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Luis Tosar: "En España tenemos una realidad política bastante bizarra"

El actor se mete de lleno en una película de espías, 'Código Emperador', en la que pone en evidencia los bajos fondos de las altas esferas

Jorge Coira con Luis Tosar / A CONTRACORRIENTE
Jorge Coira con Luis Tosar / A CONTRACORRIENTE

Luis Tosar (Cospeito, Lugo, 1971) es uno de esos actores a los que no le hace falta presentación. Su trayectoria en el cine español y sus tres Goya, entre muchos otros premios, hablan por sí solos.

Ahora, el intérprete es el encargado de inaugurar la 25 edición de festival de cine de Málaga con una película de su amigo Jorge Coira. Un evento que coincide con la fecha de su estreno en salas, algo poco habitual.

Ficción y realidad

La cinta hace un seguimiento de un agente secreto del Estado que, mientras cumple con las misiones que le encargan, empieza a poner en duda su trabajo. Lo que ve no le acaba de convencer. Algo que también le pasa al gallego cuando echa un vistazo a la actualidad nacional.

El intérprete habla con Crónica Directo antes del estreno del film que ha supuesto este emotivo reencuentro y valora cómo se encuentra tanto el cine como la realidad española actual.

--Pregunta: ¿Cómo le llegó el proyecto y que le llevó a participar?

--Respuesta: Este proyecto tenía muchos elementos que me resultaban extremadamente atractivos. Por un lado, el guion de Jorge Guerricaechevarría, que es cierto que hemos trabajado y colaborado en proyectos juntos y siempre han sido muy placenteros, fructíferos y excitantes. Y luego, trabajar con Jorge Coira, que es como mi hermano, con quien empecé haciendo cortometrajes en el instituto y que treinta y pico de años después podemos sentirnos orgullosos de estar haciendo de que seguimos dedicándonos a lo mismo y además, poderlo hacer de nuvo juntos en una película como esta. Ya esto, de entrada, era una maravilla. Asimismo, el guion me gustó mucho, tenía elementos del cine que siempre me han gustado como espectador, que lo he disfrutado. Un cine espías un poco retro no tan como El mito de Bourne o James Bond, que tienen más acción también me divierte, sino más de los 70 como Los tres días del condor, Todos los hombres del presidente, La conversación, que es un tipo de cine que me interesa más, con el que yo me crié y con el que tengo una relación claramente emocional con él.

--¿Y qué tal ese reencuentro con Jorge Coira?

--No ha sido un lapso de tiempo tan largo en realidad porque hemos coincidido en algunas cosas a lo largo del tiempo, aparte de la vida personal extracinematográfica. Lo cierto es que en un largo hacía tiempo que no coincidíamos y como hacía tiempo que no coincidíamos en un proyecto común, viéndonos las caras, uno tiene ese fantasma de la transformación. ¿Habré cambiado yo mucho en estos 10 años en que hemos hecho cosas muy diferentes? ¿Lo habrá hecho él?. Y, de repente, hay unos códigos establecidos que hace que desde el minuto uno surja la complicidad creativa. Y es una sensación muy bonita revivirla como en los años de juventud.

--¿Y cómo definiría a su personaje, Juan?

--Es un agente del CNI, muy fino, eficaz y profesional que, de repente, empieza a afrontar una crisis existencial. Se da cuenta de que buena parte de los trabajos que está haciendo no son para salvaguardar la seguridad nacional sino para proteger la reputación de algunos elementos del poder que non son necesariamente gente a la que realmente respete profesionalmente. Eso lo lleva plantearse si aquello e incluso lo que hace él está bien o no. Ve que muchas cosas de las que hace o ha hecho han provocado efectos que, como ciudadano, no le gustaría descubrir que han sido causados de esta manera. Y la película también le habla de eso al ciudadano-espectador. Es una especia de guía o manual de cómo ocurren las cosas en las altas esferas o en los bajos fondos, que a veces son prácticamente lo mismo, y que luego aparecen como una noticia final. No sabemos como fue el proceso, sí el resultado. Viendo Código emperador mucha gente se habrá hecho una idea de cómo podrían haber sido provocadas esas cosas.

--Suena a plena actualidad, ¿no? Que a uno le empieza a dar la sensación de que pasa algo en las altas esferas.

--O de que ocurren cosas. Y esto que nos parecía algo fantasioso o de otras culturas, resulta que en la nuestra también ocurren. En los últimos años --ya no digo en los últimos tiempos extremadamente recientes, que han ocurrido cosas que tiene cosas que ver extrañamente con la pel--, hemos visto cómo salía porquería de las cloacas del Estado por un tubo. Eso es sintomático de que ha ocurrido mucho y seguramente demasiado para lo que puede soportar un ciudadano normal.

--¿Las películas pueden ser reflejo o mostrar esas cosas que suceden en las altas esferas?

--Sí, sobre todo, porque ofrece un material narrativo completamente cinematográfico, pero no es tan fácil que los servicios secretos te cuenten las cosas, porque por eso son secretos (ríe). Es cierto que tenemos mucho material. En España tenemos mucho material que se podía hacer en ficción, que nunca va a superar a la realidad, porque creo que tenemos una realidad política bastante bizarra. No en particular, pero es la nuestra y la conocemos mejor y es más inverisímil que cualquier ficción que podamos hacer.

Luis Tosar, Laura Domínguez y Fran Lareu / JAIME OLMEDO
Luis Tosar, Laura Domínguez y Fran Lareu / JAIME OLMEDO

--Otro de los temas importantes de la película es la importancia de la información como poder. Un hecho que ahora además resuena no sólo por la pandemia y los bulos difundidos, sino en plena guerra de Ucrania.

--La información es poder es un término más viejo que el hambre. Se le llamaba el cuarto poder, término ya casi en desuso. Lo que pasa que ahora ese cuarto poder está más diluido porque los grupos editoriales, con la entrada de Internet, han tenido que diluirse un poco más y entran en juego otros elementos digitales, otras formas de información… Las redes sociales han cambiado un poco el panorama. Lo que sí es cierto es que la información y la desinformación es crucial en la sociedad en la que nos movemos. Lo vemos ahora de forma muy clara porque nos contrapone a un sistema totalitario como es el ruso, en el que la información se usa de una manera muy determinado que no tiene nada que ver con la nuestra. Aun así, no nos engañemos, nuestra forma de información está totalmente controlada, seguramente mucho más de lo que nosotros creemos. De esto habla también la peli. En general, creo que vivimos en una falta sensación de libertad, porque nos dan las redes sociales, nos podemos comunicar unos y otros, nos enviamos noticias, las compartimos de forma masiva contrastar absolutamente nada… Eso, es parte del negocio de otros, no del nuestro.

--¿Qué relación tiene usted con las redes?

--Bastante poca, porque no tengo. Lo único que tengo es WhatsApp y lo uso con ciertas precauciones en este tipo de prácticas, a la hora de compartir. Intento no compartir nada cuya fuente no sea medianamente fidedigna. De las otras no tengo, supongo que por eso mantengo bastante cierta salud mental (ríe). ¡No digo que la gente esté loca, eh! (ríe y bromea). A mí me viene bien no tener redes sociales, porque no me gustan, hay demasiada agresividad y no soy capaz de gestionar eso.

--Volviendo a la película. ¿Cómo ha sido rodar las escenas de acción? ¿Ha requerido dobles?

--Esta igual es de las pelis donde he tenido menos acción que en otras también, que he hecho pelis que me meten en un embolado (ríe). Suelo hacerlo porque, en general, no me manda cosas muy complicadas. Tuve dobles en El niño porque tenía que saltar de más metros y si te esquinzas has de parar la producción. Nosotros no tenemos la pasta para esas cosas y tener que parar los rodajes.

--Pero cada vez hay más películas de acción de calidad. ¿Estamos mejorando? ¿Podemos competir con otras producciones hollywoodienses o extranjeras, en general?

--Podemos competir a nuestra manera. En España hay gente hay muy especializada como Jaume Colet Serra pero ha de acudir a otra producción. Código emperador, en cambio, es más acción de otra época, como un thriller más sesudo, con una cierta profundidad que no tiene igual la saga de Bourne. Aquí, con Código emperador y la maestría de Jorge hemos conseguido que sea una película intrigante, trepidante y que no trata al espectador como un idiota y le da las pistas justas para que el espectador las desentrañe.

--El protagonista, como dice, se ha cuestiona su trabajo. ¿Usted ha tenido el famoso síndrome del impostor?

--Yo no sé por qué se habla tanto ahora de eso. Está todo el mundo en crisis con eso. Supongo que en algún momento le pasa a los actores, que estás inseguro con lo que haces… A Paul Newman le pasaba y decía que por eso le gustaban los coches: si llegas el primero, eres el primero; si llegas el segundo, eres el segundo y así sucesivamente. Los actores nunca sabemos si está bien o mal para el espectador, siempre hay una versión subjetiva de tu trabajo. Por eso, es importante conocerse a uno como persona y como actor.

Luis Tosar en 'Código Emperador' / BTEAM
Luis Tosar en 'Código Emperador' / A CONTRACORRIENTE

--En su caso, con tantos premios en sus espaldas, lo avala no. ¿Ayuda a ese no cuestionamiento?

--Sí, indudablemente los premios, pese a tener ese factor de lotería, son, sin duda, una ayuda a tu carrera y, de alguna manera ratifican lo que haces y probablemente para bien.

--¿Cómo enfrenta el estreno en Málaga y qué otros proyectos tiene ya en marcha?

--Con muchas ganas, porque además es de las pocas veces que se estrena en un festival y en salas a la vez. Además, va a ser en una sala con 3.000 personas. En la 25 edición del festival y hay ganas de celebración por parte de la industria, de poder compartir, exhibir, de que se establezcan sinergias para trabajos a futuro y vamos muy ilusionados. Y una semana después empiezo a rodar Fatu, en Galicia, con Juan Galiñanes.

--Hablando de su tierra, ¿cómo fueron esos inicios? ¿Se esperaba llegar hasta aquí?

--Cuando yo nací Galicia era otra cosa (ríe) y, por suerte, como buena parte del mundo, hemos ido ganando, en comunicación, infraestructuras, en ciudades cosmopolitas… Cuando Jorge y yo empezamos a hacer cortometrajes Lugo, a pesar de ser capital de provincia, era muy rural y querer dedicarse al cine era una cosa bastante extraña. Éramos pocos los que teníamos esa pulsión. Había otros y no se atrevieron del todo a apostar. Nosotros sí y nos ha salido bien la jugada. Nosotros lo teníamos complicado porque éramos pocos y los elementos eran muy limitados para salir adelante, por lo que teníamos menos competencia. Hoy día hay muchísima más competencia, por lo que les diría a los que empiezan que tuvieran mucha paciencia. El mundo de las artes, al ser más accesible, hay mucha más competencia de salida.

--Por último, y acerca de Málaga y esa ilusión de celebrar esos 25 años y reencontrarse. ¿Cómo se encuentra la salud del cine español? ¿Ha mejorado?

--La salud del cine español siempre es precaria y si no es por una cosa es por otra. Siempre adolecemos de algún mal. La industria audiovisual florece por otros lados, gracias a las plataformas. Se trabaja mucho y se hacen muchas cosas, pero en el cine tenemos el hándicap de la exhibición. Necesitamos que la gente vuelva a las salas sin miedo al contagio del Covid. Tuvimos un repunte antes de la ómicron y esperemos que se vuelva a funcionar ahora, también