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Miguel Ángel Blanca: "El turismo es la niña de los ojos del capitalismo"

El cineasta inaugura el festival L'Alternativa de Barcelona con la docuficción 'Magaluf Ghost Town'

El cineasta y música Miguel Ángel Blanca / CD
El cineasta y música Miguel Ángel Blanca / CD

Miguel Ángel Blanca (Sabadell, 1982) ha pasado de formar parte de una banda de culto de la música española como es Manos de Topo a convertirse en un director a seguir dentro del panorama del cine independiente español.

Pese a que fue más visible su carrera como músico, su formación es como guionista. En 2001 se graduó en la Escola de Cinema i Audiovisuals de Catalunya (ESCAC), aunque luego creara su grupo.

Reconomiento

Su interés por el audiovisual no cesó, de todos modos. Ha realizado diversos cortometrajes como director, pero sus largometrajes entre el documental y la ficción es lo que le ha dado más notoriedad. La extranjera tuvo un gran impacto por su lucha contra la gentrificación de Barcelona. Un tema que vivió de cerca y que le ha llevado ahora hasta la isla de Mallorca.

Con Magaluf Ghost Town, el cineasta retoma la problemática turística, pero la aborda de forma más reflexiva. No combate el turismo, sino que confronta al espectador con una realidad para que haga con ella lo que crea conveniente.

El film lo ha llevado a recorrer diversos festivales internaciones, entre ellos el prestigioso Hot Docs. Ahora, aterriza en el festival L’Alternativa, donde abre el certamen este 15 de noviembre. Crónica Global charla con él sobre sus intereses, su manera de entender el cine y las dificultades de sacar adelante propuestas que se alejan de lo mainstream.

Poster de 'Magaluf Ghost Town'
Poster de 'Magaluf Ghost Town'

--Pregunta: ¿Fue muy difícil rodar en Magaluf?

--Respuesta: Fue un suplicio, pero luego ves la recepción y te alegras. Aunque sí, fueron muchas cosas. Rodar en Magaluf no es sencillo. Te ven con una cámara y, en seguida, vienen a preguntarte a qué vienes y no se fían de ti. Ven sus historias en programas más sensacionalistas, con las vomitadas, y no les gusta. Es normal. Pones en YouTube Magaluf y siempre sale lo mismo.

--¿Y ha costado levantarla económicamente?

--Ha costado porque lo de sacar los trapos sucios de España es un tema que, a priori, no gusta a las instituciones. Hemos encontrado apoyos de financiación en Francia. Es difícil levantar este tipo de proyectos en España.

--¿Duele eso?

--Sí, pero bueno, entiendo cómo está la situación. No voy a llorar si quiero arriesgarme a hacer este tipo de proyectos y luego no me dan dinero. Es una decisión nuestra, de la responsabilidad que tenemos y lo consecuente que tenemos que ser. Es lo que hemos escogido.

--Precisamente su película no sólo arriesga, sino que muestra da otro punto de vista de Magaluf. ¿Fue esa la voluntad?

--Sí. Nosotros fuimos para ver lo que había allí y si era cierto todo lo que se dice, y nos dimos cuenta de que el foco estaba puesto en un lugar equivocado, bajo nuestro punto de vista. Lo que nos interesaba a nosotros es ver a la gente que se queda y tiene que sobrevivir y convivir con toda esa gran masa turística de ocio extremo.

--¿Cómo fue la selección de personajes?

--Fue un casting que iniciamos en 2015 para buscar a los personajes más representativos teniendo en cuenta las problemáticas que había: la turistificación, la doble temporada, las contradicciones de odiar a la persona que destroza tu ciudad, pero se deja dinero en tu trabajo, qué significa crecer en un contexto donde sólo vas a poder trabajar siguiendo a los turistas. Queríamos que los personajes tuvieran conexión y que giraran alrededor de esta problemática. También vimos quien podía dar más juego y seguir nuestra puesta en escena, que es documental con un punto de ficción. No se trataba de hacer entrevistas, sino que implicaba una implicación de actriz y actor.

--¿Cómo es el trabajo con actores no profesionales?

--Nos hicimos amigos de ellos, explicarles el proyecto y ver si eran capaces. En el caso de Rubén ya vimos que tenía soltura con el dispositivo visual y las cámaras lo hacían más grande. Con Tere fue una sorpresa. Tenía mucho flow e incluso hay escenas que hay en las que ella ni siquiera sabía que estábamos rodando.

--¿Participaron del guión?

--Sí, tuvimos entrevistas con ellos. Les preguntábamos qué les gustaría saber, cómo les gustaría ser representados. Partiendo siempre de la base de que Magaluf en sí ya es una ficción. La gente que va allí no se puede creer lo que sucede. Muchos van pensando que allí todo es posible. En este sentido, trabajamos con la libertad de qué puede activar a estos personajes. Y algunas cosas que nos contaban las poníamos como los juegos de los adolescentes de ir a robar carteras a los guiris borrachos por las noches. O que era normal en una época ir a limpiar piscinas de hoteles porque alguien se había tirado de un balcón y abierto la cabeza. En vez de que sean bustos parlantes que te lo dicen, quisimos ponerlo en escena, jugando con ellos.

--Tras estar desde 2015 trabajando sobre el terreno y hacer la película, ¿tiene una idea de cuál es el atractivo de Magaluf?

--A mí me interesa cómo el turismo ha cogido una deriva sin frenos y cómo todo el mundo se ha tenido que adaptar a eso y sobrevivir a partir de ciertas ficciones. La película también va de eso: cómo nos podemos representar, qué ficción de mí mismo puedo tener este verano para sobrevivir a esta cosa tan agresiva como es el turismo de borrachera. No queríamos juzgarlo, por eso. Ya no va de hacer una película social, sino reflejar que esto es una realidad y ver qué hay de esto en cada uno de nosotros. Es el tipo de cine que me gusta, el que nos enfrenta a nuestras turbiedades y zonas oscuras que son incorrectas. Finalmente, la película no deja de ser una carta de amor a Magaluf y todas sus posibilidades.

--La película de hecho es casi una metaficción de una metaficción que sucede en una ficción como es la propia Magaluf.

--Sí. Y lo enfocamos así incluso con algunos planos. La idea de que Magaluf está detrás de unos carteles como si fuera un plató de televisión. Siempre está la idea de estar en un espacio de ficción.

--Y si fantasma es una ficción y una ciudad fantasma en sí misma, como dice el título, muestra otro que lo sobrevuela: la especulación inmobiliaria. Una serie de viviendas de lujo que se venden para organizar fiestas para ricos y que no se muestra en la televisión.

--Era una de las intenciones que existió, la voluntad de hacer una limpieza, crear una playa gigante… Es un lugar muy interesante para un turismo cinco estrellas y familiar. Es un proyecto y un mito que tienen. Es una ficción que construye su propia realidad. Estas ficciones y fantasmas es lo que nos ha atraído.

Fotograma de 'Magaluf Ghost Town'
Fotograma de 'Magaluf Ghost Town'

--El turismo además no sé si es un fantasma que le sobrevuela, pero sí una realidad que parece preocuparle. Su anterior film, 'La extranjera', versaba de lo mismo. ¿Le inquieta tanto como parece?

--El turismo me fascina por muchos motivos. Todo es turistificable, parece. En España hemos sido especialistas en hacer de nuestra economía basada en el turismo y el tercer sector. Se ha visto que la niña de los ojos del capitalismo es el turismo. Se ha demostrado con la pandemia, además. No había turismo y hemos visto que todo pasaba por allí. Eso me gusta analizar. La extranjera era una película más de tesis, odiando además a los turistas en ese caso. Esta es una aceptación de una realidad con la que, al igual que los personajes, yo quiero jugar y a la que quiero acercarme y quiero analizar para saber qué hay de todas esas emociones que caen sobre el turismo, cómo nos enfrentamos a la turbiedad de esa borrachera.

--En 'La extranjera' ya había un claro enfrentamiento y muy marcado, a la contra de hecho.

--Claro, era una lucha que tenía cuando vivía en el centro de Barcelona, en Ciutat Vella. Era una lucha individual que no tenía sentido. Se ve la esperanza puesta en una voluntad política, pero ni siquiera desde allí se puede cambiar.

--¿La nueva película sale de un replanteo tras afrontar la derrota de la resistencia?

--Es una derrota supertranquila, por eso, sin rabia. Esta segunda manera de abordarlo que es Magaluf Ghost town, es una postura conciliadora con el turismo.

--Ha hablado mucho de la voluntad de estas películas. ¿Cree que la voluntad del cine es transformar o reflexionar sobre la realidad?

--No sé cuál es o debe ser la voluntad del cine. A mí me interesa el cine y el documental porque me da la posibilidad de introducirme en nuevos mundos y tener la oportunidad de conocer a gente que me parece interesante o fascinante. Y, a la vez, me sirve para analizarme a mí mismo. Por eso, hago estas películas y por la parte frívola de que nos quieran un poco más y que alguien nos reconozca. No soy de los que cree que la cultura o el cine sea una herramienta para mejorar el mundo y esas cosas que se van diciendo por allí. No pretendo hacer reflexionar a nadie sino mostrar que estos sitios existen.

--¿Ya tiene en mente algo más?

--Es una comedia sobre las visiones de las místicas medievales. Suena pretencioso, pero es una comedia donde el punto de partida es un reality show en la que juntan a tres místicas que ven señales de Dios. Otra reflexión sobre lo que queremos y creemos ver. El tema no deja de ser lo mismo: cómo nos inventamos nuestra propia realidad.