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Miseria moral en la red

En 'El hombre más odiado de internet', Netflix cuenta el acoso del Hunter Moore a una joven y la venganza de la madre, que tuvo como colofón la encarcelación del pornógrafo

'El hombre más odiado de internet, sobre la miseria moral de Hunter Moore' / NETFLIX
'El hombre más odiado de internet, sobre la miseria moral de Hunter Moore' / NETFLIX

El joven Hunter Moore lo petó en Internet a principios de este sigo con una página web titulada IsAnyoneUp en la que colgaba, básicamente, fotos de mujeres desnudas con o sin su consentimiento, así como todo tipo de imágenes chocantes propias del célebre programa de televisión Jackass (gente dándose unos morrones de cuidado o encajando un sopapo del copón o prendiendo fuego a sus propios cuescos). El hombre se hizo enseguida con una amplia base de fans, compuesta mayoritariamente por tarados, cuyos comentarios oscilaban entre el amor a Hunter (al que llamaban El Jefe o, directamente, Dios, mientras ellos se autodenominaban La Familia) y la cruel humillación hacia las chicas que aparecían en la página, a las que insultaban y ponían de puta para arriba. El señor Moore, un imbécil amoral carente de empatía, se forró durante unos años, hasta que colgó unas fotos que no debía y que habían sido hackeadas por su compinche Charlie Evens, las de una chica que se había hecho unos selfies medio desnuda que no había enviado a nadie. Ahí empezó el largo camino de Hunter Moore hacia la catástrofe, pues no había contado con que la madre de la muchacha, Charlotte Laws, un ama de casa de Los Ángeles con un pasado de acosadora de celebrities en su Las Vegas natal (hasta llegó a publicar un libro titulado Meet the stars) que, tras intentar sin éxito que Moore retirara las imágenes de su hija, emprendió contra él una cruzada personal que acabaría, al cabo de unos cuantos años, con el pornógrafo en el talego por delitos contra la privacidad en la red.

Esta es, en resumen, la historia que cuenta la nueva miniserie documental en tres capítulos El hombre más odiado de Internet, que puede verse en Netflix y que está dirigida por Rob Miller. La propuesta tiene un enfoque concreto, la lucha de una mujer contra un sociópata peligroso, y otro más general: la chaladura imperante en Internet y su condición de refugio para tarados de todo tipo, como los que consideraban a Moore un visionario libertador (lástima que Moore se negara a salir en la serie, pues nos quedamos un poco in albis acerca de cómo se convirtió en un monstruo de los tiempos modernos). La trama se centra en la venganza de la señora Laws, capaz de ponerse en contacto con cuarenta víctimas del avispado Hunter, con un agente del FBI y con cualquiera que la pudiera ayudar a hundir a Moore en la miseria que se merecía. Como sucede en muchos documentales norteamericanos, hay algo de actriz en su protagonista, y también en muchos de los otros personajes que aparecen: el sentido del espectáculo está muy arraigado en los Estados Unidos y se pone de manifiesto hasta en historias tan siniestras como esta.

Como IsAnyoneUp se movía en la alegalidad, algo muy típico de la red, donde nadie sabe muy bien qué es permisible y qué no, Charlotte Laws, tras consultarlo con el FBI, se dio cuenta de que la única manera de acabar con Moore era a través del hackeo perpetrado por su amigo Charlie. Empezó así un largo período de recogida de pruebas para poder, como dicen los americanos, construir un caso. La ordalía duró años. Por en medio, Moore se asustó y vendió su página web por cuatro perras, luego se vino arriba (ayudado por la ingesta masiva de cocaína) y amenazó con montar una nueva página mucho más bestia que incluiría la dirección de las chicas a las que había robado las fotos y hasta un mapa para llegar a ellas. Ahí se pasó de listo, mientras su base de fans seguía amenazando de muerte a la madre coraje Charlotte Laws.

Curiosamente, algunas mujeres lamentaron la desgracia de Moore, pues era el único que les había permitido creerse alguien. Es el caso de una chica de una simpleza desoladora que se hizo célebre enviando videos suyos metiéndose todo tipo de objetos por el culo, lo que le valió el simpático sobrenombre de Butthole woman (La mujer del ojete). Cuando se entera de que a Hunter le han caído dos años y medio de trullo, se muestra no desconsolada, pero si algo decepcionada ante la perspectiva de dejar de ser famosa. Lamentable, pero cierto.

Ideal para quien crea que estamos en los preliminares de un apocalipsis moral, El hombre más odiado de Internet es una interesante reflexión sobre la ambición, la falta de ética y la estupidez de un sector de la humanidad cada día más amplio. Y la evidencia de que Internet ha sido una caja de Pandora que ha dejado salir al exterior lo peor de cada casa.