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El pintor norteamericano Julian Schnabel (Nueva York, 1951) había rodado hasta ahora algunas películas serias, muy serias: pensemos en la biopic de su compadre Jean-Michel Basquiat (Basquiat, 1996); en la más lograda de todas las suyas, Antes que anochezca (2000), sobre el poeta cubano Reinaldo Arenas, brillantemente interpretado por Javier Bardem; o en la francamente fúnebre La escafandra y la mariposa (2007).

Tal vez por eso, para su nueva experiencia cinematográfica, In the hand of Dante (2025, recién colgada en Netflix), se ha dejado llevar por la imaginación, propia y ajena, y le ha salido un brillante disparate que no se sostiene por ninguna parte, pero resulta de lo más entretenido.

Imagen de 'In the hand of Dante'

Como colaborador imprescindible para sus delirios ha contado con un socio de excepción, el escritor y periodista Nick Tosches (Nueva Jersey, 1949 – Nueva York, 2019), a cuya novela homónima ha recurrido para ponerse el mundo por montera después de tanto sufrimiento con Basquiat y Arenas.

Pretencioso e infame

El señor Tosches fue un pionero del llamado nuevo periodismo que trabajó para revistas como Creem, Rolling Stone o Esquire y nos legó espléndidas biografías de dos sujetos tan atrabiliarios como él, Jerry Lee Lewis y Dean Martin.

Como narrador, dejó escritas cinco novelas, pero, probablemente, su mejor creación fue él mismo, que ha pasado a la historia como uno de esos personajes bigger than life que tanto gustan a sus compatriotas (como su amigo Anthony Bourdain, el cocinero humanista).

Tan conocido por su escritura como por sus sablazos o sus salidas de pata de banco, el señor Tosches es uno de esos personajes de los que a Nueva York le gusta presumir. Pero nadie pudo predecir lo que podría pasarle si unía su destino, aunque ya no estuviese aquí para aprobarlo, al siempre excesivo y flamboyant Julian Schnabel.

Confieso que prefiero al Schnabel cineasta al Schnabel pintor, que siempre me ha parecido tan pretencioso como infame. Siento especial asco por sus retratos de celebrities hechos a base de platos rotos (el del pobre Elton John es, directamente, un insulto personal), pero admiro su infinita capacidad de autobombo, que tanto ha contribuido a su popularidad y caché.

Cuando estaba casado con la vasca Olatz López Garmendia se pasaba la vida en España, siempre dispuesto a plantarse en cualquier ciudad en la que acabara de inaugurarse un museo para recordarle que albergar unos cuadros suyos no le haría ningún daño.

Y solía volver a casa (ese palacete de corte veneciano situado en Manhattan Sur) con más dinero del que había traído en el bolsillo.

Julian Schnabel, como todo sujeto bigger than life, conoce a todo el mundo, pues siempre ha sido un party animal de primera categoría. Habla alto, fuma puros, se presenta a las citas de alto copete en pijama y albornoz (como el Nota de El gran Lebowski, para entendernos) y gasta en general una imagen a lo Orson Welles que suele funcionarle.

No sé qué vio en el libro de Tosches que lo interpelara, más allá de permitirle hacer el ganso a conciencia, pero hay que reconocerle que el resultado es insultantemente divertido.

Un viaje

Veamos: un escritor llamado Nick Tosches, obsesionado por Dante Alighieri y su Divina Comedia (el guatemalteco Oscar Isaac, siempre fiable y algo más) es convocado por un genio del mal llamado Joe Black (John Malkovich) para que le ayude a robar el manuscrito original del célebre libro de Dante, que se suponía desaparecido, pero que él ha localizado en la casa de un viejo sacerdote en Sicilia, después de que el mosén lo encontrara por azar en el Vaticano y lo trincara.

Empieza entonces un viaje entre el presente y el pasado en el que el Tosches escritor alterna su tiempo en pantalla con el mismísimo Dante, de cuya esposa se enamora también en la vida real gracias a su clon (la israelí Gal Gadot, demostrando que vale para algo que no sea hacer de Wonder Woman).

Durante sus trapisondas por Italia, a Nick lo acompaña un matón siniestro y mal hablado al que interpreta ese armario humano que es el escocés Gerard Butler y que, curiosamente, está especialmente fino en el papel. Ah, y cuando va de Dante, Nick filosofa con un patriarca judío llamado Isaías (Martin Scorsese en persona, que también ejerce de productor ejecutivo del film).

Una gran gansada

In the hand of Dante es un thriller, pero también la historia de una obsesión que atraviesa el tiempo. El guion tiene más agujeros que un queso de gruyere, pero da lo mismo, dada la mezcla de fascinación e indignación que se apodera de ti mientras te vas tragando este delirio conceptual del señor Schnabel. Cuando es más fuerte la indignación, apagas el televisor, pero cuando se impone la fascinación (hay ciertas formas de desfachatez que lo consiguen, y la de Schnabel es una de ellas), llegas hasta el final, aunque luego te preguntes por qué te has tirado 142 minutos de tu vida enganchado a la pantalla (hay que reconocer que Schnabel es un cineasta solvente, no puedo decir lo mismo sobre su faceta pictórica).

Pero así ha sido, pasando del blanco y negro de la época actual al color de los años de Dante (el hecho de que en la Italia de la época todos hablasen inglés es tan solo un disparate más que en otra película resultaría lamentable, pero que aquí tiene toda la lógica del mundo).

In the hand of Dante es un gran espectáculo cinematográfico y también una gran gansada. Dejar de verla a los cinco minutos es tan comprensible como tragársela entera. Todo depende del sentido del humor (o de la paciencia) del espectador. Luego no se me quejen si les pareció un truño.