Le Nozze habla de la actualidad más rutilante y menos arrogante. Faltaban apenas tres años para la Noche de la Bastilla, aquel 14 de julio de 1789 que cambió la dirección de la humanidad. El profesor de italiano, Lorenzo da Ponte, le entrega a Mozart el libreto de Le Nozze de Figaro, la ópera bufa suprema —estrenada en Viena— que reconoce la vindicación de los desheredados sobre la aristocracia dominante.
Es el triunfo del amor. Pero para llegar allí hay que pasar por las pruebas más difíciles, como la obediencia a cualquier precio, la dominación ciega, la prepotencia masculina o la represión de las pasiones; todo bajo el manto esperanzado del sentido del humor.
El Liceu ofrece estos días un nuevo Figaro con la propuesta escénica de Marta Pazos en su versión del palacio sevillano de los Almaviva convertido en una tarta nupcial, cuya estructura en plantas resume las jerarquías de clase que quiso reflejar Mozart tempranamente. Como es bien sabido, el compositor basó su original versión en la obra literaria La folle journée, de Beaumarchais, escritor, espía y horticultor, enviado a prisión por decisión directa de Luis XVI.
Cartel de ´Le Nozze di Figaro´ en Gran Teatre del Liceu
Figaro, el criado, se enfrenta al conde y se casa con Susanna (interpretada ahora en el Liceu por Anna Prohaska y Sara Blanch), una mujer rebelde y emancipada. Del hilo conductor no puede percibirse quién es la prima donna, Susanna o la condesa; el canto no deja ninguna duda. En cuanto a Figaro (interpretado por Konstantin Krimmel y Alejandro Baliñas) no hay discusión. El sirviente encarna al mismo Mozart que padeció el trato autoritario del príncipe-arzobispo Colloredo.
La ambivalencia de Cherubino puede con todos, pese a ser el más denostado y castigado. Su aspecto masculino y su voz femenina encajan probablemente con el hecho de estar enamorado del amor. Es el ser dual, travestido por Susanna, en el segundo acto.
Le Nozze expresa el fin del Ancien Régime. La marcha nupcial de Mozart —Ecco la marcia— representa una partitura en contra de la plétora conservadora que, casi un siglo más tarde, cumplió en la España de los marqueses de Villamelón, el conocido personaje de Pequeñeces de Luis Coloma, el jesuita de la causa alfonsina, amigo del conspirador duque de Montpensier. Los ignacianos de entonces, comandados por un autoritario general de la orden, fueron expulsados de la Iglesia por el papa Clemente XIV.
La vis conservadora jesuítica de aquella época alcanzó posteriormente su plenitud, de la mano de otro tonsurado de la misma orden, el padre Sardà y Salvany, autor del libelo El liberalismo es pecado, defensor de la corriente neocatólica, al final del Sexenio Revolucionario de Prim, y antecedente de las actuales corrientes ultracatólicas españolas, alegóricas y alejadas del ejemplo de Jesucristo.
Le Nozze y la masculinidad frágil
Le Nozze es la masculinidad desenfrenada y justificada por los que mandan, un relato que desvela entre risas la pasión femenina tantas veces negada por la ciencia y que la ópera pone sobre el escenario vienés casi tres siglos antes de Foucault, cuya Historia de la sexualidad (Ed.Siglo XXI) “no menciona ni una vez el clítoris femenino”, como refleja Carlotta Gurt en Una aniquilación fallida (Ara Llibres, 2025).
La Barcelona mozartiana revivió en 2020, a través de editorial Dínsic, las aproximaciones divulgativas sobre las óperas de madurez de Mozart, elaboradas por el músico y profesor de análisis musical y piano Pere-Albert Balcells, y publicadas primero por Duxelm, en edición bilingüe.
Balcells es uno de los grandes estudiosos españoles de la obra del compositor salzburgués, como mostró su Autorretrato de Mozart (1997), un acierto indiscutible del prestigioso fondo de Acantilado. Balcells desarrolla la soledad contemplativa de la aristocracia sevillana y a una Susanna enfrentada a la misoginia; dibuja la paciencia nada inocente de Figaro y la inseguridad del enamoradizo Cherubino.
El mito se encarga de todo, de las risas y del destino final, pero los personajes reflejan el dolor, mientras la trama avanza en medio de confusiones, habitaciones, comedores, camas, visillos y malentendidos.
Mozart no miente, como lo muestran sus otras dos óperas bufas: Don Giovani y Cosi fan tute. El argumento de Figaro transcurre casi en un solo día, congela el paso de las horas como El viejo y el mar de Hemingway o el Ulises de Joyce. El tiempo deja de existir; todo se comprime sin olvidar la complejidad de cada momentoy todo se vuelve calma en el último segundo.
Una partitura inolvidable
Entre los momentos musicales más destacados de esta reposición de Le Nozze en el Liceu, escuchamos arias tan célebres como Non più andrai, farfallone amoroso de Figaro y las dos canciones siempre memorables de Susanna: Voi che sapete y Dove sono; son momentos de compositor y de voz humana desplegados con riqueza emocional y teatral.
La inmersión mozartiana, que, una vez más, se está reflejando ahora en Barcelona, no es producto de un día. Se ha ido concentrando, a lo largo de este 2026, en las visitas a la Muestra dedicada a Mozart y a Viena, en la sede del Reial Cercle Artístic de Barcelona, en el Barrio Gótico, entre las históricas paredes del Palacio Pignatelli, un edificio del siglo XVI, reformado por Josep Fontserè a principios del XIX.
Vista como parte de una atmósfera envolvente, la versión de Fausto de María Pazos está pensada para ir revelando misterios a través de la verdad; la directora levanta un edificio barroco a base de seducción. Los intérpretes buscan, de vez en cuando y con el rabillo del ojo, una peineta de carey entre la platea del Gran Teatro. La buscan sin éxito, pensando que el tiempo pasado siempre fue mejor.
Cuando el mundo se ve sumido en el caos, la gente busca algo a lo que aferrarse. Y el Festival Mozart de la ciudad alemana de Wurzporburgo, que este año ha propuesto como lema “belleza invocada”, es una ocasión conectada a Barcelona. Los músicos de la Orquesta Mozarteum de Salzburgo interpretan en Wurzburgo la penúltima sinfonía de Mozart, y el programa incluye piezas de Maurice Ravel y de Serguei Prokofiev, dos grandes admiradores del compositor insuperable.
Tras la muerte de Mozart en 1791, su esposa Constanze lo eleva a la categoría de genio. A principios del siglo XIX, Europa se encuentra frente al colapso del antiguo sistema feudal, tras las guerras napoleónicas. Los ciudadanos anhelaban la libertad y la unidad nacional, mientras que los príncipes buscan restaurar el absolutismo.
Esta ambivalencia, puesta en escena en Le Nozze, da lugar a la magia de Mozart, que sobrevive e inspira dos siglos y medio más tarde.
