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David E. Kelley tiene ya una larga carrera como creador de series de televisión, que le permitió cerrar su bufete de abogados y dedicarse únicamente a escribir y producir: de Ally McBeal a Big little lies, pasando por Picket fences o Boston legal. Nunca me ha parecido un genio, pero sí un tipo que sabe hacer que las cosas funcionen a nivel comercial, manteniendo siempre una cierta calidad.

Nunca sorprende (no es David Lynch, ni siquiera Ryan Murphy) y muestra cierta propensión a los espectáculos amables, inofensivos y prácticamente inodoros, pero agradables de ver, aunque se olviden a los diez minutos.

Su nueva criatura es Margo tiene problemas de dinero (Apple, ocho episodios, renovada ya para una segunda temporada), una adaptación de la novela homónima de Rufi Thorpe (traducida al español, pero solo en E Book), centrada en las desgracias de una madre soltera de diecinueve años, la tal Margo (una excelente Elle Fanning, cada día más interesante que su hermana mayor, Dakota), y la supuesta ayuda que le prestan sus desastrosos progenitores, Shyanne, una dependienta de Bloomingdale´s tirando a choni white trash (Michelle Pfeiffer, esposa, por cierto, del señor Kelley) y Jinx (que significa gafe), un ex campeón de lucha libre y ex heroinómano con cierta tendencia a las recaídas más inoportunas (Nick Offerman).

Imagen de 'Margo tiene problemas de dinero'

Completan el elenco Greg Kinnear como Kenny, un meapilas a lo Ned Flanders que se enamora de Shyanne, y Marcia Gay Harden como la terrorífica madre del imbécil que preñó a Margo, un profesor de literatura al que nadie le dijo aquello tan grosero, pero tan clarividente, de que no hay que meter la polla donde tengas la olla.

Un problemón

Margo tiene problemas de dinero puede ser una serie muy entretenida si no le pides más de lo que te da. Los partidarios de un humor más crudo, a lo Larry David o Ricky Gervais, podemos encontrarla un poco blandita y en exceso vital y optimista, pero hay que tener presente que estamos ante eso que los americanos describen como una Feelgood comedy, es decir, una comedia de las que te hacen sentir bien.

El material de Margo tiene problemas de dinero daba para algo más crudo que lo que vemos en la pantalla (no he leído la novela, por lo que desconozco el punto de vista de la señora Thorpe), pero el señor Kelley ha optado por la modalidad ¡Arriba los corazones! Veamos:

Margo quiere ser escritora, pero acaba infatuada por un piernas que da clases en su universidad y que le dice que tiene mucho talento con la intención de beneficiársela, lo cual consigue, aunque al precio de dejarla embarazada: un problemón para un tipo casado y con dos hijos.

Conclusión: al carajo la literatura y a currar en cualquier sitio que permita la adquisición de biberones y pañales. Papá y mamá son un desastre y el nuevo novio de mamá lo arregla todo rezando. No ve uno ahí mucho material para una Feelgood comedy, pero el señor Kelley es evidente que sí y que se ha salido bastante bien del desafío, pues si uno esconde su colmillo retorcido, es fácil pasárselo bien con las tribulaciones de la pobre Margo.

A un paso de la cursilería

Los devotos de las comedias amables disfrutarán mucho de Margo tiene problemas de dinero. Y los entregados a un humor más desquiciado y más cruel arrugarán la nariz al principio, pero si se arriesgan a comportarse como personas normales, acabarán recibiendo su premio en forma de una serie confortable en la que es fácil cogerles cariño a sus destartalados protagonistas.

La última criatura de David E. Kelley no renueva el género de la comedia ni lo pretende, pero se muestra como una Feelgood comedy de las buenas, a veces a un paso de la cursilería, pero siempre hábil a la hora de dar marcha atrás.

A destacar el elenco en pleno, en especial Fanning y Pfeiffer, aunque uno eche de menos más presencia de Kenny, el nuevo amor de Shyanne (o algo parecido), porque el contraste entre su estilo de vida y el de los demás personajes de la serie resulta tan estimulante como el que se da entre Ned Flanders y su vecino, Homer Simpson.