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Tres series documentales basadas en crímenes reales

Este tipo de productos audiovisuales está teniendo mucho éxito en plataformas como Netflix o HBO

Manuel Martínez Sánchez

Las cintas de Ted Bundy, series documentales / Netflix
Las cintas de Ted Bundy, series documentales / Netflix

Uno de los programas que han puesto de moda las plataformas de contenido bajo suscripción ha sido las series documentales de true crime. Estas entregas se centran en la vida de un asesino, sus antecedentes y los crímenes que cometió. Además, la mayoría de ellos hacen que el público se introduzca en la mente del criminal y, soprendentemente, empatice con él. De esta forma, todo el mundo que descubre la historia duda por un momento sobre la identidad del culpable, hasta que se emite el capítulo final.

El elemento más característico del género documental es la introducción de imágenes del acusado en el juicio, en la cárcel o incluso de entrevistas reales. Además, el hecho de creer que el protagonista es una persona buena e inocente acumula tensión hasta los minutos finales, para acabar explicando la profundidad de la maldad de sus crímenes. ¿Qué títulos de este género triunfan en las plataformas de streaming?

The Linx

La historia de Robert Dust fue adaptada por HBO en 2015, convirtiéndose en una de las primeras series documentales de true crime en alcanzar el éxito. Cuenta con pocos capítulos, que relatan la vida de este empresario estadounidense y cómo se sucedieron una serie de muertes cercanas a él. El desenlace de esta miniserie alcanza tal intensidad debido a que el director logró grabar casi veinte horas de entrevista con el asesino, después de que fuera condenado. La presencia de esas imágenes en el documental sobrecogió al público.

The Linx es tan manipuladora como su protagonista. Los creadores no renunciaron a elementos visuales que despistaban totalmente al público. Además, la propia historia contada a vuelapluma también puede sembrar dudas, ya que los delitos de los que Dust fue acusado sucedieron muy separados en el tiempo. En el final, se ve al asesino contestando a una serie de preguntas cortas y directas que desentrañan lo ocurrido y le tachan como culpable.

Making a murderer

Esta historia rompe con todos los moldes del subgénero al tratarse de un caso que, aunque está resuelto, deja muchas dudas. Dos estudiantes de cine estadounidenses, Laura Ricciardi y Moira Demos, descubrieron el caso de Steven Avery y se lanzaron a investigarlo. Avery fue acusado en 1985 de la agresión sexual de una joven en Monitowoc, Wisconsin (Estados Unidos). Al ser de una clase social baja no pudo costearse una buena defensa y, debido a supuestas pruebas circunstanciales, fue a la cárcel durante 18 años. Sin embargo, tras una prueba de ADN décadas después, se demostró su inocencia.

Pero el hecho que relata este documental de Netflix es la desaparición de Teresa Halbach, una fotógrafa que pasó sus últimas horas en el desguace de la familia del acusado que, tras haber estado tanto tiempo en prisión, los investigadores también culparon de dicho delito, algo que no queda del todo claro. La historia se cuenta sin narrador, entre escenas reales, grabadas en la sala de interrogatorios, y material audiovisual creado para la ocasión. Además, la familia y el abogado de Avery siguen pensando a día de hoy que él no cometió el asesinato, por lo que deja abiertas muchas puertas.

Las cintas de Ted Bundy

La narración del macabro relato de Ted Bundy se ha posicionado como una de las mejores series documentales de true crime de Netflix, llegando incluso a convertirse en un largometraje. Esta historia tiene un sinfín de controversias que empujan al espectador a replantearse incluso cómo ha podido ser verídica. Bundy es uno de los asesinos en serie más famosos de la historia de Estados Unidos, del cual penden hasta 36 asesinatos, aunque se sospecha que hay más. En este caso, el documental deja bastante claro que es culpable, pero la película mantiene la tensión hasta el final.

Zac Efron ofrece una gran interpretación dando vida al asesino, que aparenta en todo momento que las acusaciones no son ciertas. Llama la atención que la persona que lo identifica ante la policía es su novia, la cual pasa por un calvario mientras Bundy cumple condena en la cárcel. Tenía un modus operandi muy característico: convencer a la víctima de que su coche se había averiado para asesinarla. Pudo ser condenado porque en uno de los cadáveres, que se encontró antes de que confesara, dejó una marca de sus dientes que supuso una prueba irrefutable.

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