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Capricho retro de Hugh Laurie

El actor británico se regodea en la serie '¿Por qué no le preguntan a Evans?', una gozada visual y conceptual a partir de una novela de Agatha Christie

Una escena de la serie de Hugh Lurie '¿Por qué no le preguntan a Evans?' / MOVISTAR PLUS
Una escena de la serie de Hugh Lurie '¿Por qué no le preguntan a Evans?' / MOVISTAR PLUS

El actor británico Hugh Laurie se hizo famoso interpretando al doctor House, un cojo con muy malas pulgas cuya serie homónima fue todo un éxito de público y crítica, aunque reconozco que yo nunca le acabé de ver la gracia y que el tal House me caía como una patada en las gónadas. Antes de eso, el señor Laurie era una estrella local, circunscrita al Reino Unido, que había alcanzado cierta notoriedad formando una eficaz pareja cómica con Stephen Fry: a ambos les debemos una espléndida serie basada en los relatos de P.G. Wodehouse sobre la peculiar pareja compuesta por el señorito bobalicón Bertie Wooster (Laurie) y su astuto mayordomo Jeeves (Fry).

Con House, producción norteamericana, el señor Laurie alcanzó fama mundial, pero su último invento denota la voluntad de seguirse trabajando esa condición de national treasure de la que ya disfruta su amigo Stephen, actor, ensayista e icono gay: hay pocas cosas más británicas que las novelas de Agatha Christie y sus correspondientes adaptaciones televisivas, que no dejan de fabricarse a un ritmo no diré que frenético, pero casi; de ahí que Laurie haya escrito y dirigido la de ¿Por qué no le preguntan a Evans?, un texto de 1934 leído en la infancia, según propia confesión, y que no le había abandonado nunca. Los tres capítulos de esta miniserie pueden verse en Movistar y constituyen el antídoto ideal para la que les recomendaba la semana pasada, la islandesa Case, todo un monumento a la sordidez: ¿Por qué no le preguntan a Evans? es una gozada visual y conceptual que convierte la forma en fondo y sienta tan bien como un postre dulce después de una comida especialmente copiosa (y picante).

Ambientación espléndida

Hugh Laurie, que no tiene un pelo de tonto, debe ser consciente de que el factor humano nunca fue el fuerte de Agatha Christie. Incluso sus personajes más famosos son de cartón piedra: pensemos en el irritante Hércules Poirot y la chismosa señorita Marple, que solo se hizo humana en las adaptaciones cinematográficas de principios de los 60 gracias a su protagonista, la gran Margaret Rutherford, que era una especie de versión inglesa de nuestra Mary Santpere. Agatha Christie centró todas sus obras en una carpintería impecable que conducía a un final inesperado y mantenía al lector en tensión durante toda la trama, aunque los personajes no tuvieran el más mínimo interés humano. Es decir, convirtió la forma en fondo (rizando el rizo en la impresionante El asesinato de Roger Ackroyd, donde debemos llegar a la última página para descubrir que el asesino era el narrador en primera persona). Y eso es exactamente lo que ha hecho Laurie como guionista y director de ¿Por qué no le preguntan a Evans?, donde también se ha reservado un pequeño rol de médico siniestro llamado Nicholson en vez de House.

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Una escena de la serie '¿Por qué no le preguntan a Evans?' /MOVISTAR PLUS

Como es habitual, la cosa arranca con un muerto. Un tipo se ha despeñado por un acantilado de Cornualles y es encontrado por Bobby (Will Poulter), el hijo del vicario local (en las historias de Agatha Christie siempre hay un vicario). Lo último que dice el accidentado (o suicida, o empujado al vacío) antes de morir es la frase que da título a la novela y a la miniserie. Comienza entonces una investigación de aficionados por parte del voluntarioso Bobby, que no en vano ha pasado por la Royal Navy, y su amiga de la infancia (y posible novia) Lady Frances Derwent, Frankie para los amigos (la adorable Lucy Boynton). Mezcla de relato policíaco y de comedia de costumbres, ¿Por qué no le preguntan a Evans? basa su encanto retro en una ambientación espléndida, un vestuario impecable y unas actuaciones modelo tongue in cheek, es decir, que contribuyen a que no te tomes la historia demasiado en serio y disfrutes de un relato antañón cuya resolución es un poco lo de menos, ya que lo único que se te ofrece es un juego consciente de serlo y de resultar muy entretenido, pese (o gracias) a su aparente banalidad.

Placer culpable

El tono adoptado por Laurie resulta ideal para el material literario de Agatha Christie, a la que nunca se le pidieron ni hondura psicológica ni aspiraciones literarias: la retorcida mente de la buena señora bastaba para fabricar unas intrigas que eran puros escapismos para pasar dignamente el rato.

La escritora Agatha Christie / RTVE
La escritora Agatha Christie / RTVE

Consciente de ello, Laurie no ha pretendido añadir trascendencia al original, sino presentarlo como un espléndido divertimento que resulta ideal para desengrasar entre series que se toman más en serio a sí mismas (a veces, demasiado en serio). ¿Por qué no le preguntan a Evans? tiene mucho de placer culpable, por lo que hay que evitar atormentarse durante el visionado pensando que se está perdiendo el tiempo y robándoselo a obras más ambiciosas. No merece la pena. Es mejor disfrutar de este caramelito visual que el señor Laurie ha abordado cariñosa y respetuosamente como homenaje a su propia infancia y a Agatha Christie, esa escritora que tal vez no supo nunca cómo vivían los seres humanos, pero sí cómo morían y por qué.