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Félix Gómez: “Un curso de teatro me cambió la vida; de querer ser empresario a ser actor”

El intérprete ha tenido segundas oportunidades en su trayectoria vital y recuerda que "el trabajo de actor es de equipo y los egos han de dejarse a un lado"

El actor Félix Gómez / CEDIDA
El actor Félix Gómez / CEDIDA

Félix Gómez (Carmona, Sevilla, 1977) lleva años en la pequeña pantalla y en el teatro. Creó su compañía, se fue a vivir la aventura de Hollywood y regresó por todo lo alto, vía Mérida, con un Alejandro Magno que le cambió por completo.

Desde entonces, no ha dejado de encadenar proyectos teatrales y televisivos. Masterchef fue uno de ellos, experiencia de la que se siente más que orgulloso, aunque le costó dejar atrás los recelos iniciales.

Nueva era

El reality ha quedado atrás. Le ha servido para conseguir atraer a nuevo público y de allí a seguir donde más le gusta, en el teatro, que le cambió la vida cuando cursaba COU, el último curso antes de entrar a la universidad.

De aquello han pasado varias décadas y ahora se encuentra en el teatro Infanta Isabel de Madrid con Una historia de amor, una obra que oscila entre el drama, la comedia e incluso con algo de musical, y que se ha convertido en un éxito. Tras tres semanas en los Teatros del Canal, repite en la capital y ya tiene prevista su gira.

Escena de 'Una historia de amor' / ELENA C. GRAIÑO
Escena de 'Una historia de amor' / ELENA C. GRAIÑO

--Pregunta: William, su personaje en Una historia de amor, se nos muestra al principio como un alcohólico, malhumorado. ¿Es un hombre sin salvación?

--Respuesta: La tiene (sonríe) y la función nos va a llevar a que la tenga. No es que él sea horrible, él está en una situación vital terrible. Al principio, es cierto que la leí y pensé “¿cómo voy a hacer este tipo?”. Además, aunque es un drama, hay muchas claves de comedia. El personaje está lleno de cinismo, de sarcasmo, es alcohólico, está hundido en un pozo de miseria y autodestrucción absoluta. La obra va precisamente de eso, en un momento en que el personaje está al borde de una pérdida absoluta le viene una segunda oportunidad, la putada es que va de la mano de una pérdida desgraciada para él. El personaje no puede estar más contra la espada y la pared. El viaje que propone Alexis Michalick al personaje es muy bonito, te clava ante la vida. Todo esto es muy bonito y aunque parece un dramón, Alexis lo ha montado con un formato casi sitcom, en que pasas del llanto a la risa en un segundo, y te hace atravesar la obra muy bien. La historia está contada con un ritmo vertiginoso, de alta comedia anglosajona. Es más, el cómo ha hecho el personaje, porque los personajes no tratan de hacer gracia o un gag, sino es cómo lo viven los personajes. Es uno de los aciertos de la función. William no se toma en serio en absoluto nunca. Estoy muy feliz con este personaje.

--¿Cómo enfrentó y cómo ha sido meterse en el personaje?

--No ha sido un proceso fácil, porque Alexis y yo trabajamos de manera completamente diferente. Él trabaja desde el ritmo, desde el exterior y yo lo hago desde lo interno, los personajes, los detalles, lo pequeño. Al principio fue algo chocante, tenía delante a un director que había confiado en mí para que fuera su actor y teníamos métodos casi opuestos de trabajo, aunque al final llegamos casi al mismo sitio. Hubo unos primeros, costosos de ver cómo encontraba eso. Luego ya vi que él lo ha escrito, lo tiene en la cabeza y me tenía que dejar llevar. Una vez eso ocurre es muy gustoso. Y al final, yo tenía ese espacio aparte para que buscara ese interior del personaje que quería. Así que ha sido un trabajo muy bonito, y he tenido unas compañeras maravillosas, algo que no siempre pasa. Ha sido un proceso difícil, pero muy bonito.

--¿Cómo vive esas diferencias con el director un actor como usted? ¿Ha tenido momentos de tirar la toalla?

--En mi caso, no. Además, el director entiende que tiene otra técnica y también se adapta. Yo siempre he dicho que soy muy lento en mis procesos y nunca me he encontrado con un director que sea contrario y no se amolde, como tampoco me ha pasado con los compañeros. Los que amamos esta profesión sabemos que es un trabajo en equipo. A veces trabajas con gente que funciona igual que tú y otras no, y suceden cosas maravillosas. Incluso en ocasiones de estas crisis aprendes cosas, te dan otras perspectivas, descubres otros ángulos y ganas confianza también, porque ves que sabes hacer las cosas de muchas maneras. Hay que entender que nuestro trabajo es de equipo, y los egos han de dejarse a un lado, porque la pieza es lo importante.

--Pero hay una parte del ego que, si bien hay en todas las profesiones, es muy visible en el actor.

--Haberlos, los hay (ríe). El ego bien entendido evidentemente es necesario. Al exponerte cada día, subirte a un escenario, has de tener una seguridad en ti mismo, un aplomo que te lo permita hacer. El actor se ha de adaptar al director, y más si es el dramaturgo porque algo sabe, y a la inversa. Pero también cuando se decide el maquillaje, el vestuario, pero es importante escuchar a todos para ver cómo entendemos el personaje. Todos colaboramos a construir el personaje.

Cartel de 'Una historia de amor'
Cartel de 'Una historia de amor'

--Pese al título, la obra habla de un amor que va más allá de la pareja.

--No es solo una historia de amor entre pareja, sexual, sino entre hermanos, que sólo se han tenido el uno al otro en la vida, y reflexiona sobre qué pasa cuando uno de esos pilares se te cae. La historia de amor que más me gusta es la que tengo con mi hermana en escena, que es la que mueve la historia. Mucha gente nos pregunta si es una comedia romántica y me niego, y es difícil de contar, nada porque si no, te lo jodo.

--La obra habla de una pareja LGTBI sin que el foco esté en ello, sino en el drama de la situación que viven los personajes. ¿Es otra manera de normalizar un hecho que no siempre tiene que subrayarse?

--Absolutamente. Me parece maravilloso. En muchas películas LGTBI el conflicto es el asumir o no tu condición sexual. Son muy buenas y necesarias, pero en este caso el conflicto no está ahí, va de otra cosa. Eso es lo que realmente mola, que se normalice. Si el conflicto va de la aceptación, que se haga, pero en este caso la obra va por historias de familias, segundas oportunidades, de sorpresas que te da la vida y cómo te repones a ellas.

--¿Alguna vez como actor ha pasado por esos baches y han aparecido esas segundas oportunidades?

--Sí, profesional y personalmente. Al principio de tu carrera piensas que todo está hecho y que de allí para arriba. Esto es algo de subidas y bajadas, momentos que no. Momentos en que arriesgas creando un personaje al que no llegas, tienes malas críticas y alguien vuelve a confiar en ti para darte un protagonista. En la vida, igual. Uno ha de estar emocionalmente listo y avispado cuando la vida te da una segunda oportunidad para cogerla. Porque hay quienes la dejan pasar, hay que tener el valor de cogerlas. Eso le pasa a William, pero hay algo que le hace salir detrás de su hermana y, sin saberlo, le da otra oportunidad a la vida, a vivir.

--¿Qué trabajo cree que le ha dado esta segunda oportunidad?

--Es difícil verlo desde dentro. Porque momentos en que tú crees que has hecho un buen trabajo han pasado sin pena ni gloria. Cualquiera de los personajes en teatro te diría que han sido maravillosos. Alejandro Magno, en Mérida, fue una oportunidad vital que hizo cambiar mi carrera. Yo vivía por entonces en Estados Unidos, acabé de rodar un piloto para ABC y no salió, y regresé por ella. Eso hace que redescubra el teatro y mis ganas de hacerlo, vuelvo a fijar mi residencia en España y ocurre todo: Masterchef, La casa, La golondrina… Todo eso en tres años, cuando no lo había planificado de esa manera. También es difícil saberlo, y de aquí a unos años debería responderte (sonríe).

--¿Cómo fue esa oportunidad de dar el salto a Estados Unidos? ¿Y que sensaciones le dio trabajar allí?

--No llegó, más bien lo busqué. Hollywood siempre estuvo en mi cabeza, en mis sueños. Hay que pensar que eso fue antes de Netflix y las plataformas, nació cuando yo estaba allí y fue una de las razones que me hicieron ver que ya no hacía falta estar allí, y venirme. Entre 2008 y 2012, cuando empecé a hacer mis primeros cursos allí, esperaba que uno de los proyectos que hiciera en España triunfara y poder dar el salto de forma lógica. Eso no pasó. Películas por las que aposté mucho como Agnosia, que se estrenó en los festivales de Toronto y Austin, pensaba que me iban ayudar a ser mi salto y no lo provocaron. Esas cosas que tú propones y la vida dispone (ríe). En 2012, tras rodar las tres temporadas de República, y en un momento económico y personal bastante fuerte, decidí coger las maletas e irme. A lo loco. Al principio fue muy bien, conseguí mi mánager, mi representante, hice dos pilotos de una serie y no tuvieron éxito. Tengo una sensación agridulce, porque a nivel personal aprendí mucho. A nivel profesional, en cambio, fue lo duro de rodar, tocar aquello y se desinfló. Sueños incumplidos (ríe). Pero no me arrepiento de nada. Mis agentes, de hecho, no entendieron que me volviera. Con Alejandro Magno aquí se despertó otra cosa.

--¿Alejandro Magno fue la confirmación de su apuesta decidida por el teatro?

--No, ya la tenía. Antes de irme a Estados Unidos tenía mi propia compañía de teatro con la que cada dos años hacíamos una producción nueva. Al irme, por eso, no tenía sentido comprometerme con nada de teatro y parar giras. Para mí el compromiso teatral es muy fuerte, no tiene sentido que mi compañía se parase porque yo no estaba. De hecho, me llegaron compromisos y decía que no. Cuando empecé con Alejandro Magno, con el amor y las ganas que tenía de hacerlo, ya sabía que volvía por un tiempo a EEUU. Ahora, ruedo La caza. Guadiana, por lo que Nacho López me sustituye algunos días entre semana en el teatro, pero todos los fines de semana tengo que estar en Madrid, porque mi nombre está en el cartel y la gente quiere verte y este es mi compromiso con el público.

--¿Cómo compagina todo?

--No lo sé. Con muchas ganas. Amo mi profesión profundamente y ahora que llevo tres o cuatro años muy buenos y tengo esta segunda oportunidad la estoy cuidando. Debo guardarme más en lo mundano y estoy más centrado en la profesión, echándole ganas y energía.

Escena de 'Una historia de amor' / ELENA C. GRAIÑO
Escena de 'Una historia de amor' / ELENA C. GRAIÑO

--¿Siempre tuvo claro que se quería dedicar a esto?

--No, de hecho, fue en COU, y lo descubrí por terapia. Era un niño muy tímido y mi tutor me recomendó apuntarme a clases de teatro, que ese año se hacían en el instituto. Por superar la timidez, porque yo era un buen estudiante. Ese curso de teatro me cambió la vida. De querer ser abogado o empresario, seguir el negocio familiar, de repente llegué a casa y les dije a mis padres que quería ser actor, y hubo crisis familiar y tal. Pero bueno, ha salido bien (ríe).

--Parece que el teatro sirve para las personas tímidas. Lo comentaba Manolo Caro también.

--¡Somos muchos los que entramos al teatro por timidez! Los actores en el fondo no somos nosotros, es como ponerse un disfraz en carnaval, por eso cuando entré en Masterchef para mí fue muy difícil, porque tenía que ser yo. Hacer un papel en una serie o teatro, al fin y al cabo, es eso, no soy yo, no digo mis cosas, sino lo que pone en el guion. A veces, ser uno mismo es muy difícil (ríe), porque somos personas reservadas.

--¿Cómo fue entonces la propuesta de ‘Masterchef’?

--Me lo propusieron desde la segunda edición. En ese momento, estaba en proyectos que hiciera difícil que encajaran, porque necesitas estar al 100%. En esta nueva ocasión, como hacía teatro por las noches, lo hablé con mi repre y me dijo que por qué no. ¡Y es una de las cosas más duras que he hecho! (sonríe). Es muy grande el nivel de exigencia, y al final sales de tu zona de confort. Como actor, si hay un problema sabes cómo solucionarlo, pero si pasa en la cocina no. Me preparé durante un mes y medio con César Martín, de Lakasa, pero de allí a ponerse a cocinar al nivel que requiere el programa es muy duro. ¡Más duro de lo que se ve en pantalla! Las pruebas de exteriores son verdad, tienes que cocinar en tres o cuatro horas con 50-100 personas más las complicaciones que te pone el programa con los platos, que no son patatas y huevos fritos. Para mí fue muy bonito, el equipo fue maravilloso y se portaron muy bien conmigo.

--¿Tenía precisamente ese miedo a mostrarse tal cual?

--Sí, yo siempre digo que soy una persona muy tranquila, pero tengo mis ataques de ira. Siempre digo que tengo un punto agresivo importante que me llevo trabajando hace años para irme domando. Tenía miedo de que saliera, ¡y no salió! Así que el trabajo interior irá yendo bien (ríe).

--¿Eso hace que la gente se divida entre los que le conocen por Al salir de clase y los que lo hacen por Masterchef?

--Lo más bonito, más allá de la experiencia, es que hay todo un público que no vio ninguna de mis últimas series porque son más para adultos. Y Masterchef es un programa que los niños y preadolescentes ven muchísimo, y a veces me reconocen más los niños que los padres. Es muy bonito, porque he conectado con una generación que no me tocaba, en principio, por los trabajos que he hecho recientemente. Es un público nuevo que en cinco o diez años pueden venir a verte al teatro o al cine.

--Y ahora que está de nuevo con las series y usted que trabajó en ellas antes de que existieran las plataformas, ¿cómo ve la evolución?

--Tengo miedo de que esto sea un boom, pero preocuparnos de algo que no sabemos si va a ser es perder el tiempo. Por ahora se debe intentar hacer el proyecto con la mejor calidad e ilusión y trabajar, y ya veremos qué pasa. Evidentemente, hay más oferta, ha hecho que seamos mucho más competitivos. La calidad de la producción española ha crecido mucho, y lo que echo de menos son los proyectos pequeños, que pasan más desapercibidos. Parece algo así como comida rápida, que consumimos de golpe. Antes con los amigos hablabas del capítulo de las series que se habían emitido esa semana, ahora hablamos de varias series a la vez, y al siguiente fin de semana, hablas de otros tantas. Yo he pasado por eso, pero le empiezo a coger el gusto de ir uno a uno.

--¿Cuántos proyectos más tiene por delante?

--Espero que estemos de gira con Una historia de amor entre un año y año y medio. Estoy con Guadiana, cruzo los dedos por una peli propia y Señor, dame paciencia en Atresplayer, a ver si hay segunda temporada, viendo cómo responde el público. Estoy muy contento.