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La cazadora de monstruos

La serie 'Clarice' funciona a la perfección, como seguimiento de 'El silencio de los corderos', pero con una compañía farmacéutica como protagonista del mal

Rebecca Breeds, como Clarice Starling, en la serie 'Clarice' / AMAZON
Rebecca Breeds, como Clarice Starling, en la serie 'Clarice' / AMAZON

¿Qué fue de la agente especial Clarice Starling después de atrapar al asesino en serio conocido como Buffalo Bill con la colaboración (perversa e interesada) del doctor Hannibal Lecter? Quien quiera saberlo no tiene más que engancharse a la nueva serie de Amazon Clarice, ambientada en 1993, un año después de los acontecimientos descritos en la novela de Thomas Harris El silencio de los corderos, llevada al cine por Jonathan Demme. La joven Rebecca Breeds toma el relevo de Jodie Foster (y Julianne Moore) en este nuevo derivado de ese gran éxito de Hollywood, que ya dio origen hace unos años a una serie sobre Hannibal Lecter protagonizada por el danés Mads Mikkelsen que no estaba nada mal.

Los responsables del invento son absolutamente de fiar: Jenny Lumet, hija del cineasta Sidney Lumet, que ya trabajó en el guion de El silencio de los corderos, y Alex Kurtzman, a quien debemos aquella serie sensacional, pero que pasó un tanto desapercibida, que fue Fringe (quien se la perdiera, sepa que la puede repescar en HBO Max). Dada la lentitud exasperante con la que escribe Thomas Harris (y que obligó a la industria a adaptarle la misma novela dos veces, fracasando en el primer intento, dirigido por Michael Mann, y petándolo en el segundo, gracias en gran parte a la extraña química entre Jodie Foster y Anthony Hopkins), no hay material original que llevarse a la pluma, así que el tándem Lumet--Kutzman se ha tenido que inventar la vida de Clarice Starling tras la desactivación del siniestro Buffalo Bill. Y la verdad es que se han salido muy bien del reto.

Balance entre vida profesional y privada

La serie de Amazon empieza con el hallazgo de tres cadáveres femeninos que parecen apuntar a la existencia de un asesino en serie por la zona, aunque enseguida aparecen datos que complican la trama y que parecen apuntar hacia una conspiración de la industria farmacéutica disfrazada de crímenes de un lunático. En esa dirección apunta la agente Starling, integrada en una subdivisión del FBI conocida como VICAP, siglas de Violent Criminal Apprehension Program (Programa de detención de criminales violentos), que a principios de los 90 daba sus primeros pasos. Clarice es, evidentemente, una mujer traumatizada por los sucesos acaecidos en El silencio de los corderos.

Rebecca Breeds, en el papel de la agente especial Clarice Starling, en la serie 'Clarice' / AMAZON
Rebecca Breeds, en el papel de la agente especial Clarice Starling, en la serie 'Clarice' / AMAZON

Debe pechar con sus propias pesadillas y con las de la chica a la que salvó de las garras de Buffalo Bill, que vive encerrada en casa de su madre, Fiscal General que adora a nuestra heroína. Como compañero, a la agente Starling le han colocado a un hispano, Tomás Esquivel (Lucca de Oliveira), que fue francotirador en el ejército y, consecuentemente, también carga con sus propias pesadillas. Clarice consigue un balance ejemplar entre la vida profesional y privada de su protagonista, obligada a hacerse mayor entre traumas, que van del asesinato de su padre policía cuando era una niña a las repugnantes andanzas de Buffalo Bill que casi le cuestan la vida. Puede que a veces eches de menos el ambiente tremendista de El silencio de los corderos y te entren ganas de abandonar la serie (a mí me ha pasado), pero siempre acabas volviendo hasta acabar de tragarte la primera temporada.

Aunque lo que se narra es muy preocupante, Lumet y Kurtzman han esquivado el tono ominoso de las anteriores adaptaciones de Thomas Harris para centrarse en la vida cotidiana de una cazadora de monstruos que, además, debe bregar con las contrariedades de la vida cotidiana, al igual que el agente Esquivel, víctima de bromas racistas, y que su compañera de piso, la agente Mapp, confinada al archivo por ser negra. Por el mismo precio, se nos ofrece un thriller y una comedia de costumbres ambientada en el FBI de 1993, un híbrido que, contra todo pronóstico, funciona perfectamente. Puede que una compañía farmacéutica tenga menos glamour que un asesino en serie, pero sus métodos, como se puede comprobar en Clarice, tampoco son tan diferentes: el mal corporativo no tiene nada que envidiar al de un criminal demente.