría un cierto significado negativo? “La resignación es no estar de acuerdo con lo que te ocurre o pensar que es malo y, en consecuencia, toca aguantar. Pero la aceptación es diferente. Es saber que esas cosas ocurren, que no son malas ni buenas, son indiferentes moralmente y que tu obligación es tener que hacer algo con eso”, precisa Gándara.

Las civilizaciones han tratado esas cuestiones de diferente modo. Para el escritor, los griegos externalizaron esas certezas a través del arte, de la filosofía, del teatro. El pueblo judío, en cambio, miró hacia dentro, interiorizó lo que ofrecía la vida a partir de una lectura permanente de la Torá. Mirar hacia fuera o hacia dentro.

Para Gándara, “la aceptación es productiva. No es construir ideales sobre las cosas, sino simplemente tratar con ellas tal como son”.

El escritor interpreta con esa óptica las palabras del Génesis, de Edipo, la Historia de José, Diotima, Kafka, Epicuro, Antígona, Safo, Platón, Job, o el Eclesiastés a partir de tres grandes bloques: Las palabras, el poder; Ideales, realidades, y Temores, castigos.

Surge en la conversación el significado de la muerte, y la obsesión por la inmortalidad, que protagonizan en los últimos años los gurús tecnológicos de Silicon Valley, como Elon Musk o Peter Thiel, que, además, defienden proyectos totalitarios, con el único referente de la innovación y la productividad.

Alejandro Gándara cree que el mortal “no se vuelve dichoso creyéndose o esperando ser inmortal, sino obteniendo de su mortalidad todo lo que ella pueda darle: placer, superación, valor, conocimiento, amor. Sin muerte en el horizonte, la vida no entregaría ninguno de esos dones”.

Desde esa perspectiva, el que quiera alcanzar la inmortalidad no es consciente, en realidad, de lo que podría suponer. Y el ataque hacia esos gurús tecnológicos, por lo que desean alcanzar y lo que han impuesto al mundo, es directo: “Todos los que han generado esta nueva sociedad tecnológica, yo personalmente pienso que son retrasados mentales, con perdón para los retrasados mentales. Viven al margen completamente del pensamiento, del para qué sirven las cosas”.

¿Nos hemos dejado arrastrar de forma muy fácil por esa apuesta tecnológica? “La sociedad les está comprando cosas que no debería haberles comprado nunca”, sentencia. Y respecto a la inmortalidad, “no creo que la desee nadie. Al cabo de unos cientos de años de padecer la propia memoria, los dolores o las separaciones, nadie querría vivir todo ese tiempo”.

Pero, ¿qué se ha conseguido con todo ello? “La tecnología se ha impuesto como un modelo de vida, y resulta una intermediación separadora que trae una mayor soledad”, asegura Alejandro Gándara.

La apuesta del escritor, que ofrece al lector en el IV Premio de Ensayo Eugenio Trías, es revolucionaria. Pide retomar los clásicos. Leerlos, interiorizar la fuerza de las palabras. Pero eso ya no forma parte de los sistemas educativos:

“Se necesita cambiar completamente la estructura de la educación: no educar a la gente para que sea empleada, sino para que pueda pensar sobre sus cosas y pueda elegir”.

Gándara escribe sobre Platón, sobre la ciudad ideal. ¿Es aconsejable ese idealismo con el que lo pensamos todo? ¿O lo que importa es el camino, lo que vamos experimentado en ese camino hacia una posibilidad?

Alejandro Gándara se aleja del idealismo:

“Todo el pensamiento antiguo tiene que ver con el camino hasta Confucio mismo. Las metas son representadas en tu cabeza de forma inevitablemente ideales, pero no las has experimentado nunca. Es como el famoso dicho: ten cuidado con lo que deseas porque lo puedes conseguir. Entonces, de lo que se trata es que, en busca de ese ideal, que esperamos que no se realice nunca, vamos avanzando con nuestras tareas cotidianas y con nuestro entorno. Hay que prestar atención al camino. Si solamente prestas atención a los propósitos, acabas en el pangermanismo".